sábado, 14 de julio de 2012

CAPÍTULO 11


Hay ocasiones en las que desearía poder atrapar las palabras pronunciadas, hacer que estas nunca fueran dichas, que jamás la persona a la que habían sido dirigidas las hubiera escuchado. Y esta era una de esas ocasiones. Las duras palabras que le había dicho a Jack aún parecían flotar en el aire, como un fantasma de algo especialmente desagradable. Athena, Iris y Hermes habían dejado de cotorrear entre ellos; Dust parecía algo ausente, y Jack… bueno, Jack me lanzó una mirada que me dejó de una pieza, como si estuviera mirando a algo especialmente repugnante. Se puso en pie con lentitud, clavando sus ojos oscuros en los míos. Intenté buscar en esos conocidos iris a mi viejo amigo, al chico que me seguía por todo el Distrito 12.
-No se quien eres-me dijo en un tono de voz bajísimo-Es como si no te conociera; he podido ver realmente como eres en estos días. No eres más que una fría y sádica, que está deseando que empiecen los Juegos para empezar a matar.
Dicho esto, se dio media vuelta y se alejó por el corredor que conducía a los dormitorios. Sus palabras me habían dejado patidifusa, teniendo en cuenta que, después de todo, sus ideas no eran infundadas. ¿Tendría Jack razón? ¿Era yo una simple sádica, que gozaba con el dolor y que solo quería matar, matar y matar?

-Bueno chicos, solo os queda el último empujón, y será esta noche.
Dust, sentado a la mesa del desayuno, engullía sin parar una tostada tras otra. Yo más bien me limitaba a cavilar, distraída sobre mi bandeja de pastelillos. Hoy sería el último día que pasaríamos en el Capitolio, antes de que fuéramos enviados a la arena. Para algunos tributos, hoy podía ser el penúltimo día de sus vidas. La idea era tan tétrica que me produjo un escalofrío, mientras que, casi de forma inconsciente, mis ojos iban hacia el elegante reloj plateado que había en una de las paredes de la estancia. Eran las diez de la mañana. Al día siguiente, justo a esa misma hora, estaría en una plataforma, siendo lanzada a la arena; tal vez ya hasta habría dado el primer vistazo a lo que nos esperaba en aquel campo de batalla.
Pero aún quedaba un último paso antes de que la arena llegase a nosotros, por llamarlo de algún modo, y este era el que más complicado me parecía a mí: las entrevistas. El año pasado, la noche de la víspera de lo Juegos del Hambre, los tributos habían sido entrevistados por Pollux Flickerman en un escenario situado en el Círculo de la Ciudad. Los tributos, vestidos para la ocasión, eran sentados en fila al fondo del escenario, e iban siendo llamados uno por uno, primero la chica y luego el chico, para ser sometidos a una entrevista de tres minutos de duración. En el transcurso de la misma habían sido interrogados sobre cosas tales como sus puntuaciones, sus estrategias para la arena, sus planes por si ganaban. Cada uno de ellos respondía de una manera a las preguntas del entrevistador; unos eran ingeniosos, otros eran serios, otros mortíferos. La entrevista era la última ocasión para ganarte al público y lograr patrocinadores, por lo que la forma de comportarse del tributo era primordial en ella. Nadie iba a apoyar a un tributo quejica y llorón; todos apostarían por un tributo decidido y capaz de asesinar.
Si había de ser sincera, tenía más que claro que papel interpretaría en la entrevista, el mismo que había venido haciendo desde que llegué al Capitolio como la suplente de Silvana: la orgullosa, fiera y borde tributo del Distrito 12. Tal vez a Dust no le haría mucha gracia que me comportara de ese modo, aunque creía que sería lo más acertado tras todo lo ocurrido hasta la fecha.
-¿Vamos a preparar la entrevista contigo?-preguntó Jack, sirviéndose una taza con un líquido marrón que olía tentadoramente bien.
-Por supuesto, no vamos a dejar nada al azar para esta noche-el mentor deslizó su silla hacia atrás, estirándose en el proceso-Tengo previsto un papel para cada uno de vosotros. Pero lo vamos a preparar de forma individual; así será todo más real cuando lo escenifiquemos esta noche. Chrysta, empezaré contigo-añadió-Prefiero quitarme los dolores de cabeza cuanto antes, si he de ser sincero, de modo que por la mañana trabajaremos en tu entrevista. Jack, tu turno será esta tarde.
Ambos asentimos y proseguimos en silencio con nuestro desayuno. Cuando hubimos terminado, Jack se fue con su estilista, hablando por lo bajo, mientras que Dust y yo nos retirábamos al dormitorio del mentor, para tener la intimidad suficiente como para empezar a señalar los puntos que debería tocar durante la noche.
-Eres tan amable como un escorpión-dijo el hombre cuando nos hubimos sentado-por lo que veo una soberana estupidez que intentemos jugar esa carta. No te pega nada. Tampoco puedes ir de sexy, eres demasiado ruda como para eso. Te harás la chulita, no se si me entiendes. Tienes que demostrarles que todos los demás te importan menos que una mota de polvo, que estás más que segura de que puedes salir viva de la arena.
Solté un bufido. ¿Tanto secretismo para decirme que iba a comportarme justo como tenía pensado hacerlo? Sentía un comentario mordaz en la punta de la lengua, y fui a decirlo, cuando me contuve. No era plan de empezar una nueva discusión con mi mentor, teniendo en cuenta que la arena estaba a menos de veinticuatro horas de mí. Si se enfadaba conmigo, podría darle por no enviarme nada de lo que los patrocinadores decidieran costearme, y eso no me convenía. No olvidaba lo importante que iban a ser para mí esos paracaídas cuando estuviera en el estadio, muerta de hambre o de sed, o intentando curarme una herida infectada.
-En resumen, pretendes que me dedique a insultar a la gente-dije con calma.
-¡Cielos, no!-Dust casi me tiró de la silla donde me había acomodado, tal fue el gesto de desespero que hizo-Guárdate tus insultos para la arena, aquí solo te van a traer problemas. Nada de insultar a los tributos, al entrevistador o al público.
-¿Cómo voy a insultar al p…?-comencé, pero el hombre me hizo callar.
-No voy a decir que te conozca a la perfección, pues solo te he tratado unos pocos días, pero sí se que tienes un carácter muy mordaz, y puede perjudicarte si sigues con ese comportamiento durante tus tres minutos de preguntas. Intenta ser encantadora a la par que altanera.
-¿Cómo voy a hacer eso?-inquirí-Que yo sepa, son dos adjetivos que no casan entre sí. Nadie denominaría “encantadora” a una persona que parece más que dispuesta a morderles la tráquea a los demás a la primera de cambio.
-Encantadora a tu manera, preciosa-señaló él-No olvides lo que vas a representar: una chica deseosa de que empiecen los Juegos para derramar toda la sangre posible. Suelta algún que otro comentarios de esos que tan comúnmente haces, mandado a tomar viento a algunas personas sin pasarse-añadió lanzándome una mirada inquisitiva-y todo irá bien.
-¿Y al respecto de Jack?-repuse, con algo de tensión en la voz. Lo que me había dicho la noche previa no se me iba de la cabeza.
-Permítete bajar un poco la guardia cuando hables de él. ¿Le conocías de antes?-Dust me miró con curiosidad, apoyando la barbilla en una de sus manos.
-Sí, desde que llegó con su familia al Distrito 12. Se exiliaron del 13 poco antes de que este fuera destruido; creo que el gobierno los admitió porque alegaron no compartir el punto de vista rebelde.
-Lo dicho-repitió mi mentor con satisfacción-Compórtate de un modo algo más humano si le mencionas, solo algo, como si te diera pena tener que luchar contra él en la arena. A lo mejor incluso te da de verdad, vete tú a saber-dijo con una risita, divertido por su comentario. No era para menos, Jack y yo ahora no parecíamos amigos ni por asomo-Lo único que tienes que hacer es no olvidar quien eres para la gente del Capitolio: Chrysta Clearwater, la feroz profesional del Distrito 12.

Ya casi era de noche cuando mi equipo de preparación había terminado de arreglarme para la entrevista. Me habían peinado el pelo en un recogido trenzado, me habían aplicado varias capaz de maquillaje muy oscuro en el rostro, acentuando y afilando mis rasgos. Hermes había salido a por mi atuendo para el evento, y en esos momentos entraba en mi dormitorio con un paquete en los brazos.
-Vas a estar divina-dijo mientras lo posaba sobre mi cama. Le lancé una mirada sarcástica, viendo el fardo con ojos algo recelosos.
-¿Más vestiditos de gasa o similar?-inquirí de mal humor. Odiaba tener que soportar los tratamientos que mis estilistas me hacían tener que pasar, mas no podía pagar mi frustración con ellos, a fin de cuentas, su misión era dejarme más que presentable, y ellos lo conseguían.
-No, querida, hoy no-canturreó el hombre, mientras sacaba de la bolsa algo que parecían… ¿unos pantalones? ¡Sí, eran unos pantalones de color negro!-He pensado en darte una imagen diferente, y para lo que tengo en mente no va bien un vestido. Voy a presentarte como a una guerrera, y para ello nada mejor que un vestuario a la altura de tu situación.
El vestuario en sí era el más extraño que hubiera visto para las entrevistas. Normalmente, a las chicas les ponían unos vestidos muy elaborados, llenos de complementos. Ninguna chica salió el año pasado con pantalones, y dudaba que este mismo año llevaran algo de ese estilo. Consistía en una especie de camisa de tela gruesa, de color rojo oscuro con un diseño intrincado en color negro, que me llegaba hasta la altura de los muslos. La pieza tenía mangas largas, adornadas con dos lazos de seda negra con bordados en rojo. Un cinturón plateado, unas botas oscuras que me llegaban hasta las rodillas y los ya citados pantalones completaban el atuendo. Me miré al espejo. No era una simple chica, parecía dura, letal. Habían conseguido transformarme en la imagen de una guerrera que no teme a la batalla, aunque fuera en simple apariencia.
Todos en tropel, salimos hacia el ascensor, donde nos reunimos con Dust, Athenea, Jack y sus estilistas. Le habían puesto un traje negro, también con motivos en rojo, aunque parecía incómodo con la chaqueta del mismo, viendo como se tironeaba de los puños una y otra vez. Jamás había visto a Jack ataviado con unas prendas tan elegantes, por lo que su misma imagen casi me resultó chocante; no se parecía en nada al chico que había conocido en el pasado.
Nos saludamos con un seco movimiento de cabeza, sin abrir la boca en ningún momento mientras bajábamos en el ascensor. La planta baja del Centro de Enrenamiento estaba aquella noche llena de tributos que salían de los diferentes ascensores y se iban encaminando hacia la zona que nos era indicada, fuera del edificio, y debajo de un escenario que habían montado en el día de hoy. Reconocí a la tributo del 11, que saludaba a Jack con un gesto, ataviada con un bonito vestido en tonos verdes. A pesar de aquel saludo, no se dirigió hacia ella; casi todos los tributos estaban con sus equipos, dándoles los últimos retoques a sus planes para la entrevista. Dust, con ese mismo objetivo, se había acercado a nosotros.
-Recordad lo que os he dicho-nos susurró-y todo irá bien. Mucha suerte, chicos, os estaré viendo al pie del escenario. Y por lo que más queráis, ¡no metáis la pata!
Asentimos viendo como los mentores y demás se iban marchando de la zona, al mismo tiempo que unos avox nos indicaban por gestos que hiciéramos una fila, poniendo en primer lugar a los tributos del Distrito 1, y así sucesivamente. Escuchamos como la multitud que seguramente se congregaba fuera comenzaba a vociferar. Un avox le hizo una señal a Silk, la primera de la fila, y esta comenzó a subir por una escalera de metal que seguramente conducía al escenario. Todos, sin romper la fila, la seguimos. Lo cierto es que la idea de aquella aparición pública no me gustaba, odiaba tener que hablar delante de mucha gente. Y que de gente… cuando llegué al final de la escalera y vi la multitud congregada, se me cayó el alma a los pies. La multitud del día del desfile parecía haberse multiplicado, viendo la gente que se encontraba allí. Era realmente intimidatorio, y casi sentía el pánico escénico corriendo por mis venas mientras caminaba de forma altiva hacia mi sitio, en un extremo del escenario.
Una vez que todos nos sentamos, apareció Pollux Flickerman, con su brillante cabellera roja y su eterno traje de color dorado con luces que centelleaban. El público gritó hasta la afonía mientras que el hombre hacía un gracioso saludo hacia ellos, con una enorme sonrisa en el rostro. Contó un par de chistes y comenzaron las entrevistas.
Silk fue la primera en acudir, con un vaporoso vestido gris. Se mostró encantadora, ingeniosa. Poco después, Brass fue llamado, una vez que Marphil y Daph pasaron por las preguntas, y se mostró letal y muy seguro. El chico del 7, que dijo llamarse Leaf, se mostró cándido pero astuto, la chica del 11, muy decidida. Cuando su turno terminó, me levanté, agradecida de ver lo firmes que eran mis pasos. Las palabras de Dust resonaban en mi mente, tenía que ser fría, distante. Pollux, justo cuando llegué a su altura, me ofreció la mano, pero siguiendo un impulso repentino, retiré la misma, sentándome directamente.
-Vaya, la chica tiene carácter-dijo con una risita-Y bien Chrysta, hemos de decir que tu llegada a los Juegos fue por la puerta grande, ¿eh? Nadie imaginaba cuando tu predecesora falleció aquel trágico día que su sustituta fuera a ser tan comentada. Y no es para menos, presentarte voluntaria antes de conocer el nombre de la elegida… ¿por qué lo hiciste?
Fruncí levemente el ceño. La palabra “sustituta” no era de mi agrado, me hacía sentir como una simple suplente que había acabado allí por pura casualidad. Bueno, técnicamente así era, pero no lo asumía por el simple hecho de que mi orgullo no me lo permitía. Ser una simple sustituta no era algo que me pudiera hacer especialmente memorable, y yo esperaba poder impresionar.
-Antes que nada-dije con cierta frialdad-no soy la sustituta de nadie. Que quede bien claro; he venido, como bien ha dicho, por propia voluntad, porque realmente quiero participar en los Juegos y porque se que estoy capacitada para ganarlos.
-Nadie lo niega, querida-dijo él con una jovial sonrisa-Obtuviste ni más ni menos que un diez en tu entrenamiento. ¡Un diez! Parece que este año el Distrito 12 va a venir pisando fuerte.
Alcé una ceja, con suficiencia. Yo misma me había sorprendido de mi nota un poco, pero debía actuar como si el diez recibido fuera mucho menos de lo esperado. Me daba la sensación de que iba a parecer demasiado altanera, aunque tal vez eso era lo que buscaban en el Capitolio, a una tributo que se considerara más capacitada que los demás.
-Si he de ser sincera, me sorprendió-el público murmuró algo, mientras que yo proseguía-Esperaba más nota, aunque bueno, un diez tampoco está mal. Demuestra una cosa, que soy una apuesta segura para estos Juegos, y creedme, Panem, lo soy. No voy a dejarme matar con facilidad, por mucho que lo parezca.
La gente aplaudió a mis palabras, cosa que el mismo Pollux hacía. Parecía que ese discursito tonto y banal les había gustado.
-Nadie lo duda-señaló el presentador con una sonrisa-Háblanos ahora de tu familia. ¿Cómo se tomaron tu decisión de acudir a los Juegos?
Suspiré. Pensar en mi familia me dolía, pero no me podía permitir ese lujo; no cuando todo Panem me estaba mirando. Seguro que mis padres estaban en casa, viendo aquel programa, mirándome a través del televisor. No quería que vieran cuanto me dolía su ausencia.
-No les hizo mucha gracia-la voz me tembló un poco-Pero no tienen de que preocuparse, voy a estar perfectamente. Después de todo, ellos fueron el motivo por el que vine. La esperanza de poder darles una vida mejor si ganaba, fue la que me hizo alzar la mano aquel día en el que me ofrecí voluntaria como tributo.
Mis palabras fueron seguidas de un breve silencio. El zumbido que indicaba el final de la entrevista sonó, por lo que Pollux me ofreció el brazo para que me levantara del asiento, el cual rechacé. Me alzó una mano, haciendo que la multitud rugiera.
-¡Chrysta Clearwater, la profesional del Distrito 12!-exclamó, y pude escuchar como la multitud coreaba mi nombre. Volví a mi sitio, cruzándome con Jack, que esquivó mis ojos.
Su entrevista fue amena. Jack siempre había tenido una gran facilidad para decir las cosas sin tapujos. Dijo sin ningún temor que sabía que esos Juegos no estaban hechos para él, que no era más que un pobre torpe, pero que con algo de suerte y ayuda, tal vez las cosas cambiaran a su favor. Dejó caer que era hábil subiendo a los sitios, y cuando le preguntaron sobre la nota de su entrenamiento, se limitó a encogerse de hombros y a decir “que menos daba una piedra y que un siete tampoco era una nota muy baja”. Cuando hubo terminado, el público lo ovacionó y él, con timidez, les dedicó una pequeña reverencia.
Cuando volvió a su sitio, todos nos volvimos a levantar, para escuchar el himno de Panem. Mientras las conocidas notas sonaban, en mi cabeza se iba instalando una idea: el momento de los Juegos estaba a punto de llegar.

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