lunes, 23 de julio de 2012

CAPÍTULO 16


La sensación vagamente familiar de estar cruzando la frontera entre la vida y la muerte volvía a notarse en mi pecho, al escuchar aquellas voces. Si les dieran por tendernos una emboscada, nos iríamos al otro barrio antes de que nos diéramos cuenta, y eso no me hacía ninguna gracia, pues, si yo moría, ¿quién iba a cuidar de mi familia? Mi regreso era lo único que podía proporcionarles una ayuda para salir del pozo de miseria en el que habíamos estado viviendo todos estos años.
Silk parecía casi tan preocupada como yo; su rostro casi parecía tan pálido como la nieve que nos rodeaba. Habíamos pecado de presuntuosas al atrevernos en aquel lugar sin contar con el respaldo de algún que otro aliado, pero claro, cegadas por el hecho de ser profesionales, habíamos olvidado las nociones básicas que otorgaba la lógica en estas situaciones. La chica hizo un gesto para pedir silencio, mientras sacaba una de sus hachas. No la había visto usarlas, más que nada porque durante el baño de sangre había empleado una de las lanzas que había cogido su compañero de distrito, pero supuse que debería de manejarlas con soltura, teniendo en cuenta que debía de haber sido entrenada en su manejo y recordando que se había decidido por ellas nada más pisar la Cornucopia.
-¿Qué pretendes hacer?-musité casi sin voz, por si acaso nos escuchaban.
-Examinar el terreno-fue la respuesta que obtuve, viendo como la chica se limpiaba los restos de nieve de sus pantalones y empezaba a caminar con cuidado, tratando de no hacer ruido, aunque era algo simple, teniendo en cuenta que la nieve amortiguaba nuestros pasos. Las huellas, sin embargo, eran harina de otro costal, pues íbamos dejando un rastro fácil de seguir para cualquiera, incluso para los más inexpertos. Confiaba en que aquella alianza fuera lo suficientemente débil o estuviera lo bastante mal aprovisionada como para evitarnos el temer un ataque por la espalda. Si mal no recordaba, las armas que había en el interior de la Cornucopia las habíamos cogido nosotros, pero no olvidaba los cuchillos de monte que habían dejado por los alrededores, los cuales no nos habíamos molestado en coger. Tal vez alguno de los otros los había recogido, confiando en poder valerse con ellos, ahorrándose la necesidad de tener que seguirnos al interior de la Cornucopia. ¿Recordaba a algún tirador de cuchillos? No, pero podía estar equivocada.
Seguí a mi compañera por entre los árboles, tratando de imitar su paso liviano y silencioso. Técnicamente no me podía suponer un problema el hacer algo que había repetido hasta la saciedad en los bosques del 12, pero estaba nerviosa por la idea de poder ser atacada de un momento a otro, lo que me hacía no ser tan cuidadosa y sigilosa como normalmente era. Casi como un acto reflejo, aferré uno de mis cuchillos en la mano, apretando los dedos en torno al mango del mismo, cosa que hacía cuando me ponía nerviosa. Las voces, por su parte, se iban aclarando, y pude distinguir el sonido de una que me era dolorosamente familiar, una voz que me traía recuerdos de días de sol y bosque en el Distrito 12. La voz de Jack.
Definitivamente, el mundo era un pañuelo. No había pasado ni un día desde que los Juegos se iniciaron, y ya iba rumbo al primer encontronazo con el que en tiempos fue mi mejor amigo. ¿Moriría Jack hoy? Teniendo en cuenta que tanto Silk como yo contábamos con armas y con el factor sorpresa, unido al hecho de que conocía lo suficiente a aquella chica como para saber que, de poder matar a alguien, lo haría, me hizo suponer, con un escalofrío, que Jack podría estar perfectamente diciendo las que serían sus últimas palabras. O tal vez no. Si yo lanzara un cuchillo contra Silk, podría evitar que siguiera adelante, que se encontrara con aquel grupo. Podría decir que la mató otro tributo en el bosque, en un momento dado en el que la perdí de vista, nadie dudaría de ello, pues podría ser algo totalmente verídico, ¿cierto?
Mas, ¿qué me convenía más? Si yo mataba a la chica del 1, perderíamos a una aliada, lo cual a lo mejor nos podría perjudicar en un futuro. Silk era lo más parecido que tenía a una amiga en la alianza, y su apoyo podría serme decisivo cuando las cosas se torcieran tanto que nos enfrentásemos unos a otros. ¿Y si ese momento llegaba antes de tiempo? Yo llevaría todas las de perder, pues me apostaba el cuello a que cada uno se iría con el compañero de su distrito, dejándome a mí en una posición muy débil. Tal vez en ese momento, Silk intercediera por mí… o tal vez simplemente me matase, no olvidaba que nadie era de fiar en la arena, por muy apacible o amigable que pareciera. Pero a pesar de eso, la opción de matar a Silk en ese momento, a pesar de lo fácil y simple que parecía, era la menos aconsejable. Definitivamente, si tenía que elegir a un aliado para seguir en los Juegos, la chica era más útil que Jack, por mucho que me doliera asumirlo.
La susodicha, se acababa de detener, ocultándose tras un grueso tronco que de seguro tapaba su etérea figura. Con cuidado, elegí el tronco que se encontraba a la derecha del que ella había usado como parapeto, no muy separado, tras el cual me posicioné y pude echar un vistazo a la otra alianza que se había formado.
Unos metros más allá de nuestra posición, se abría una especie de pequeño claro en aquel bosque, donde habían acampado algunos de los tributos supervivientes. Reconocí a la chica del 11, que estaba envuelta en una manta, comiendo algo que parecían piñones, junto con una pareja, él con el pelo rojo y ella castaña, que parecían ocupados levantando una especie de muro de nieve. Jack, de rodillas no muy lejos de la chica del 11, estaba limpiando un cuchillo de aspecto simple en la nieve, murmurando algo a lo que su compañera asentía.
-Sería muy simple-me dijo Silk, moviendo los labios-No parecen armados, podríamos matarlos en menos de un minuto.
Me giré de nuevo hacia el claro, viendo con aprensión a Jack. Uno de los chicos que estaban alzando los muros de nieve le había dicho algo, y él había soltado una pequeña sonrisa, una sonrisa que me transportó al día de la Cosecha, cuando me saludó con una similar, antes de irnos al bosque, antes de que los Juegos destruyeran lo que había habido entre nosotros. ¿De veras iba a tener que matarlo ya? ¿Qué pensarían de mí en el Distrito 12? Me imaginé a los Wood en la plaza del distrito, viendo junto con el resto de los habitantes los Juegos en las pantallas que instalaban para tal menester. ¿Me estarían viendo en esos momentos, o los vigilantes habrían captado algo más interesante que enseñar en pantalla? De no haber por otras zonas alguna pelea o algún tributo muriendo de un modo o de otro, Silk y yo debíamos de estar saliendo por todas las pantallas de Panem.
-No sabemos si tienen algún modo de defenderse-respondí en el mismo tono, viendo como ella negaba con la cabeza, con una sonrisa despectiva en sus finos labios.
-Lo dudo mucho-musitó, casi riéndose-Calculo que en cuestión de cinco minutos habremos liquidado a ese impertinente grupito.
La chica aferraba el hacha de un modo que me indicaba que se encontraba lista para lanzarla. La mera visión de esa despiadada profesional irrumpiendo en aquel campamento, lanzando sus hachas con ciega furia contra los congregados, me produjo una sensación de agobio. No debería pensar en ellos así, teniendo en cuenta que eran de una alianza rival a la nuestra, pero el fantasma de mi amistad con Jack seguía siendo fuerte. No quería verle morir, aunque fuera algo imposible si quería ganar los Juegos.
Fui a hacerle una señal a Silk para que nos retirásemos y volviéramos al campamento, con la excusa de reunir a más aliados para atacarles, pero ella ya había comenzado a moverse cuando me encontré dispuesta a intervenir. Había olvidado que, debido a su delgadez, era rápida y sigilosa, por eso, cuando me había sentido capacitada para hablar, ella ya había alzado el hacha y la había lanzado.
No pude evitar cerrar los ojos cuando escuché un sonido seco, de metal clavándose en algo. ¿Quién habría muerto? ¿Jack? Esperaba que no, esperaba que hubiera podido evitar el primer tiro de Silk y hubiera echado a correr, refugiándose en el bosque. No era un mal escalador, podría subirse a un árbol y confiar en que la chica pasase de largo…
-¡Profesionales!-alguien gritó, un grito que sonó femenino, aunque la voz que lo había pronunciado era algo ronca. Cuando reuní el valor para abrir un ojo, pude ver a la chica castaña aferrándose un muñón ensangrentado. La mano, junto con el hacha de Silk, se encontraba unos pasos más atrás. Al parecer, el tiro de mi aliada la había cercenado.
En esos momentos, Silk corría con la máxima velocidad que sus piernas se lo permitían, sacando una nueva hacha de su abrigo, sosteniéndola en su mano, analizando, calculando, a quien se la iba a lanzar. Se detuvo un segundo, mirando en mi dirección, demandándome que la ayudara, cosa que me veía obligada a hacer, teniendo en cuenta que la rubia era mi aliada.
Haciendo de tripas corazón, enfundé el cuchillo de nuevo, sacando el arco del carcaj, lugar donde lo transportaba, y colocando una flecha en el mismo, para luego correr fuera de los árboles, en pos de mi aliada. La nieve se levantaba en remolinos bajo mis pies, mientras corría, sin atreverme a disparar a nadie.
-¡Proteged a Engine!-gritó de nuevo aquella voz ronca, que en esos momentos pude comprobar que era de la chica del 11. Deduje que Engine debía ser del Distrito 6, por el nombre que ostentaba (motor).
-¡Sunset!-exclamó la aludida, tratando de correr en dirección a la tributo del 11, aunque sus piernas fallaban, seguramente debido al dolor.
-¡Chrysta, la tienes a tiro, joder!-gritó Silk, recuperando de paso el hacha lanzada y arrojando otra que sostenía en su mano contra la chica del 6. Esta la esquivó por los pelos, rodando sobre la nieve, mientras que su compañero de distrito, se abalanzaba contra Silk, sacando un cuchillo similar al que había visto limpiar a Jack segundos antes. La profesional no parecía asustada de tal arma, y pude ver como le lanzaba una de sus sonrisas de suficiencia al tributo, blandiendo el hacha. Parecían a punto de empezar una danza extraña, viendo las posiciones que estaban adoptando, él aguijoneándola, ella expectante.
-¿Dónde está Leaf?-la voz de Jack resonó en mi cerebro con fuerza, haciendo que dejase de vigilar a mi aliada, y que clavase los ojos en él. Mi mirada se encontró con la suya, y pude ver en sus ojos un desafío mudo. “¿Te atreves?” parecía decir “¿Te atreves a matarme?”
No sabía quien podía ser Leaf, pues mis ojos se clavaron en Sunset, que en esos momentos corría como una endiablada, lanzando algo que sostenía en una de sus manos en mi dirección. Escuché el sonido del metal cortando el aire, y de forma casi automática, me lancé hacia un lado, con la esperanza de evitar el cuchillo que la chica me había arrojado. Pero actué una milésima de segundo tarde, pues pude notar como el cuchillo penetraba en mi hombro izquierdo, haciendo que un chorro de cálida sangre se vertiera en la susodicha zona.
Me sentí como el día previo, cuando Pine, la chica del 7, me había intentado estrangular. Los ojos de Sunset brillaban de un modo escalofriante, mientras corría en mi dirección. De forma maquinal, me arranqué el cuchillo del brazo, arrojándolo lejos de mí, mientras que me incorporaba de la nieve y trataba de disparar en su dirección. Pero el brazo herido no dejaba de temblarme, de tal modo que la flecha no alcanzó su diana, aterrizando en la nieve a unos metros de la tributo del 11.
-¡Wheel!-gritaba Engine, aunque no miré en la dirección en la que este se encontraba luchando contra Silk, pues bastante tenía con Sunset cada vez más cerca.
-Eres miserable-me espetó con su ronca voz. Al verla tan de cerca, pude constatar el fiero aspecto que ostentaba en esos momentos, con el ceño fruncido y el oscuro rostro contorsionado en una mueca de desprecio-Estás dispuesta a asesinar a traición al que fuera tu amigo. Eres peor que las ratas.
No sabía como conocía mi relación con Jack, pero me traía al pairo. El hecho de que me hubiera insultado ya era suficiente como para que la marcara como un objetivo a matar, de modo que le regalé un gesto altivo.
-Y tú le vas a hacer compañía a los gusanos-respondí, introduciendo la mano en el abrigo, aferrando uno de mis cuchillos y lanzándolo contra ella, la cual lo esquivó con agilidad, regalándome de paso una mirada condescendiente. Bueno, podría ser todo lo ágil que pudiera, pero yo estaba armada, y ella solo poseía sus manos desnudas. Antes o después acabaría muriendo.
Por el rabillo del ojo, capté como Engine se ponía en pie, comenzando a correr en dirección a su compañero de distrito, que en esos momentos acorralaba a Silk contra el tronco de un árbol. Mi cabeza me gritaba que me enzarzara en una pelea con Sunset, pero mi lealtad para con la alianza me llamaba en ese mismo momento; no podía dejar que Silk luchara sin ayuda. De modo que, el cuchillo que ya había seleccionado para lanzárselo a Sunset, voló en dirección contraria, clavándose en la espalda de Engine. Esta se desplomó a cuatro patas sobre la nieve, tosiendo una lluvia de gotitas de sangre sobre el blanco suelo, mientras que Silk aprovechaba la ocasión para hundirle el hacha por completo a Wheel en la pierna.
Engine parecía estar en las últimas, viendo como no dejaba de escupir sangre. Era cuestión de tiempo que muriera, de modo que no pasaría nada si yo aceleraba un poco el proceso. Corrí en dirección a la moribunda, pescando el cuchillo de su espalda y agarrándola por el pelo, alzando su cabeza, para luego cortarle el cuello con la hoja de la misma arma. No había liberado su cabeza de mi agarre cuando el cañonazo rompió el aire, haciéndome saber que Engine ya había fallecido.
Wheel, cojeando, se acercó a su fallecida compañera, mientras que yo, justo a tiempo, me giraba para ver como Sunset caía sobre mí como una loca, con los dientes expuestos en una mueca de odio. Como pura defensa, hundí el cuchillo en la parte del cuerpo que encontré más a mano, curiosamente el mismo brazo en el que ella me había herido. La chica soltó un grito agudo, lanzándome una mirada de odio supremo. Sus dedos se engarfiaron en un gesto de rabia, y se dispuso volver a saltar sobre mí… cuando unos brazos la sujetaron, haciendo que su rostro se mudara por una expresión de sorpresa.
-¡Déjala!-gritaba Jack, para luego mirarme a mí-¡Largaos de aquí, ya habéis matado a un tributo, ¿no?! ¿No es eso lo que queríais? ¡Fuera!
Casi a rastras, se alejó del claro, llevándose a Sunset consigo. Silk y Wheel seguían enzarzados en una pelea, pero cuando este vio a su alianza marcharse, retrocedió un par de pasos, sin dejar de mirar a la chica del 1.
-Pienso vengar la muerte de Engine-dijo, antes de salir cojeando lo más rápidamente tras los demás.

1 comentario:

  1. Hola cielo! Me lei todo lo que llevas y la verdad es que me ha gustado mcuho. Me encanto esta triologia y tu estas haciendo una continuacion muy buena.
    Un besazo te espero en mi blog!

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