sábado, 21 de julio de 2012

CAPÍTULO 15

A la mañana siguiente, el tiempo empeoró, si es que era posible que hiciera más frío. Cuando abandonamos la tienda en la que habíamos pernoctado, caía una persistente nevada, mientras que el ambiente a nuestro alrededor aún era más gélido. El aire que corría cortaba mi rostro como si fuera un cuchillo; sentía las mejillas tensas y recubiertas de escarcha, aunque mi situación no era tan mala como la de Sand, el último en hacer la guardia, que se había hecho un ovillo en una de las mantas que habíamos conseguido y no dejaba de tiritar.
-Joder-mascullaba Marphil, saltando con fuerza, como si intentase entrar en calor mediante ese movimiento-esto no hay quien lo soporte, hace un frío que corta el aliento.
-Supongo que habrá matado ya a algunos de esos incompetentes que se escondieron por ahí ayer-señaló Daph, metiendo las manos en el interior de su abrigo-¿Se ha escuchado algún cañonazo en las últimas horas?
Sand, sin apenas salir de su nido de mantas, negó con la cabeza. La imagen del pobre chico, aterido de frío, me daba verdadera pena; el pobre no estaba acostumbrado a aquellas temperaturas, y se veía que no sabía como reaccionar cuando las articulaciones se adormecían por el frío. En mi distrito, cuando eso nos pasaba, no nos quedábamos quietos, sino que intentábamos movernos lo máximo posible para poder reactivar la circulación en manos y piernas. Lo que él había hecho era una estupidez, a nadie se le ocurriría permanecer sentado, tratando de calentarse con una manta cuando el calor se había ido ya de tu cuerpo.
-Sand, ¿sientes las piernas? Quiero decir, ¿las notas como adormecidas o sigues percibiéndolas con normalidad?-pregunté. Conocía bien los principios de la congelación en el cuerpo humano, puesto que yo misma los había padecido. Siempre empezaban con una sensación de hormigueo muy intensa en la zona afectada, que luego se quedaba rígida y cuya piel comenzaba a palidecer, para luego ponerse roja y a continuación, negra. Cuando se alcanzaba este color, ya era demasiado tarde, y la zona afectada se adormecía por completo.
El chico trató de ponerse en pie, pero las piernas parecían temblarles. Valkyrie y Brass le ayudaron a mantenerse sobre sus pies, mientras que Sand se revisaba las manos. A primera vista no parecía muy dañado, pero no sabía como se encontraría debajo de las ropas que gastaba, y no era plan de pedirle que se la quitase con el frío que hacía en esos momentos.
-Creo que lo mejor que puedes hacer-repuso Silk con tono pensativo-es meterte en la tienda y tratar de entrar en calor, si sigues aquí afuera solo acabarás perdiendo más temperatura corporal. ¿No es así?
Asentí con la cabeza, viendo como las cosas habían ido cambiando paulatinamente con Silk desde el Centro de Entrenamiento. Estaba segura de que ella no hubiera pedido mi corroboración a algo cuando aún permanecíamos en el Capitolio, ¿acaso habíamos desarrollado algo parecido a una amistad? No lo sabía, pero de ser así, no era precisamente lo más apropiado, sobre todo teniendo en cuenta que aunque ahora mismo fuéramos aliadas, en un futuro aquella alianza tendría que romperse y entonces pasaríamos a ser rivales.
-¿Qué vamos a hacer ahora?-preguntó Valkyrie, sacudiendo la nieve que se había posado sobre su cabeza-¿Quedarnos aquí y esperar a que el frío haga su trabajo, o tratar de empezar a eliminar gente?
-Creo que ya hemos tenido muchas horas reposadas-Brass se estiró en toda su longitud, para luego pescar una de sus lanzas, quitarle la escarcha que la noche había dejado sobre ella, y pasársela sobre los hombros en un gesto casi descuidado-Démosle al Capitolio el espectáculo que creo que esperan recibir con estos Juegos.
Un murmullo de excitada expectación recorrió el círculo, aunque Marphil no participó en él. El chico se aclaró la garganta, para captar la atención de los presentes, al tiempo que señalaba con un gesto vago la explanada que nos rodeaba.
-Creo que primero deberíamos reconocer el terreno-señaló-puesto que en el día que llevamos aquí no hemos salido de esta llanura, y si los demás tienen algo de inteligencia, supongo que se habrán situado en algunas zonas más resguardadas que quizás haya por ahí-volvió a señalar a ninguna parte.
-¿Qué pretendes, que exploremos todo el estadio?-inquirió Daph, frunciendo el ceño, mientras que se cruzaba de brazos-¡Vaya pérdida de tiempo! ¡Nos va a llevar días!
-Siempre podemos dividirnos-sugirió Silk, que había permanecido callada desde que su compañero habló-cubriríamos más terreno y seguro que, de encontrarnos con alguien, aunque seamos dos o tres, podríamos abatirle. Somos los profesionales, ¿no? ¿Qué nos pueden hacer los demás?
Bastó con mirar las caras de los demás para saber que la sugerencia de Silk había sido aceptada. No era una mala idea, desde luego, aunque seguro que tendríamos problemas para dividirnos, teniendo en cuenta que éramos impares y que uno de nosotros tendría que resignarse y quedarse en el campamento, en vez de salir a conocer el lugar donde tendríamos que movernos en las próximas semanas. Mientras nos sentábamos a desayunar, todos menos Sand, que ya se había retirado, comenzamos a discutir los grupos que formaríamos. En un principio, cada uno quería ir con su compañero de distrito, pero tanto discutimos, tanto protestaron unos y otros, que al final acabamos haciendo unos grupos un tanto dispersos. Brass iría con Marphil hacia el este; Daph y Valkyrie tomarían dirección al sur, mientras que Silk y yo caminaríamos hacia el norte.
Cuando terminamos nuestro más que frugal desayuno, hecho a base de nieve derretida, fruta deshidratada y galletitas saladas, cada uno emprendió el camino indicado. La nevada que había estado cayendo durante la mañana parecía haber remitido, y un débil resplandor en el cielo nos indicó que tal vez, con algo de suerte, tendríamos sol.
-¡Ojalá subiera tanto la temperatura que se derritiera toda esta nieve!-exclamó Silk, con los ojos fijos en el cielo-Podríamos dormir y caminar sin temor a morirnos de frío.
-Si te soy sincera-contesté-creo que, de pasar eso, caeríamos al mar, pues me parece que el suelo de la isla es de hielo, no de roca.
Mis palabras la hicieron quedarse callada, de modo que el único ruido que se escuchaba era el de nuestras quedas pisadas sobre la nieve. No tardamos en vislumbrar el bosque de pinos que había visto el día previo, desde mi placa de lanzamiento, un bosque que se parecía mucho a los que rodeaban el Distrito 12. Tal vez incluso hubiera piezas de caza en su interior.
-Esto no me gusta-musitó la chica, mirando con aprensión los árboles, notando como sus pasos se detenían. Dejé de caminar, para lanzarle una mirada algo suspicaz.
-Solo es un bosque-contesté, haciendo un gesto para que siguiera caminando-No tiene nada de extraño, solo son unos cuantos árboles que crecen juntos. Podemos cortar algunas ramas para tener madera, e incluso arrancar la corteza de ciertos tipos de árboles para tener porciones de comida para llevar.
-Pero si ya las tenemos-me respondió, encogiéndose de hombro-En las mochilas encontramos porciones de comida que podemos llevar con nosotros, y en el campamento tenemos también una buena pila de suministros.
Mientras hablábamos, nos habíamos adentrado unos pasos en el bosque, que comenzaba a espesarse, a pesar de estar en el linde del mismo. Me acerqué a un pino, arrancándole un buen trozo de la corteza, limpiándola de nieve y dividiéndola en dos partes, tendiéndole una a Silk, la cual la miró con cierto asco.
-Es comestible-repuse, viendo el recelo en sus rasgos.
-¿Seguro?-preguntó, parecía desconfiar de aquella porción que tenía entre sus dedos. Bueno, era algo lógico, dudaba que en el Distrito 1 tuvieran que comer pino para poder sobrevivir, como pasaba en el 12. Cuando el hambre te roía las entrañas, comías cualquier cosa que encontraras, incluso aunque fuera nieve fundida con alguna hoja de menta para engañar el estómago.
Intentando convencerla de que no tenía nada de peligroso, me llevé mi trozo a la boca y le propiné un generoso mordisco. La corteza estaba helada, pero tras un tiempo en el calor que proporcionaba la saliva, se iba ablandando hasta ser maleable y deglutible. No sabía a casi nada, pero al menos nos evitaría tener que gastar los alimentos conseguidos. Silk, con un ademán, resignado, siguió mi ejemplo, comiendo un trozo de su porción, con cara de supremo asco. Tragó a duras penas, para luego mirarme con el rostro levemente verdoso.
-Creo que mejor me quedo con lo que tengo en la mochila-señaló, tendiéndome su corteza-Siento deseos de vomitar…
A los pocos segundos de hablar, vi como una ligera arcada sacudía su cuerpo. Siempre había sido incapaz de soportar los vómitos, me daban verdadero asco, y no quería que Silk echara hasta su primera papilla allí mismo, pues no tendría mucha ayuda conmigo. Me alegré de que solo hubiera comido una pequeña porción y no toda la que le di, o de lo contrario ya habría empezado a echarlo todo. Pero, ¿cómo es que a mí no me había pasado nada? ¿Acaso era que mi estómago estaba más acostumbrado a los alimentos bastos y rudos que el suyo? Tal vez fuera eso, de modo que la idea de llevar corteza de pino a los demás aliados quedaba descartada.
-Siéntate aquí-dije con rapidez, señalando a las raíces de un enorme pino, que formaban una especie de sillón de madera-Si te quedas quieta un tiempo a lo mejor se te pasa… ¿quieres beber algo, o comer alguna galleta? Tal vez sea que tienes el estómago vacío.
La chica negó con la cabeza, apretando mucho los labios. Sin dudas, acabaría expulsando el alimento que tanto le estaba costando digerir, solo sería cuestión de tiempo, de modo que decidí ayudarla a que se librara de él con la mayor comodidad posible. Mi madre siempre decía que vomitar era más simple cuando se bebía mucho líquido, pues hacía que la expulsión de lo ingerido fuera más fluida. Siguiendo ese consejo, hice a Silk beberse todo el contenido de su cantimplora, aunque no llegó a vaciarla por completo. Cuando solo quedaba un cuarto del líquido, la chica me apartó a un lado, y expulsó de su cuerpo los restos de la corteza, bajo mi mal disimulado asco.
-Puaj-mascullé, mientras que la chica, recuperando un poco el color de su rostro, removía la nieve para que tapase el vómito.
-Ha sido asqueroso-corroboró ella-pero al menos ya me encuentro mejor. No volveré a comer corteza en mi vida-añadió con una mueca.
Le tendí unos trozos de cecina, con cierta culpabilidad. La idea de comer pino había sido mía, y a ella no le había sentado nada bien, aunque ahora ya tuviera un aspecto menos pachucho que el que había lucido minutos antes.
-Lo siento-musité-no debería haberte dado…
-No era tu intención que me sentara mal-respondió ella, masticando la cecina con tranquilidad-al menos ya sabemos que mi estómago no soporta alimentos tan poco finos como ese. Pero bueno, tú si podrías alimentarte de corteza, eso te da una ventaja si los suministros desaparecieran.
Asentí, y ambas nos quedamos en silencio. Hice un gesto para que se pusiera en pie y prosiguiéramos el camino, cuando un leve murmullo llegó hasta nosotras. Un murmullo que era humano. Había gente en el bosque. Parecía un grupo de unos cuatro tributos. Y nosotras solo éramos dos; estábamos en clara desventaja, a pesar de encontrarnos armadas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario