martes, 10 de julio de 2012

CAPÍTULO 6


Habría imaginado otro saludo, una forma diferente de recibirme, más similar a la vivaracha forma de ser del hijo de los Wood. Pero no esa fría frase, regada con grandes trazas de resentimiento. Me giré sobre mí misma para ver a Jack, a mi ahora compañero de distrito, a mi futuro rival en la arena. Si había de ser sincera, poco había pensado en él cuando me dispuse a suplantar a la fallecida; prácticamente había olvidado que él también era un tributo. ¿Nos tendríamos que enfrentar en la arena? No era un hecho imposible, a pesar de que seríamos veinticuatro personas las que estuviéramos en el estadio. Si él y yo sobrevivíamos durante el transcurso de los Juegos, acabaríamos teniendo que luchar entre nosotros antes o después. Pero la pregunta principal era, ¿seríamos capaces de hacer tal cosa? Dudaba que Jack me atacase, pero tal vez la arena le haría cambiar su forma de pensar. ¿Y yo? La respuesta era simple: casi seguro que le atacaría. Mi obsesión por poder hacer que el nombre de mi familia, el nombre de mi hermano, no cayera en el olvido, era mayor que mis sentimientos con mi único amigo.
Esa idea me espantó. ¿Tan poco compasiva era que sería capaz de asesinar a sangre fría a una persona que lo único que me había hecho era apoyarme cuando necesitaba ayuda? No podría volver a mirar a los Wood a la cara si me convertía en la verdugo de su hijo.
Analicé a Jack desde la cabeza a los pies, admirando el trabajo que los estilistas habían hecho con él. Su piel parecía brillante, como si fuera de metal, con un color oscuro, como si le hubieran recubierto levemente de polvo de carbón, aunque la carbonilla no brillaba. Igual que yo, portaba una diadema con gemas negras sobre su frente, un collar hecho a base de cadenas y una especie de “mono” en los mismos tonos que mi vestido. Al contrario que yo, parecía algo desganado, como si no tuviera ánimos para desfilar por las avenidas.
-Aseguré mil veces que vendría-repuse como respuesta a su saludo, usando un tono de voz carente de expresión-Y yo siempre cumplo lo que digo. ¿Pensabas que iba a quedarme de brazos cruzados en el Distrito, viendo como la única oportunidad de dejar la mina se me va de las manos?
-¿Tan ambiciosa eres que no te importa tener que enfrentarte a un amigo?-inquirió él, con voz débil. Tal vez esperaba que, al ser él mi compañero, yo me mostrara más reticente a acudir a los Juegos-¿Qué estás dispuesta a sacrificar por poder conseguir medrar, Chrysta? ¿Tu vida, la felicidad de tu familia, la vida de tu amigo?
Aquellas palabras me dolieron. Jack sabía bien que, aunque pareciera una chica fría y excesivamente difícil de tratar, seguía teniendo sentimientos, aunque bien ocultos. No era yo persona de abrirme sentimentalmente a los demás, pues la última vez que lo hice, acabé casi catatónica, lamentándome en silencio por la falta de mi hermano. Aquella experiencia me había enseñado que, si quería permanecer libre del dolor de la pérdida, debía desapegarme de los demás. Solo si no apreciaba nada, podría ser fuerte, y aunque no conseguí culminar tal objetivo, si había llegado muy cerca. La prueba de ello era como no había dudado al considerar matar a Jack si eso me acercaba a la victoria. ¿Qué clase de persona era yo?
-¿Tengo que darte mis motivos?-dije simplemente, no quería hacerle partícipe de mi debate interno-Creía habértelos dejados claros en casa, cuando te los repetí una y mil veces. No voy a volver a repetir algo que ya he dicho hasta la saciedad.
-Supongo que fui un iluso al imaginar que tenías más de una neurona-su tono era resignado, y sus palabras fueron acompañadas de una triste sonrisa-Pero está claro que no eres tan diferente a esos tributos bestiales que vienen de los distritos acomodados. Tú también ves los Juegos como una simple competición, como ellos. Pareces olvidar que puedes morir.
-¡No he olvidado que me pueden matar en la arena!-exclamé-¿Qué os pasa a todo el mundo con decirme eso? Soy consciente de lo que me espera, del mismo modo que sé lo que se espera de mí. ¿Acaso crees que no vi los anteriores Juegos?
Jack fue a decir algo, o al menos había abierto la boca, cuando aparecieron Athenea, Dust, Hermes y una mujer de piel muy pálida, pelo rojo fuego y antinaturales y extrañas pestañas, que supuse que sería la estilista de Jack. Los tres capitolenses parecían entusiasmados, Dust, por su parte, tenía la misma expresión que alguien que se hubiera comido una guindilla.
-¡Aquí estáis!-exclamó Athenea, sacudiendo su cabellera plateada con una exagerada satisfacción-¡Os han dejado divinos! ¡Hermes, Iris, que buen trabajo!-añadió aplaudiendo con entusiasmo. Supuse que Iris sería el nombre de la otra estilista, que en esos momentos nos miraba con ojo crítico, como analizando nuestra imagen conjunta.
No solo nuestro equipo era el único recién llegado. Por encima de hombro de Dust pude ver como los demás estilistas y mentores se iban acercando a sus respectivos tributos. La chica del Distrito 1, al principio de la sala, daba vueltas admirando en voz muy alta el largo y dorado vestido que le habían preparado. No sabía si todos los habitantes de ese distrito eran tan superficiales como se decía, pero lo cierto es que aquella muchacha, desde luego, parecía el clásico prototipo de ese cliché. Arrugué el ceño, molesta por sus superficiales comentarios, cosa que debió de atraer la atención de Hermes.
-Vosotros iréis mucho más espectaculares que esos chicos-señaló. Parecía haber malinterpretado mi expresión de disgusto-Mostraos seguros y orgullosos y todos os admirarán.
-Me parece que por aquí vamos todos demasiados sobrados de orgullo-indicó mi compañero, alzando una ceja. Miré en su dirección, pudiendo ver como varios tributos seguían el ejemplo de la chica del 1 y admiraban también a viva voz sus atuendos.
-Bueno, al menos este par está por encima de esa ridícula superficialidad-señaló Dust con una sonrisa satisfecha, acercándose a nosotros y dándonos unas palmadas a cada uno en la espalda-Me gustan, parecen mortales con esos atuendos, sin dudas se han superado con ellos… aunque no todos-añadió, lanzándole una elocuente mirada a Hermes, que en ese momento parecía muy interesado en el estado de sus uñas y no respondió a la provocación del mentor.
-Será mejor que vayan subiendo ya-Athenea alzaba la cabeza, viendo como los demás tributos se instalaban en sus respectivos carruajes-El desfile empezará de un momento a otro. ¿No estáis emocionados?-nos preguntó, regalándonos de paso una de sus antinaturales sonrisas.
-No-dije como respuesta, mientras que Jack, que ya se había alzado en aquella especie de cuadriga, me tendía la mano para ayudarme a subir. Estuve más que tentada de aceptarla, pero luego recordé que no me encontraba en la Veta, y que aquí, cada movimiento mío se estudiaría con lupa. No olvidaba que los Juegos eran, después de todo, un mero espectáculo televisivo, y yo había decidido ya que papel iba a representar. Y una chica orgullosa y mortífera, que era lo que había decidido que sería, no aceptaría la ayuda de alguien que perfectamente podía matarla. En lo que se refería a mi relación con Jack, ya había añadido el ingrediente de la rivalidad. Ahora no éramos amigos. Ahora éramos rivales.
Me posicioné a la derecha del carruaje, justo cuando las enormes puertas que daban a la calle se abrieron, la música comenzó a sonar y los tributos del Distrito 1 hacían su aparición. La multitud rugía, era uno de los distritos favoritos. El coche del Distrito 2 no tardó en seguirles.
En los minutos previos a nuestro lanzamiento a la vorágine que nos esperaba en las calles del Capitolio, comencé a adoptar la expresión que yo consideraba apropiada para lo que iba a intentar demostrar. Relajé las facciones, para que mi rostro mostrara una expresión de frialdad e impasibilidad. En casa, seguramente, me estarían viendo, y no quería que mi familia encontrara a su hija asustada o preocupada. Si me veían segura, tranquila, a lo mejor comenzaban a creer que tendría opciones de volver.
Y entonces, salimos. Que espectáculo se abrió ante mis ojos. La enorme avenida por la que desfilábamos, estaba llena por miles de personas, todas ataviadas con extraños atuendos y extrañas vestimentas, que chillaban y gritaban a los tributos. Mirara donde mirase, veía ojos abiertos, manos extendidas en mi dirección, rostros que vociferaban mi nombre o coreaban el número del Distrito. La música era atronadora, pero no conseguía acallar las voces de aquellos que exaltaban a sus favoritos.
Como un simple acto reflejo, alcé un brazo en un gesto altivo, saludando a la multitud casi con aburrimiento. Casi sin querer, alguien lanzó una flor, un clavel parecía, que se quedó enganchado entre los dedos de mi mano alzada, dando la impresión de haberlo capturado yo de forma consciente. Eso pareció enloquecer a la gente, que gritó mi nombre con más ganas, mientras que lanzaba de nuevo aquella flor contra la multitud. Miles de manos se alzaron para atraparla, como si hubiera arrojado algo especialmente valioso. Definitivamente, la gente se había vuelto loca.
Algunas pantallas habían sido repartidas por el recorrido, de tal forma que pude verme en ellas. Aquella criatura de aspecto feroz, que alzaba un brazo como si fuera una especie de diosa pagana, no parecía yo. Seguro que hasta en casa tendrían problemas para reconocerme, ataviada de tal guisa y tan cubierta de cosméticos para darme un aire… ¿mortífero?
A mi lado, Jack no parecía tan cómodo como yo. Saludaba, sí, pero su gesto se veía tenso, casi preocupado. Se notaba en las arruguitas formadas en la comisura de sus labios que no se sentía para nada contento con lo que estaba pasando. No era de extrañar, a fin de cuentas él no había venido aquí por su propia voluntad, sino que había sido forzado a ello. ¿Cómo se habría sentido al enterarse de la muerte de su antigua compañera?
Finalmente, llegamos al Círculo de la Ciudad, lugar donde se encontraba la mansión presidencial y el enorme edificio que albergaba el Centro de Entrenamiento. Justo delante de la mansión, en un estrado levantado y revestido con banderines con el sello del Capitolio, se encontraba un hombre entrado en años, de pelo entrecano y aspecto severo. Era el presidente Ice, “elegido” (aunque más bien habría que decir impuesto) por los ciudadanos del Capitolio tras los días oscuros. Este nos miraba con un gesto algo desdeñoso, mientras que los coches se iban situando a lo largo del círculo, encarados todos hacia el político. Cuando la multitud dejó de rugir y la música terminó con un fuerte acorde, se aclaró la garganta y comenzó con su clásico disgusto.
-Queridos tributos,-su voz parecía seca, casi árida-habitantes de Panem, es un honor para mí darles la bienvenida a los inicios de los Segundos Juegos del Hambre
La gente lo ovacionó. Jack soltó por lo bajo un gemido que sonó disgustado.
-Pronto, estos jóvenes se verán inmersos en una competición gloriosa y esperada. Son ahora mismo el orgullo de sus distritos, los seres más importantes de nuestro país. Sus futuras muertes honrarán la memoria de los caídos en los Días Oscuros, y el vencedor llevará honor y abundancia a su distrito.
Más gritos, mientras que los coches daban una última vuelta al círculo de la ciudad y desaparecían en el interior del Centro de Entrenamiento. No podríamos salir de él hasta que nos llevaran a la arena.
Bajamos del coche, para ser recibidos por estruendosas felicitaciones por parte de Athenea, los estilistas y Dust. Todos parecían satisfechos, especialmente el mentor, que no dejaba de palmearnos la espalda mientras que Hermes y Iris nos ayudaban a quitarnos algunos complementos del vestuario.
-Habéis estado magníficos chicos-repetía una y otra vez con el tosco acento del 12-Altivos, pero sorprendentemente cercanos a un tiempo. Os van a llover patrocinadores, ya lo veréis.
Justo en ese momento, escuchamos como una frase similar era pronunciada por la mentora del 4, de modo que no presté mucha atención a las palabras de Dust. Tal vez solo fueran una estrategia para motivarnos.

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