martes, 10 de julio de 2012

CAPÍTULO 7


La mañana siguiente me encontró en pie muy temprano, justo cuando los primeros rayos del sol salían por el horizonte, apenas visible por los enormes edificios del Capitolio. Había dormido poco, me había acostado demasiado nerviosa como para coger el sueño. 
Cuando el desfile hubo terminado, nos condujeron a nuestras respectivas plantas. Cada distrito tenía asignada la planta que correspondía al número del mismo, por lo que nuestras dependencias estaban en lo más alto del centro de entrenamiento. Nada más bajarnos del ascensor, habíamos entrado en un gigantesco salón, donde la cena ya se encontraba servida en una elegante mesa de cristal, rodeada esta por personas con uniformes blancos que mantenían la cabeza agachada. Eran los conocidos como avox, los cuales nos sirvieron durante el transcurso de la comida. Mientras tragaba a duras penas, pues mi estómago se había cerrado por los nervios, pude observar el derroche de comodidades que habían tenido para con nosotros. Una pared de la estancia estaba dominada por un gigantesco televisor, nada comparable al que teníamos en la Veta, en el cual vimos en diferido el desfile. Intenté prestar atención a lo que decían los comentaristas sobre nosotros, pero el cansancio me estaba comenzando a pasar factura. Llevaba en pie desde muy temprano, y la cantidad de emociones vividas me habían agotado casi por completo. Así pues, murmuré una excusa, que ni siquiera logré recordar segundos después de haber pronunciado, y fui acompañada por una joven avox de pelo negro hasta el que sería mi dormitorio.
Apenas si pude apreciarlo, reventada como estaba. Me dejé caer contra la cama, aún con la ropa de suave factura por la que había mudado mi traje del desfile puesta, y comencé a dormitar. Todo había sido demasiado precipitado, y aún tenía que asimilarlo. ¿De veras esta misma mañana había estado desayunando en mi casa de la Veta, con mi madre, sintiéndome desgraciada por no haber podido ir a los Juegos? Ahora me encontraba a miles de kilómetros de esa vivienda pequeña y llena de carbonilla. ¿Cómo estarían las cosas por casa? ¿Habrían mis padres reaccionado bien a mi aparición en el desfile como la de una chica dura e insensible? ¿Se habrían reunido con los Wood para verlo, ya que ahora sus dos hijos eran compañeros de distrito?
Con esos pensamientos, me costó dormirme, de modo que ahora, que debería estar completamente fresca y despejada para afrontar los entrenamientos, me encontraba completamente cansada. La opción más simple sería decir que me encontraba mal y tratar de probar si me dejarían en cama el día entero solo por estar en malas condiciones. Aunque me daba la sensación de que eso estaba fuera de mi alcance; seguro que me enviaban a algún médico del Capitolio, especializado en mil y una dolencias, para que me suministrara un fármaco y me mandase a los entrenamientos lo antes posible.
Con resignación ante tal pensamiento, me deshice del pijama y me puse la ropa que alguien había dejado sobre una cómoda de mi dormitorio. Ahora, algo más despierta que anoche, podía ver lo grande y elegante que era aquella estancia. La cama donde había dormido era dos veces más ancha que la de mi casa, y mil veces más blandas. Tenía un armario repleto de ropa a mis disposición, un cuarto de baño con una ducha llena de botones, e incluso un menú instalado en la pared, para que ordenase comida si me entraba hambre. 
Una vez vestida con lo que parecía un atuendo deportivo en colores negros y con el número del distrito, me dirigí al salón, donde ya se encontraban Jack y Dust, discutiendo sobre algo. Me senté en una silla libre entre mi compañero y mi mentor, y un avox se apresuró a servirme una taza de café y un huevo pasado por agua. Sobre la mesa había varias cestas con panecillos, dulces servidos en bandejas, patatas fritas, huevos, mermeladas de todos los sabores inimaginables… me serví un poco de todo y presté atención a la conversación que se estaba desarrollando.
-Algo tienes que saber hacer-decía Dust, con un tono de voz exasperado. Aún iba en ropa de dormir-¡Algo, por nimio que sea, caramba! No voy a dejar que me hagas creer que eres un inútil.
-Que te lo diga ella, ya que no me crees-señaló en mi dirección, haciendo que me atragantase con el panecillo que en esos momentos deglutía. Comencé a toser, intentando escupir el trozo atragantado, mientras que el mentor decía algo que no alcancé a escuchar, ocupada como estaba en no asfixiarme. Finalmente, el trocito atragantado fue expulsado, y pude recuperarme lo suficiente como para hablar.
-¿Qué se supone que tengo que decir?-musité, con voz ahogada, mientras me limpiaba con el dorso de la mano las lágrimas que se me habían saltado al atragantarme. Tomé un sorbo de un zumo de un extraño color rosáceo que sabía un poco a fresa, para luego mirar a ambos por turnos-¿Qué?
-Tú sabes perfectamente que no se hacer nada referido a la lucha-repuso Jack con un tono resignado-Me has intentado convencer durante estos dos años que entrenara contigo, pero nunca quise.
-¿Cómo que intentó convencerte para que entrenaras con ella?-Dust alzó una ceja, para luego girarse en mi dirección-Dime encanto, ¿has estado entrenándote? ¿Eres una profesional?
La palabra “profesional” me sonaba demasiado grande. No sabía la connotación que podría tener en este contexto, ¿profesional en la lucha? ¿profesional en la supervivencia? Ni idea, pero había algo en los ojos de aquel hombre que me hizo sentirme algo recelosa, era una chispa de… ¿ambición?
-Jack es listo-dije, intentando capear la pregunta directa que me habían hecho-Sabe hacer trampas, y es bueno escalando.
-No te desvíes del tema, muñeca-aquella palabra me puso de los nervios, pero Dust parecía haber ignorado la mirada de intenso desprecio que le lancé-Contéstame o te aseguro que te colgaré del techo por los tobillos hasta que lo hagas. ¿Eres una profesional? Quiero decir, ¿has sido entrenada de antemano?
Aquella aclaración, aunque me había orientado, seguía haciéndome sentir algo despistada. El término “profesional” en el ámbito de los Juegos del Hambre debía de ser de nueva incorporación. Alcé una ceja, como pidiendo mudamente una explicación, mientras que asentía levemente con la cabeza.
-Entrené desde que supe de la existencia de los Juegos-señalé con firmeza-en los campos del lanzamiento de cuchillos, tiro con arco y resistencia. Pero, ¿tengo el rango de “profesional” por ello? Nunca antes lo había oído.
El hombre soltó un bufido algo malhumorado, mientras que Athenea se acercaba a la mesa en ese mismo momento, luciendo en esta jornada un vestido en color rosa chillón.
-Es una nueva tendencia por parte de algunos distritos-dijo Dust, tomando un pastelito y troceándolo de forma despistada-El año pasado no fue demasiado patente, dado que apenas si habían tenido tiempo para preparase. Pero habéis de saber, y esto va por vosotros dos-dijo señalándonos con el pastel troceado-que ciertos distritos, más conformes con los Juegos que los demás, han comenzado a entrenar a sus niños en academias especializadas. Así, cuando vienen a los Juegos, poseen una mayor preparación física y una mayor destreza en el manejo de las armas. Por eso se les llama “profesionales”, aunque no esperaba que una de ellos fuera a estar bajo mi cuidado. 
-¿Cuáles son esos distritos “profesionales”?-inquirió Jack haciendo comillas con los dedos, mientras Athenea, en ese preciso momento, reprendía a un avox por haber derramado algo del café de su taza. Su voz sonaba más chillona de lo habitual, y no pude evitar sentir una punzada al recordar a la hermana de Silvana, a la que habían condenado a ser una esclava de por vida. ¿Estaría en el Centro de Entrenamiento? Lo dudaba, seguramente tendrían que “adiestrarla” en sus nuevas funciones antes de que sirviera a los tributos.
-Si mis fuentes no me fallan-repuso Dust, arrascándose la cabeza-creo que son los distritos 1, 2 y 4.
-Era de esperar-repuse de malas. El Distrito 1 era conocido por ser en el que mejor se vivía, después del mismo Capitolio; no era de extrañar que se amoldase de ese modo a sus caprichos. El Distrito 2 era conocido por formar a Agentes de la Paz, por lo que el entrenamiento físico de sus tributos seguramente sería también muy bueno. Pero, ¿el 4? Sus habitantes eran pescadores, pero no estaba segura sobre si era un distrito rico.
-Muy bien, preciosa, me has dado una idea-el mentor se aproximó más hacia nosotros-Veo que me ha tocado supervisar a la pareja más dispar de todos los Juegos; un chico que parece poca cosa, y una profesional. Bien, vamos a adaptarnos a esas dos facetas. Jack-dijo clavándole los ojos al joven-en los entrenamientos, intenta aprender las máximas tácticas de supervivencia posibles. Es una estupidez que intentes aprender el manejo de un arma, en tres días no te dará tiempo. Chrysta-se giró en mi dirección-reserva tu punto fuerte para cuando tengas que entrenar en privado con los vigilantes de lo Juegos, pero no te quedes atrás en lo demás. Hazte notar, y seguramente puedas conseguir aliarte con los demás profesionales. 
Asentí, decidida, mostrándome excesivamente orgullosa de mi nuevo “título”. En mi interior sabía que no estaría tan bien preparada como los chicos de los distritos más ricos, pero esperaba poder pulir mis habilidades en los tres días que teníamos para entrenarnos, y resaltar en el tiro con arco o en la agilidad. Me guardaría los cuchillos para más adelante, pues esos, desde siempre, habían sido mis mejores aliados a la hora de cazar. Ahora, y más que nunca, debía aspirar a lo más alto. Dust me había abierto los ojos a una nueva faceta para mi personaje a interpretar: no solo era una chica dura y fría, sino la primera profesional del Distrito 12. Oh, sí, sonaba imponente.

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