viernes, 31 de agosto de 2012

CAPÍTULO 32


El ojo de Jack se abrió con rapidez, y pude leer en él la alarma mezclada aún con los restos del sueño que pudiera haber estado teniendo. Cuando vi que no chillaría ni haría ningún ruido, le liberé la boca, mientras volvía a explorar el rastro de Brass. Se dirigía en dirección al lago; si me apresuraba, podría atraparlo antes de que llegase.
-Voy a ir a por él-susurré, acercándome al tronco y disponiéndome a bajar, pero Jack me cogió por la cola de caballo que aún recogía mi pelo.
-No pensarás que voy a dejar que vayas sola-musitó-¿Y si te mata?
-Antes le mataré yo a él-le aseguré con calma-Te recuerdo que tengo estas gafas que me permiten ver con claridad, mientras que Wheel va a ciegas. Ni se dará cuenta.
-No hagas ninguna estupidez, por favor-dijo de forma resignada, soltando mi pelo e incorporándose un poco-Recuerda que Sunset puede estar con él, y ya sabes que te tiene ganas.
-Oh, sí, se me había olvidado que quiere verme muerta-repuse con sarcasmo, mientras comenzaba a bajar a la mayor velocidad que me daban las piernas y las manos. Debería haber dormido algo durante la noche, pero con tantos pensamientos rondando por mi cabeza, me había sido imposible.
“Bueno”me dije a mí misma “Cuando Wheel haya muerto, me permitiré un descanso antes de ir a buscar a Sunset y terminar con esto de una vez por todas”.
Resbalé un par de veces en mi apresurado descenso, hasta que finalmente mis pies se posaron sobre la nieve del suelo, la cual estaba cubierta por las huellas que el tributo del 6 había ido dejando a su paso. ¿Es que era tan idiota como para dejar ese rastro, o lo estaba haciendo a propósito para conducirme a una trampa? No lo sabía, pero por si acaso, agudicé bien los oídos, mientras aferraba el arco y colocaba una flecha en la cuerda del mismo, lista para disparar.
El rastro de pisadas, como antes había comprobado, parecía seguir en dirección al lago. Tal vez, si llegara y viera los restos de los ventisqueros que habíamos dejado allí, se pensase que nos encontrábamos escondidos por la zona o similar. Bueno, al menos eso lo alejaría del árbol en el que Jack se había ocultado… ¡el árbol! ¿Cómo había podido ser tan estúpida de olvidarme hacerle una marca o algo por el estilo? Por la experiencia vivida con Silk en el bosque, sabía que perfectamente podría perderme al intentar encontrar el árbol sobre el que habíamos acampado, por lo que, presurosa, saqué un cuchillo y arranqué un largo trozo de la corteza del mismo.
Ahora que esperaba poder encontrar el escondrijo con más facilidad, me apresuré a seguir aquellos pasos, rogando por que Wheel no hubiera tomado un ritmo rápido de zancada, o que no estuviera acompañado por Sunset. Si se encontraba solo, lo cual parecía, tal vez pudiera acabar con él antes incluso de que saliera el sol. Lo cierto es que me convenía que siguiéramos estando a oscuras, pues podía camuflarme entre las sombras de tal modo que Wheel no me viera, mientras que él, se ocultara donde se ocultase, sería visible a mis ojos. ¡Aquellas gafas, sin dudas, no tenían precio!
Cuidadosamente, me deslicé por el bosque, tratando de pisar solo en las huellas que el tributo del 6 había ido dejando en su camino. De ese modo, si Sunset pasaba por allí, no vería dos pares de huellas, sino uno solo; a no ser que se parase a observarlas con minuciosidad, en cuyo caso seguramente distinguiría mis pisadas sobre las de Wheel, pues mis pies eran un poco más pequeños que los suyos.
A pesar de ir a buen paso, el chico me llevaba bastante ventaja, de modo que vi como los árboles se iban separando poco a poco unos de otros antes de que hubiera visto de nuevo la silueta del tributo, señal de que estábamos llegando al límite del bosque. ¿Acaso Wheel habría llegado ya al lago? Si no se alejaba mucho del linde, podría atravesarlo con una flecha antes de que incluso notase mi presencia, lo cual era, de hecho, el plan que había trazado en el árbol.
Unos cuantos pasos más adelante, los árboles se dispersaron, y las altas siluetas de las montañas se alzaron ante mis ojos, mientras que a sus pies, el lago brillaba levemente, como si tuviera una especie de resplandor interno, aunque tal vez fuera producto de las gafas.
¿Y Wheel, donde estaba? Me oculté de forma instintiva detrás del tronco de un pino que había a mi izquierda, mientras que trataba de localizar al tributo en aquel lugar. ¿Y si no estaba? De no aparecer, tal vez sería mejor que volviera a internarme en el bosque, pues podría tratarse de una trampa, lo cual no me haría ninguna gracia. Podía luchar contra Wheel y Sunset, cierto, pero tal vez esperaban a caer sobre mí cuando estuviera despistada, y en ese caso, poco podría hacer yo para defenderme.
Examiné con minuciosidad el terreno, y finalmente, localicé al chico, observando con atención los muros que habíamos alzado. Eran un indicador que habíamos pasado por la zona, estaba claro, pero no señalaban hacia donde habíamos marchado. Tal vez pensase que habíamos tratado de probar suerte en las montañas, en vez de habernos internado en el bosque.
Estaba claro, si quería matar a Wheel, tendría que ser ahora, antes de que, tal vez, Sunset hiciera acto de presencia. Sin embargo, desde mi posición, me era imposible dispararle, pues me encontraba demasiado a su derecha como para confiar en que el tiro fuera limpio, y dependía del factor sorpresa para poder acabar con él. Tendría que arriesgarme y salir a terreno abierto, con la mayor rapidez posible.
Cerré los ojos una fracción de segundo, forzándome a tranquilizarme, obligando a mis dedos a dejar de temblar. Apreté los dientes con determinación, para luego, aferrando el arco con fuerza, echar a correr lo más sigilosamente que podía en dirección a Wheel, mientras alzaba el arco, apuntando con la mayor precisión posible contra su figura. No parecía haberse percatado de mi presencia, pues seguía examinando la zona, ajeno a que en esos momentos yo corría hacia él, dispuesta a disparar la flecha que le borraría de estos Juegos y del mundo para siempre.
Tomé aire, cuando vi como se erguía, seguramente cansado de estudiar aquel refugio que habíamos abandonado, justo en el momento en el que yo soltaba la cuerda del arco y la flecha salía disparada en su dirección. Wheel, como si presintiera algo, giró la cabeza en mi dirección, un segundo antes de que la flecha se le clavara en el cuello. Casi maquinalmente, volví a recargar el arco, y disparé una nueva flecha, esta vez contra su pecho, mientras seguía dispuesta a disparar todas las flechas que me quedaban si el cañonazo no sonaba. Pero no fue necesario, pues mientras tomaba la tercera a ser lanzada, Wheel cayó de bruces contra la nieve, mientras un cañonazo rompía el silencio de la noche.
“Ya he matado a seis” me dije, mientras corría en dirección al cadáver, dispuesta a recuperar mis flechas “He matado a seis, y ahora ya solo quedamos tres”. Tres tributos, a eso se reducía ya la competición, y dos de ellos éramos del 12. ¿Quién iba a decirles a los habitantes del Capitolio cuando llegamos a la ciudad, que el distrito más pobre de Panem iba a llegar tan lejos en los Juegos de este año? Si Sunset caía, el Distrito 12 tendría asegurado un ganador.
Sunset. Desde que los demás profesionales habían muerto, siempre me temí que el juego fuera a reducirse a nosotras dos, y ahora esos temores se confirmaban. Ambas teníamos razones para odiarnos, y estaba claro que, en cuanto viera la proyección nocturna de la próxima noche, vendría a buscarnos como un perro de presa, deseando hundir su cuchillo en mi cuerpo. Bueno, pues si quería buscarnos, que nos buscase, pues ya no tenía por qué tenerle miedo. Ella ahora se encontraba sola, sin aliados, mientras que a mí me quedaba Jack. No me hacía gracia la idea de que Sunset muriera y nos dejara a Jack y a mí para luchar a muerte, pero prefería morir a sabiendas que en casa tendrían comida gracias a la victoria de Jack, que no tener la seguridad sobre la victoria de estos Juegos.
No había acabado de sacar la segunda flecha del cuerpo de Wheel, cuando apareció el aerodeslizador para llevarse el cadáver. Pronto, muy pronto, yo estaría dentro de uno de esos aparatos, puede que muerta, o puede que viva, siendo sacada de la arena como vencedora. Pero para eso aun quedaba un último paso, y había que darlo cuanto antes. Volvería al bosque a buscar a Jack, y luego esperaríamos a que Sunset apareciera. Y luego… bueno, luego, que ganase el mejor.
Observé como el cuerpo del tributo era izado de la nieve, y luego introducido en las entrañas del aerodeslizador. Había sido muy estúpido por su parte ir haciendo semejante ruido por el bosque, y ahora, estaba muerto por semejante estupidez. Me sorprendí a mi misma alegrándome tanto por tal hecho, regodeándome en aquel fallecimiento; no iba a negar que me complacía sentir la victoria al alcance de mi mano, pero no esperaba esa horrible satisfacción por aquel asesinato. ¿Me estaba volviendo loca, acaso? Tal vez, pues dudaba que la Chrysta que soñaba con ir a los Juegos disfrutara de un modo tan macabro. No olvidaba que yo podría haber sido Wheel.
“No te quejes”me dijo una voz en mi cabeza “Él eligió el camino hacia la muerte, pero tú has escogido el que te lleva a la victoria.”

jueves, 30 de agosto de 2012

CAPÍTULO 31


De nuevo nos quedamos en silencio, incluso después de que el sello volviera a aparecer y el rostro de Leaf desapareciera del cielo, mientras que la misma pregunta que nos hicimos cuando Daph apareció en el firmamento rondaba en mi mente. ¿Cómo había muerto ese niño? ¿Acaso su vida había terminado como la de Daph, o había sufrido cualquier otro tipo de muerte? Tal vez nosotros no hubiéramos sido los únicos en padecer un ataque durante la pasada jornada, y en su caso, en vez de salir herido, había acabado muerto.
Suspiré acomodándome mejor contra el tronco del árbol, cubriéndome lo mejor posible con la manta que Jack y yo compartíamos, la cual era nuestra única defensa contra el frío, pues nuestros abrigos ya apenas si protegían de esas temperaturas tan endemoniadamente gélidas. Había sido una suerte que hubiera tenido la manta y el saco de dormir en la mochila durante el ataque, o de lo contrario también se habrían echado a perder.
Desde mi posición, escruté nuestros alrededores, forzando mis ojos a ver en la oscuridad. Recordé las gafas que Jack había encontrado en mi mochila, esas que ayudaban a ver cuando apenas si había luz, por lo que las extraje del interior del bolsillo donde permanecían guardadas y me las puse. Todo se volvió nítido y claro ante mis ojos, y pude comprobar que la zona parecía seguir siendo un lugar tranquilo, despejado de tributos o de cualquier ser que nos considerase como un bocado tardío. Sin embargo, esa aparente calma no dejaba de convencerme, pues estábamos demasiado expuestos al pie de aquel árbol, como si fuéramos un paquete envuelto para regalo que Sunset o Wheel podrían encontrarse en algún momento. No iba a quedarme tranquila hasta que estuviéramos en un lugar más protegido, pues no olvidaba que Jack, seguramente, a la hora de vigilar, no podría cubrir toda la zona con un ojo menos.
Me giré hacia mi compañero, que parecía estar quedándose dormido, viendo como tenía cerrado el ojo que le quedaba a la vista y emitía unos leves ronquidos. Despertarle después de todo lo vivido me parecía una completa aberración, pues sabía que, seguramente, él querría descansar, recuperar las energías que el miedo y el dolor le habrían quitado casi con total seguridad. Pero claro, de hacer semejante cosa, me obligaba a mí misma a pasarme en pie casi toda la noche, y dudaba que pudiera resistir.
-Jack-le chisté-¡Eh, Jack!
El aludido se limitó a soltar un leve gemido ronco, y trató de buscar una postura más cómoda. Poniendo los ojos en blanco y sintiéndome un poco miserable por ser tan poco delicada en el hecho de despertar a un herido lisiado, le pellizqué con fuerza el brazo, haciendo que mi compañero se espabilara con un respingo, soltase una palabrota y me mirase con el sueño y la rabia a partes iguales en el rostro.
-¿Se puede saber qué mosca te ha picado?-preguntó con voz ligeramente pastosa-¿Has matado a alguien más?
-Te voy a matar a ti como no me hagas caso-respondí con frialdad, pues me ponía de mal humor cuando me encontraba cansada-Vamos, despierta, no es aconsejable que nos quedemos aquí.
-Está bien… solo cinco minutos más-suplicó, tratando de meter la cabeza debajo de la manta, como si fuera un niño pequeño que intentase convencer a su madre de que lo dejase dormir un poco más antes de ir al colegio. Claro que en ese caso, lo máximo que podía pasar era que llegases tarde a clase y el profesor te regañara; aquí, podías acabar muerto.
-Si tengo que llenarte los pantalones de nieve para que te despiertes, ten por seguro que lo haré-lo amenacé.
-Vale, vale-refunfuñó-Cielos, no hay quien te soporte a veces, de verdad.
Protestando para sí mismo, se incorporó mientras yo hacía lo propio, pensando en que podríamos hacer ahora que tan poco delicadamente había sacado a Jack de su merecido descanso. Había llegado a la conclusión de que no podíamos quedarnos allí, vale, pero no había pensado en que sitio era apropiado para pasar la noche, pues parecía que en aquel bosque no íbamos a encontrar ningún refugio, fuera del tipo que fuese.
-¿Qué vamos a hacer ahora?-inquirió Jack con cierta sorna-Ya que me has despertado, esperaba que al menos tuvieras algún plan que llevar a cabo urgentemente.
-No me busques las cosquillas-rebatí de modo automático-o te aseguro que te saco el otro ojo y ya andas a juego.
-No serías capaz-su voz no sonó ni un poco asustada, lo que me hizo suponer que mis habituales bravatas y amenazas de mutilación o incluso de muerte, no me iban a servir con él. En el fondo, hasta tenía razón, pues no sería capaz de hacerle algo tan vil a aquel chico al que tanto debía, incluso aunque me concentrase en el hecho de que, haciéndolo, podría acercarme aún más a la victoria-Bien, ¿qué tal si por una vez me escuchas y dejas de hacerte la inteligente?
Le obsequié con un gruñido exasperado, mientras que Jack doblaba la manta y me la colocaba sobre los hombros, sujeta por las correas de la mochila.
-¿Qué es lo que pretendes que hagamos, señor “Yo-soy-más-listo-que-nadie”?
-Trepar-contestó con calma, lo cual me dejó de una pieza. ¿Trepar? Allí solo había árboles, ¿acaso creía que iba a dejar que se encaramase a uno en el estado en que estaba? Por muy buen escalador que fuera, no creía que fuera capaz de subirse a un árbol en plena oscuridad y tuerto de un ojo.
-Ni de coña-repuse de modo automático-Te vas a romper la crisma, y si te mueres, ¿a quien voy a usar de escudo contra Sunset?
-Muy graciosa-me contestó con sarcasmo-Pero aún casi completamente ciego, sigo siendo mejor escalador que tú, de modo que deja de quejarte y empecemos a trepar de una maldita vez, que me apetece seguir durmiendo.
-Luego la insufrible soy yo-mascullé, mientras que veía como Jack colocaba con gesto experto las manos en los nudos del tronco contra el cual habíamos estado sentados, y comenzaba a trepar por él con una ligereza envidiable. Siempre había encontrado fascinante el modo en que Jack se encaramaba por los troncos, con tanta habilidad como una ardilla, llegando arriba en mucho menos tiempo que yo, como si tuviera alguna sustancia pegajosa en las manos que le ayudaba a encaramarse a los árboles.
Cuando me dispuse a seguirle, Jack ya había alcanzado las primeras ramas, y parecía estar comprobándolas. En silencio, apretando los dientes debido al dolor de mis heridas, comencé a trepar, sintiendo como mis piernas temblaban por culpa de la tensión producida por la molestia que las aquejaba. Mis manos se rasparon contra los nudos de la corteza, mientras que luchaba por izarme hacia las ramas, peleando contra el cansancio de toda la jornada. A pesar de mis esfuerzos, cuando estaba llegando a la rama deseada, Jack tuvo que cogerme por el abrigo y ayudarme a trepar los últimos centímetros, hasta que me encontré sentada a horcajadas sobre la misma.
-Eres una jodida ardilla-repuse algo molesta por su habilidad en estas lides-Cuando te pones a correr por los árboles, es imposible pillarte.
-Bueno, algún talento útil tenía que tener, ¿no?-Jack se encontraba enfrente mía, acomodado como quien no quiere la cosa sobre la rama-No solo luchar cuenta en este juego.
Asentí, algo molesta por tener que darle la razón. Mi desmesurado orgullo me hacía imposible darle otro mayor reconocimiento que no fuera ese, y estaba claro que Jack conocía ese detalle de mi personalidad, viendo como trataba de no parecer muy pagado de sí mismo.
-Bueno, ¿ahora me vas a dejar dormir?-inquirió, alzando una ceja-Te prometo despertarme a tiempo para dejarte descansar un par de horas-añadió con un gesto que, de tan serio, se señalaba como burla.
-Venga, duérmete y cállate de una vez-repuse, suspirando. Jack se deslizó con habilidad a mi lado, sacando la manta de las correas con las que la habíamos sujetado, nos cubrió a ambos con ella y se acurrucó contra mí, soltando de paso un bostezo de hipopótamo.
-Una pregunta, Chrysta-dijo con voz somnolienta-¿A cuantos has matado ya?
Lo miré, sorprendida, pues no comprendía a que venía esa pregunta. ¿Qué más le daba a cuanta gente hubiera matado a estas alturas? A fin de cuentas, que asesinara a alguien era lo más normal en los Juegos, no entendía por qué Jack tal vez se iba a empeñar en hacer un mundo de ello. Si él quería hacerse el noble, por mí adelante, pero que no me metiera a mí en ese berenjenal; mi táctica era totalmente incisiva, atacante; no me limitaba a quedarme sentada esperando a que los demás se mataran entre ellos para salir yo.
-¿Y tú?-rebatí de forma inconsciente.
-A nadie-musitó, y a los pocos segundos, volvía a roncar.
Contemplé su rostro con el ceño fruncido, mientras pensaba en lo que me había preguntado. ¿A cuantos tributos había matado en lo que llevábamos de Juegos? Había matado a tres durante el baño de sangre inicial, había asesinado a Engine, y también había terminado con la vida de Marphil, eso sin contar con los dos intentos de matar a Sunset y mi pelea con Sand. En total, cinco víctimas, al menos de momento. Tal vez el número creciera en los próximos días, teniendo en cuenta que aún quedaban dos contrincantes en pie; tres si contaba a Jack. ¿Tendría que enfrentarme a él cuando todo esto acabase? Tal vez, pues si Wheel y Sunset morían, Jack y yo nos convertiríamos automáticamente en finalistas, lo que nos obligaría a enzarzarnos en una lucha a muerte hasta que uno de los dos matase al otro. ¿Sería yo capaz de matar a Jack, llegado el momento? Tal vez sí, o tal vez no; aunque de hacerlo, duda que pudiera mirar a los Wood a la cara a mi regreso al Distrito 12.
Me quedé pensativa, rumiando esa idea en completo silencio, pensando en todo lo que había cambiado en el transcurso de los Juegos. Me estaba volviendo completamente salvaje, viendo como barajaba la opción de matar a mi mejor amigo para poder sobrevivir; dudaba que Jack tuviera semejantes pensamientos. Aunque, ¿y si al final él mismo me atacaba, impulsado por el instinto de supervivencia? Según se decía, las personas cambian en situaciones extremas, y no se me ocurría nada más extremo que este duro presente, que este inmenso campo de batalla donde nos obligaban a matarnos entre nosotros.
Suspiré para mis adentros, mientras me tapaba la cabeza con las manos. No era conveniente que me embarcase en semejantes dilemas, no al menos mientras aún hubiera la opción de que alguno de los dos muriera antes de que fuéramos finalistas. No olvidaba que Wheel y Sunset seguían en pie, y que tal vez uno de ellos nos atacase y se llevase por delante a uno de nosotros. Jamás lo admitiría en viva voz, pues iría en contra de mi faceta de chica dura mostrada a los patrocinadores, pero lo cierto es que estaba deseando que los Juegos tocasen a su término, cuanto antes mejor. Mientras permanecía en el Distrito, engañada por la publicidad de los mismos que hacía el Capitolio, me imaginé que mi paso por los Juegos sería emocionante, pero al mismo tiempo tan sencillo como un simple paseo por el bosque. Nunca me había parado a pensar en que tal vez sufriera hambre, frío, dolor, heridas; siempre me veía como una ganadora que salía completamente ilesa de la arena. Ahí había sido demasiado ingenua, si había de ser sincera, pues el año pasado la vencedora había sido sacada del estadio casi agonizante.
Pero, ahora se me planteaba otra pregunta: ¿qué sería de mi vida si ganaba los Juegos? Siempre, cuando hacía planes de futuro, soñaba con que los ganaba y así mi padre dejaba de trabajar en la mina y mi familia dejaría la pobreza de la Veta para trasladarse a la opulencia de la Aldea de los Vencedores, pero nada más. ¿A qué dedicaría mi tiempo cuando no tuviera que cazar ni entrenarme para los Juegos? Iba a tener demasiadas horas libres a mi disposición, demasiadas horas vacías que no iba a saber como llenarlas. Y luego, estaba otro detalle que había pasado por alto, si ganaba, tendría que volver año tras año al Capitolio, acompañando a los tributos de mi distrito, para ejercer el papel de mentora. Tal vez a Dust lo apartaran de aquel puesto si yo salía viva, puesto que ahora el Distrito 12 tendría a una verdadera ganadora. ¿Volvería Dust a su antiguo empleo, fuera cual fuese, o seguiría viniendo conmigo, para ayudarme en mis negociaciones? Ni idea.
Perdida en mis pensamientos, no había visto el avance de la luna en el firmamento. Debía de haber pasado casi toda la noche en vela, puesto que el satélite ya se estaba escondiendo y las estrellas se habían desvanecido. Seguramente estábamos en esas horas tan oscuras que hay entre el final de la noche y el amanecer, las horas en las que, según mi madre, aparecían los mayores fantasmas de cada uno, porque eran las más oscuras. De pequeña, movida por la curiosidad, siempre le decía que quería ver a esos fantasmas, comentario que la hacía reír. No sabía por qué motivo, imaginaba a esos seres que tanto asustaban a los demás críos como figuras trémulas de luz, que no venían con malas intenciones. Cuando crecí, comprendí que no se refería a esos seres neblinosos que salían en los libros de terror que teníamos en la biblioteca del colegio, sino a los temores que cada persona pudiera tener; desde ese momento, los fantasmas dejaron de parecerme “simpáticos” para parecerme desagradables.
Un murmullo a los pies del árbol, me hizo incorporarme de un brinco. ¿Acaso los Vigilantes volvían a mandarnos algo? Fuera lo que fuera, sin dudas sería un fantasma mucho peor que cualquier miedo que se me pasara por la cabeza, no olvidaba a los cuervos, y mucho menos a los esqueletos. Con cuidado, me deslicé hacia el borde de la rama, viendo gracias a las gafas como una figura humana caminaba con firmeza por el bosque, tratando de no hacer ruido sobre la nieve. A pesar de la oscuridad, aquellos cristales me permitieron ver que se trataba de Wheel. ¿Qué haría rondando por el bosque a tan altas horas de la madrugada? Ni idea, pero me alegraba de no haberme quedado a los pies del árbol, donde nos podría haber matado con absoluta tranquilidad.
-Jack-musité en el oído de mi compañero dormido, mientras que le tapaba la boca con una mano para que no chillase o hiciera algún ruido-Jack, Wheel ha venido.

miércoles, 29 de agosto de 2012

CAPÍTULO 30


Estaba claro que nuestro descanso no era lo que los Vigilantes querían, sino que entrásemos en batalla, o al menos, que sufriéramos un poco, después de este par de días sin algún suceso interesante, al menos por nuestra parte. Claro, ahora que quedábamos tan pocos, lo que el público quería era muerte y sangre a mansalvas, y seguramente, estando tan dispersos como podíamos estar, nos tratarían de reunir.
Jack se incorporó de un brinco ante mi grito, mientras que los pájaros, volando de un modo endiabladamente veloz, se nos echaban encima, justo cuando yo intentaba recoger mis armas y mi mochila. Lo más sensato habría sido dejarlo todo y salir corriendo, pero no podía abandonar los únicos medios de abrigo que teníamos, del mismo modo que se me hacía impensable la idea de irme sin el arco y el carcaj; su uso me era muy útil, a pesar de preferir el lanzamiento de cuchillos. Ir por la arena sin algo para llevar provisiones era una estupidez, del mismo modo que era ir dejando armas por ahí, donde cualquier otro tributo podía encontrarla y usarla posteriormente contra mí.
Ahora que tenía a aquellas aves más cerca, podía ver que eran una especie de cruce entre cuervos y algún tipo de pájaro de presa, pues aunque tenían el negro plumaje de los cuervos, sus picos y sus garras no eran las de estas aves. Estaba claro que eran mutaciones, pájaros creados en algún laboratorio del Capitolio, que nos echaban encima por pura diversión.
Un grito de dolor proveniente de mi compañero me hizo envararme por completo, me giré para ver como Jack trataba de alejar a aquellos pájaros, mientras que la nieve que había a sus pies se manchaba de rojo, por culpa de la sangre que le goteaba desde la cara.
-¡Los ojos!-gritó, mientras se tapaba la cabeza con los brazos y corría en esos momentos en dirección hacia mí, cogiendo mi cabeza y apretándola contra su pecho-¡Protégete los ojos!
Sentí gotear la sangre sobre mi coronilla, mientras que notaba como las garras de aquellos pájaros rasgaban la tela de mi abrigo, con unos cortes tan profundos que las sentía incluso arañar mi piel. Al mismo tiempo, sus picos rebotaban en mi cráneo, en mis manos, en cualquier parte de mi anatomía que estuviera a su alcance, mientras que sus horribles graznidos rebotaban en mis oídos, llegándome hasta el cerebro incluso, pues eran terriblemente intensos.
Jack tiraba de mí en dirección al bosque, sin soltar el agarre que había hecho sobre mi cabeza, impidiendo que pudiera moverme con normalidad, o que lograse alcanzar el arco para alejar a aquellos mutos. Sentía como las aves, sin dejar de graznar, se cebaban con él, pues de vez en cuando gemía o mascullaba alguna maldición. Si no tuviera que tenerme contra su pecho como me tenía, podríamos echar a correr hasta parapetarnos entre los árboles, pero su agarre nos obligaba a ir mucho más despacio de lo conveniente.
-¡Jack, suéltame la cabeza de una jodida vez y déjame correr!-exclamé, un poco cansada de que me protegiera de esa manera tan absurda, pues me hacía sentir débil, cosa que detestaba a más no poder. De los dos yo era la fuerte, la aguerrida, y que me tuviera de esa forma, como si no fuera más que una pobre chica sin medio alguno, me ponía de mal humor.
-¡No lo pienso hacer!-me contestó, para acto seguido soltar un nuevo grito. Bien, pues si él no me soltaba, me soltaría yo misma, aunque tuviera que arrancarle los dedos a mordiscos.
Un nuevo picotazo encontró asilo en la parte posterior de mi cuello, haciéndome gritar de dolor, sonido que tal vez enterneció a Jack, pues sentí como la presión de su brazo contra mi espalda disminuía un poco, tal vez intentando tapar la zona expuesta que estaba siendo atacada en esos momentos. Fue la ocasión perfecta para zafarme, apoyé ambas manos contra su pecho y usando toda la fuerza física que pudiera quedarme, me alejé de él, justo a tiempo para ver durante una fracción de segundo su rostro, lleno de la sangre que le manaba de la cuenca vacía del ojo derecho. Ahora entendía el grito que me había dado antes, del mismo modo que comprendía su obsesión por mantener mi cara contra su pecho. Me estaba protegiendo los ojos, el blanco principal, seguramente, de aquellos mutos. Claro, ¡era lógico a más no poder! Si nos cegaban, acabaríamos dando tumbos por la arena, a merced de los demás tributos, de tal modo que las posibilidades de sobrevivir que nos quedarían serían muy pocas.
-Corre al bosque-musité-Yo iré contigo, no te preocupes. ¡Vamos!
En el mísero tiempo que había tardado en decir esas palabras, un muto había conseguido cortarme en la mejilla con sus garras, un tajo que casi tocaba mi ojo izquierdo. Fue el aliciente que tal vez Jack necesitaba, pues tapándose la cuenca vacía, tomó la mano que le tendí para que no me perdiera de vista en aquel pandemónium, y ambos echamos a correr, yo tirando de él, como hizo conmigo cuando me sacó del hielo.
Los pocos pasos que nos separaban del bosque se me hacían eternos mientras obligaba a mis piernas a moverse, ignorando las punzadas que me daba la herida que me había hecho Sand, ignorando el dolor de mi brazo herido por Sunset, olvidando momentáneamente el escozor de los arañazos y de los picotazos que tenía por todo el cuerpo, mientras corría, corría y seguía corriendo, sosteniendo la mano de Jack, entrando entre los primeros árboles, dejando a un lado mi miedo hacia aquel bosque. La desesperación de haber visto a mi compañero tuerto de un ojo me había dado fuerzas para poder arrastrarle tras de mí hacia el interior del bosque, dejando a nuestras espaldas aquel pacífico lago y los graznidos de los cuervos. Ahora estábamos todos, tal vez, en el interior de la misma zona de la arena.
No dejé de correr hasta que los gritos de los mutos se silenciaron, momento en el que caí de rodillas, sintiendo como mi estómago se contraía, molesto tal vez por el esfuerzo al que me había sometido al escapar de aquellos seres. Notaba la boca llena de saliva, por lo que supe que el vómito sería casi inmediato.
Eché fuera el pescado y lo que quedaba de las provisiones que habíamos ingerido, mientras que mis brazos y mis piernas temblaban de puro agotamiento. No sabía que estaría haciendo Jack, pero esperaba recuperarme pronto de las náuseas para poder intentar curarle lo que quedaba de ojo, o al menos desinfectar la herida con alcohol.
Me limpié la boca con el dorso de una mano, para luego remover la nieve, tapando así el vómito. Me vino a la memoria la imagen de Silk, en una situación muy similar a la mía, en este mismo bosque, tapando su vómito de corteza con la nieve, del mismo modo que estaba haciendo yo ahora. Parecía una escena de otros Juegos, de otros tributos tal vez, no de esta arena, ni de mi persona. ¿Quién le iba a decir en aquel momento que en cuestión de cuatro días iba a estar muerta?
Las arcadas parecían haber remitido, de tal modo que me incorporé, viendo a Jack postrado a los pies de un árbol, temblando de pies a cabeza. Con pasos vacilantes, me acerqué a él, para retirarle luego la mano de la cuenca vacía de su ojo casi con ternura. No olvidaba que me había protegido, que me había salvado una vez más, lo cual me llenaba de cierta confusión. ¿Acaso Jack sería capaz de renunciar a la victoria, y por tanto a su vida, para convertirme en ganadora?
-¿Estás de una pieza?-me preguntó con voz débil, pero con una leve sonrisa curvando sus labios.
-Si estar llena de agujeros es estar de una pieza, entonces sí-contesté, mientras que de forma inconsciente, me llevaba una mano a la nuca, donde sentí el agujero que el pico del muto había hecho. Había tenido suerte de que no hubiera picado en la zona de las vértebras y me hubiera inutilizado de cabeza para abajo, pues en ese caso, ya estaría condenada a una muerte segura-Vamos a ver ese ojo…
No sabía bien como debería actuar para curar aquella herida, pues en el Centro de Entrenamiento no habíamos abordado ese tipo de tratamientos. Temía que, de no limpiársela, se le infectara, aunque no creía que hubiera nada ahí que se le pudiera infectar, teniendo en cuenta que los mutos le habían ¿arrancado, reventado? el ojo.
-Gracias-musité mientras buscaba en mi mochila las vendas y el bote de alcohol-Ya es la tercera vez que intercedes por mí.
-Lo haría más veces, que no te quepa duda-me respondió, a lo que esbocé una mueca. Me incomodaban ese tipo de comentarios, sobre todo porque me recordaban a su confesión sobre sus sentimientos hacia mí el otro día.
-Cierra el pico, necesito concentrarme para saber que puedo hacer con tu ojo-repuse, mientras sostenía el bote de alcohol en una mano. Me daba algo de aprensión tener que verter aquel líquido en un sitio donde hacía unos pocos minutos había habido un ojo en perfecto estado, pero me tragué el asco para verter un chorro del líquido en la cuenca. Jack se retorció, apretando los dientes, pero sin emitir una sola queja, lo cual me pareció muy loable, puesto que dudaba que yo hubiera sido capaz de soportar aquel tormento en silencio.
-Una vez más-dije, para que se preparara, y volví a verter de nuevo el alcohol en el agujero-Listo-añadí, tomando una venda y usándola para tapar el ojo vacío-No sé si he hecho lo correcto, pero es lo máximo que puedo hacer con los conocimientos y los medios que tengo a mano.
-Tu turno-repuso Jack, cogiéndome de la parte superior del ajado abrigo y girándome para poder ver las heridas que me habían hecho-Te han arañado toda la espalda-musitó-Voy a limpiarte las heridas, ¿de acuerdo?
Le pasé el bote de alcohol, y noté como comenzaba a aplicar el líquido sobre mi espalda y mi nuca. Me mordí el dorso de la mano, conteniendo el grito que pugnaba por salir, mientras que sentía como la piel herida quemaba y escocía al contacto con el alcohol. Estaba concentrada en no chillar, pero cuando el sonido de un cañonazo rompió el aire de la tarde, el grito que controlaba por acallar, salió de mis labios. ¡Había caído otro tributo, solo quedábamos cuatro!
-¿Quién habrá sido ahora?-pregunté, mientras que Jack suspiraba y me tendía de nuevo la botella, después de haberme echado unas gotitas de alcohol en la mejilla.
-Se nos ha acabado el alcohol-dijo.
-Bueno, tal vez no tengamos que volver a necesitarlo-dije en un susurro. Cuatro. Solo quedábamos cuatro en la arena, estaba a tres personas de poder volver a casa. Siempre había pensado que podía ganar los Juegos, y ahora la posibilidad era verdaderamente alta, teniendo en cuenta que estábamos en igualdad de condiciones la otra alianza y nosotros. Era un dos contra dos, y seguramente, pronto nos veríamos las caras.
-Sí-me respondió-Tal vez dentro de poco, todo esto acabe de una vez; estoy deseando que llegue a su término. Sea lo que sea que haya después de la muerte, seguro que es mejor que este infierno.
Me quedé de una pieza ante esas palabras. Jack estaba dando por sentado que no iba a ganar, que iba a morir, y eso no me hacía gracia, aunque tampoco me gustaba la idea de que mi muerte fuera inminente. Pero no pensaba dejarlo tener esos pensamientos, del mismo modo que él no me había dejado rendirme cuando mi hermano murió.
-Tal vez salgas vivo de aquí-sugerí, a lo que él contestó con una carcajada.
-No cuela, Chrys-señaló-Ambos sabemos que eres la que tienes más opciones; las has tenido desde que llegaste al Capitolio.
-He estado a punto de morir en muchas ocasiones-rebatí-Así que sigo aquí por puro milagro; bien puedo morir a la siguiente.
Jack negó con la cabeza, mientras que se llevaba una mano al vendaje, que se le había vuelto a empapar de sangre.
-Vas a ganar-me dijo con seguridad-Vas a ganar y vas a volver al Distrito 12 con la cabeza bien alta, con el título de vencedora bajo el brazo y la diadema del ganador sobre tu frente.
-No me regales el oído anda-bromeé, mientras le acomodaba el abrigo, que estaba tan destrozado como el mío, ofreciendo poca protección contra el frío, por lo que extraje la manta de la mochila y se la eché por encima-Quédate ahí quieto mientras busco algo de comer, ¿vale?
No quise alejarme mucho, por lo que me conformé con arrancar varios trozos de corteza, que comimos con calma, masticándolos despacio, con la intención de que nos durasen. Me costó mantener el autocontrol, debido a que la comida de la mañana había acabado fuera de mi cuerpo, mas al final Jack acabó cediéndome sus porciones sin más miramientos.
Nos mantuvimos despiertos el uno al otro contando adivinanzas, mientras la noche se instalaba sobre nuestras cabezas y el bosque se llenaba de extraños murmullos. Al poco tiempo de salir la luna, comenzó el himno, y vimos en el cielo el rostro de Leaf. Aunque debería alegrarme por tener un contrincante menos, la imagen de ese rostro infantil me puso el corazón en un puño, pensando en ese niño y en sus cortos años de vida. Nunca crecería, nunca volvería a reunirse con su familia, nunca experimentaría los placeres que la vida trae consigo de la mano, el Capitolio lo había privado de todo ello. Ahora que su muerte había tenido lugar, quedábamos cuatro personas en el estadio, y dos de ellas éramos del Distrito 12. Teníamos muchas posibilidades para ser el distrito con el siguiente vencedor.


CAPÍTULO 29


Saber que han diezmado a tu alianza y que eres la única de la misma que sigue en el estadio, era un tanto extraño, por no decir incluso turbador. Cuando los Juegos aún estaban por comenzar, sospechaba que, de llegar a los últimos concursantes, seguramente tendría que vérmelas con varios profesionales, que me atacarían una vez rota la alianza; mas nunca llegué a pensar que yo sería la única que ostentara tal título en la arena cuando quedábamos tan pocos.
Cinco tributos, a eso se reducía todo ahora, seguro que en el Capitolio las apuestas se estaban poniendo interesantes, puesto que muchos de los favoritos habían caído, mientras que algunos tributos por los que yo, al menos, nunca habría dado ni una mísera moneda, como Leaf, seguían en pie.
¿Cuánto tiempo más le quedaban a estos Juegos antes de que uno de nosotros saliera vivo del estadio? De momento, llevábamos nueve días, diez si contábamos ya la jornada que aún no se había iniciado; el año pasado no llegaron a durar más de dos semanas, y por lo que recordaba, Marcus, en los entrenamientos, aseguró que “en dos semanas, veintitrés de nosotros estaríamos muertos”, por lo que eso me indicaba que tal vez, nos estuviéramos acercando al final de aquella competición. No dudaba sobre el hecho de que, si alguno de nosotros no caía en un día o dos, nos juntarían para que nos enfrentásemos y acabásemos de una vez.
Suspiré, para mis adentros, consciente de lo que eso significaba. Tal vez a Jack y a mí nos quedaba poco tiempo de vida, tal vez ninguno de los dos abandonase con vida el estadio, aunque yo por lo menos pensaba presentar batalla hasta que las fuerzas me fallasen. No había sobrevivido todos estos días para acabar dejándome matar, como casi hice con Sand; trataría de ganar, costase lo que me costase… o, de no poder conseguirlo yo, que ganara Jack.
-Supongo que debería alegrarme de que no tengamos ningún rival potencialmente peligroso-musité, mirando a mi compañero-Pero tengo sentimientos encontrados al respecto de la muerte de Daph; mi relación con ella no era tan estrecha como la que tenía con Silk, mas era una aliada magnífica.
-¿Cómo crees que murió?-inquirió Jack. Su pregunta me hizo abrir los ojos, algo sorprendida, porque no era algo que esperaba escuchar de él; era una cuestión demasiado desagradable que era más propia de mí, a fe de ser sincera. Aunque ahora que me lo planteaba, no sabía como evitarla.
-No lo sé-contesté-Tal vez la matase Leaf o quizás Wheel o Sunset; tal vez la atacaron los esqueletos, o simplemente murió de inanición o frío. Opciones hay muchas, si te pones a analizarlas.
Jack asintió en silencio, cruzándose de brazos, mientras que un leve copo de nieve caía sobre su oscuro cabello, seguido al poco tiempo de otro, y otro y otro. Volvía a nevar, y el recuerdo de la anterior tormenta de nieve me hizo comenzar a preocuparme, puesto que ahora no contaba con las ventajas que había tenido antes. ¿Y si nos volvían a soltar un temporal y moríamos congelados? La mera idea me hizo incorporarme, como si me hubieran descargado una corriente eléctrica, al mismo tiempo que miraba con aprensión los muros de nieve que habíamos construido, los cuales nos protegían del viento, pero no del frío.
-Jack, una pregunta-dije con la voz tensa-Hace unos días, cuando nevó de esa forma tan intensa, ¿cómo lograsteis sobrevivir estando a la interperie?
Jack me miró fijamente unos segundos, y luego, para mi sorpresa, sonrió levemente, mientras se incorporaba del suelo donde había estado sentado y cogía un puñado de nieve del mismo, enseñándomelo.
-Con esto-contestó.
-¿Me tomas por idiota o qué?-respondí automáticamente-¿Cómo pretendes hacerme creer que has sobrevivido a temperaturas gélidas usando “nieve”?-añadí, haciendo comillas con los dedos en esta última palabra.
-Wheel construyó un refugio con nieve-me contestó, a lo que solté una carcajada desdeñosa. ¿Un refugio con nieve? Por favor, eso no se lo creía ni el más pintado, dudaba que una construcción hecha con ese material tan frío pudiera preservar a una persona de una verdadera tormenta-El aire no entraba en su interior, por lo que se estaba bastante bien, además nos calentábamos unos a otros-protestó Jack-¿A que viene ese repentino interés por saber como salimos de la ventisca, si se puede saber?
-A que está nevando de nuevo, ¿o es que no tienes ojos en la cara?-inquirí, señalando hacia el cielo.
-Si te soy sincero, no creo que vaya a haber otra ventisca en tan poco espacio de tiempo, y menos ahora, que quedamos tan pocos y seguramente nos querrán ver luchar, no encogernos de frío. Así que deja de preocuparte de una vez por algo que tal vez no pase.
Refunfuñando para mí, me senté lo más pegada al muro de nieve que me daba mi trasero, encogiendo las piernas debajo de mi cuerpo y cruzándome de brazos. Jack podía tener muchas virtudes, pero desde luego, carecía de instinto de supervivencia; había llegado hasta este punto de los Juegos, seguramente, porque las personas con las que se había aliado, teníamos alguna idea que otra sobre como mantenernos vivos.

Sin embargo, a la mañana siguiente, pude constatar que Jack tenía razón, pues aunque seguía nevando, los copos caían con una cadencia apacible, casi de ensueño, como lo hacían en esas bolas decorativas que vendían en la ciudad, que tenían un paisaje dentro y si la agitabas, nevaba sobre él.
-Supongo que tengo todo el derecho del mundo a decir “te lo dije”, ¿no?-inquirió Jack mientras yo guardaba en mi mochila la manta y el saco de dormir, aunque me negué a darle el gusto de obtener una respuesta por mi parte.
-Déjate de cháchara y pongámonos en camino-repuse una vez que hube comprobado que el cierre de la mochila estaba bien efectuado y me la puse sobre los hombros-Con algo de suerte, tal vez logremos llegar al bosque antes de que acabe el día.
No habíamos tocado nada de las provisiones, puesto que después de la cena de anoche, consideramos que podríamos aguantar sin comer hasta mediodía, o hasta la noche si nos poníamos especialmente ahorradores. La sopa nos había dado fuerzas, y ya no caminábamos movidos solo por la desesperación de encontrar alimento, sino con la certeza de que podíamos resistir algunos días más, lo cual nos hacía verlo todo bajo otro punto de vista, o al menos yo lo hacía. Ayer no dejaba de preguntarme sobre cuantos días podía aguantar una persona con poco alimento y no parando de caminar, rogando para que fuéramos capaces de terminar aquel viaje antes de que el hambre nos matase. Hoy, sin embargo, lo veía todo más positivo, estaba casi segura de que podríamos llegar al bosque, y confiaba en que una vez allí no estuviéramos faltos de alimento.
Caminamos toda la mañana, hasta que, cuando el sol se encontraba en su punto álgido, decidimos parar para beber algo y descansar las piernas; la comida decidimos reservarla nuevamente. Después de aquel alto, volvimos a ponernos en marcha, hasta que el sol se ocultó bajo el horizonte y decidimos que, por aquella jornada, ya habíamos caminado lo suficiente.
-Tenemos que estar cerca-musitó Jack aquella noche, mientras se acurrucaba en su saco de dormir-Ya tenemos que estar cerca, las montañas tienen que terminar en algún momento.
No habíamos escuchado ningún cañonazo durante el día, por lo que esa noche, el cielo estuvo libre de rostros, lo cual me comenzó a preocupar. Si no había habido ninguna muerte, seguramente nos espolearían para que nos matásemos entre nosotros, o nos mandarían algún tipo de ataque o muto para vernos sufrir. Y esa idea no me agradaba en absoluto, porque ¿cómo iba a defenderme de los esqueletos? Prefería no pensar en que tal vez tuviera que hacerlo.

Cuando rompió el día, continuamos la marcha, en silencio, sin apenas cruzar palabra. Acabábamos de comernos dos barritas de cereales, de tal modo que únicamente nos quedaba un poco de carne y una barrita. Deberíamos llegar al bosque mañana como muy tarde si no queríamos acabar muertos por inanición; dudaba que en esta ocasión Dust nos enviara algo, porque a la altura de los Juegos a la que estábamos, todo debía costar una suma exorbitante.
-Pienso ponerme morado a piñones en cuanto lleguemos-aseguró Jack con firmeza, mientras caminaba constantemente, sin permitirse un solo tropiezo.
-Yo daría lo que fuera por poder comer algún trozo de carne asada-suspiré-Estoy harta de comer cosas medio crudas o desecadas.
-Se echan de menos las comidas en el Capitolio, ¿eh?-me rebatió él con una risita-Hay que admitir que algunos platos eran espectaculares, como esa sopa de pescado que nos sirvieron la noche en que llegamos al Centro de Entrenamiento.
-Yo me quedaría mejor con esos dulces de arándanos que nos daban en el desayuno-dije con cierto anhelo-Estaban calentitos cuando te los ponían en el plato, y al cortarlos con el tenedor, se les salía incluso el relleno, de todo lo que tenían.
Volvimos a sumirnos en un silencio roto solo por el sonido de nuestras pisadas, mientras nos internábamos en un estrecho paso formado por dos enormes montañas, que se alzaban a nuestros lados como amenazadoras moles de piedra. ¿Habría más después de salir de aquel desfiladero? Seguramente, seguro que al salir no había más que otras montañas, y luego otras, y otras, y otras…
-¡Chrysta, no me lo puedo creer! ¡Lo hemos conseguido, mira!
Jack, que había entrado en el desfiladero delante de mí, parecía haber llegado al otro lado, y sus gritos me hicieron sospechar de que tal vez las montañas habían quedado definitivamente atrás. Impulsada por esa idea, eché a correr, hasta salir a una especie de elevación, que dominaba el paisaje más bonito ante mis ojos, cansados ya de ver montañas. Era una especie de hondonada, dominada por un lago que brillaba ante los tímidos rayos del sol que asomaban entre las nubes, el cual estaba bordeado por un lado por las montañas que acabábamos de abandonar, y por el otro, por el bosque. Tal vez hubiera peces en aquel lago, tal vez no tuviéramos que internarnos entre los árboles, lo cual redondearía todo.
La superficie del lago no estaba helada, lo cual me hizo sospechar que los Vigilantes habían controlado de alguna manera aquel lugar para que el frío no formase capas de hielo.
-No sabes lo que agradezco ver algo de verde, en vez de ese eterno gris roca-musité.
Descendimos a buen paso hasta el lago, donde construimos con mecánica costumbre un nuevo ventisquero, para luego, cortar trozos de la corteza de los pinos que bordeaban la orilla, los cuales devoramos casi con desesperación, lo mismo que hicimos con la carne y la barrita que nos quedaba. Una vez que logramos llenar nuestros estómagos, me acerqué a las límpidas aguas, donde logré pescar un par de peces que nos comimos crudos, mientras en el estadio iba cayendo la tarde. No me podía creer que finalmente acabáramos saliendo de la trampa que habían supuesto las montañas, que hubiéramos llegado a un sitio tan apacible como era aquel lago, oculto entre las montañas y el bosque.
-¿Sabes una cosa, Chrysta?-me preguntó Jack, una vez que hubimos terminado de comer y hubiéramos lanzado los restos de los pescados al lago-Ha merecido la pena todo lo que hemos pasado, porque este sitio, a mi parecer, no tiene precio.
-No tengo nada que objetar-repuse, estirándome cómodamente sobre la nieve, dejando que mis doloridos pies tuvieran un merecido descanso. Mañana volveríamos a pescar, y comeríamos hasta reventar, recuperando así las fuerzas que habíamos perdido en estos días previos. Puede que incluso me atreviera a hacer una leve incursión en el bosque para buscar piñones y demás cosas comestibles que pudiéramos llevar, y luego, cuando ya estuviéramos más restablecidos, podríamos ir a buscar a los otros, volviendo así a los Juegos…
Sonreí levemente ante la idea de volver a la dinámica, puesto que esperaba que en esta ocasión podría matar a Sunset, cuando vi como una especie de nube oscura se iba acercando por el cielo hacia nosotros, haciendo un horrible sonido mientras avanzaba impasible por el firmamento. Sonaba parecido a… ¿graznidos?
-¡Mutos!-exclamé, cuando aquella masa chillona se acercó lo suficiente y pude ver los afilados picos que destacaban en los rostros de unos pájaros enormes. Los Vigilantes volvían a la carga.

domingo, 26 de agosto de 2012

CAPÍTULO 28


Una única palabra rebotaba en mi cabeza mientras trababa de asumir todo lo que acababa de descubrir: error. Sí, a mi parecer, era un absoluto error mezclar los sentimientos con la supervivencia en la arena, teniendo en cuenta que aquí no solo nos arriesgábamos a vernos frustrados por no ser correspondidos, sino que jugábamos con nuestras propias vidas. El amor era una debilidad, o al menos yo lo veía así, pues me daba una ventaja casi inmediata sobre Jack. Por ejemplo, yo podría escenificar que sentía lo mismo por él, acercarme para abrazarle o besarle, y clavarle el cuchillo en la espalda antes de que tuviera tiempo de reaccionar ante mi ataque. Obviamente, no iba a realizar tal cosa, al menos no de momento, puesto que era consciente de que sería la primera perjudicada de hacer semejante tontería. ¿Acaso quería quedarme sin un aliado en un estadio lleno de enemigos? No, ni hablar.
Miré a Jack, intentando no demostrar en mi rostro lo poco que me agradaba todo aquello, aunque ya sabía que era imposible ocultarle nada a aquel chico. A veces me daba la impresión de que me conocía mejor que yo misma.
-¿En serio no te habías dado cuenta?-inquirió, un tanto frustrado-Te tenía por alguien más suspicaz, Chrysta.
-Tú ya sabes lo que yo pienso de los sentimientos-respondí de forma automática. Desde que murió mi hermano, me había distanciado con bastante éxito de sentirme atada emocionalmente a otras personas, por temor a sufrir un dolor semejante al que su fallecimiento me había causado. Es cierto que al final, ese intento no había sido lo bueno que yo esperaba, puesto que Silk había acabado haciéndose amiga mía, lo mismo que le había sucedido a Jack. Pero por mucho que ellos hubieran conseguido superar esa barrera, no quería decir que yo hubiera dado mi brazo a torcer con rapidez. Jack, para mí, era una especie de un sucedáneo de Nick, mi hermano, pero nada más. No podía mirarle con ojos románticos, más que nada porque consideraba ese sentimiento una pérdida de tiempo, además de una fuente de sufrimiento. ¿Acaso si me enamoraba iba a conseguir más comida para mi familia, o que mi padre pudiera dejar la mina? No, así de sencillo. Para mí, el amor era algo completamente prescindible.
-Puedes pensar lo que quieras, pero suponía que, por muy fría que intentases demostrar que eres, tendrías algo ahí dentro, aunque sea escondido-repuso señalando mi pecho-Está claro que en ese aspecto sí me equivoqué.
-Jack-repuse, exasperada-No hagas todo esto más complicado de lo que ya es. Mira a tu alrededor, ¿es que has olvidado donde nos encontramos? ¡Estamos en los Juegos del Hambre, Jack, aquí los sentimientos no tienen lugar! Bastante duros son ya de por si, cuando tienes que ver como tus aliados van cayendo uno tras otros, para que encima metas el amor en todo esto, ¿no te parece?
Nos quedamos en silencio. Por un lado, me sentía molesta conmigo misma y con él por haber tenido que sacar ese tema, un tema tan condenadamente espinoso. Ya se podría haber quedado callado, haberme dicho una mentira sobre Sunset, o simplemente, parte de la verdad, pero claro, Jack Wood jamás mentía, no lo había olvidado. Era la sinceridad personificada, más de una vez me había puesto de los nervios con esa faceta de su comportamiento.
Al menos, había comprendido un poco el modo por el cual Sunset actuaba de esa forma conmigo, estaba celosa de mí por haber conseguido sin apenas mover un dedo la atención de Jack. Si había de ser sincera, consideraba su reacción desmedida, pues ¿acaso esperaba que, de estar muerta yo, Jack la colmaría de atenciones? Y de ser así, ¿había olvidado que del estadio solo uno de nosotros iba a salir con vida? Traté de imaginarme como debía de sentirse la chica del 11 en estos momentos, con Jack fuera de su alianza, sabiendo que estaba vivo pero que la había dejado al irse conmigo, con la chica a la que ella más odia porque tiene lo único que verdaderamente ansía en este maldito lugar… eso me daba una fuerte ventaja sobre ella, puesto que si Jack salía en mi defensa la próxima vez que nos encontrásemos, seguramente Sunset se lo pensaría dos veces a la hora de atacar, vacilación que yo podría usar para acabar con ella finalmente.
-Me parece que ya hemos hecho bastante por hoy-dijo Jack de repente-¿Qué tal si duermes un poco? Yo puedo encargarme de la primera guardia.
-No te irás a quedar dormido, ¿no?-inquirí con desconfianza.
-Oh, vamos, me conoces lo suficiente como para saber que soy un hombre de palabra-Jack pescó mi mochila y rebuscó en su interior hasta que encontró el saco de dormir. Lo lanzó en mi dirección, pero yo no estaba pendiente de aquel objeto, sino de unas gafas oscuras que habían caído sobre la manta con la que se tapaba Jack. Había olvidado que esas gafas venían en la mochila, aunque la verdad, tampoco les veía mucha utilidad en esta arena, donde el tiempo mayoritariamente estaba nublado y el sol brillaba en escasas ocasiones-¿Y esto?-preguntó con curiosidad, tomando las gafas y observándolas.
-Venían con la mochila-contesté, sin muchas ganas de hablar. Por lo menos ya había dejado el tema de “los sentimientos” al margen, lo cual agradecía sobremanera-No me acordaba de que aún las tenía.
-Me pregunto si me quedarán bien-musitó él con una leve risita, para luego ponérselas. Su expresión cambió de la sonrisa burlona que tenía antes a un gesto sorprendido.
-¿Qué pasa?-pregunté, extrañada ante su reacción.
-Puedo ver en la oscuridad-dijo casi sin voz-¡No son unas gafas de sol, sino que están adaptadas para que su portador pueda ver cuando apenas si hay luz!
-No me lo creo-dije alargando la mano y quitándoselas-Seguro que es otra de tus bromitas o algo por el estilo, y lo voy a demostrar-repuse, poniéndomelas yo. Y he aquí que tuve que morderme la lengua y tragarme el orgullo una vez más, porque veía con total nitidez lo que nos rodeaba, como si me encontrase a plena luz del día. Esas gafas eran una nueva herramienta que daban un leve vuelco a mi situación; ahora no tendría que depender del sol para poder actuar, sino que podría cazar por la noche, como si fuera un búho.
Acababa de descubrir mi nueva táctica de ataque.

A la mañana siguiente, nuestros estómagos no dejaban de rugir mientras guardábamos el saco y la manta en mi mochila y comíamos un pequeño pedazo de carne para distraer el estómago. Así no podíamos seguir mucho tiempo más, necesitábamos cazar algo, lo que fuera, para poder alimentarnos medianamente, o de lo contrario acabaríamos muriendo.
Dejamos atrás las colinas y nos internamos en las montañas, vigilando cualquier zona que pudiera prometer cualquier tipo de comida, ya fuera algún animal o simplemente bayas o por el estilo. Pero no encontramos nada, solo puñados de musgo que conformaban los parches de color verde que ayer había visto al caer la noche, y aunque tratamos de intentar comer el musgo, no nos fue muy allá, pues las plantas estaban raquíticas y cuando tratamos de comérnoslas, se nos deshacían prácticamente en nuestros dedos. A pesar de que probamos suerte durante toda la jornada, no pudimos conseguir nada que llevarnos a la boca. Esa gélida noche, pasamos hambre, y el cielo estuvo libre de tributos fallecidos.
Cuando el sol volvió a salir, tratamos de volver a conseguir algo comestible, pero no tuvimos suerte; fuéramos a donde fuésemos, solo había montañas con esos arbustos de musgo, y nieve, nieve por todas partes. Nos comimos las últimas galletas, y yo comencé a preocuparme seriamente, viendo como solo nos quedaba un poco de carne cruda y dos barras de cereales como comida, y si las devorábamos, no tendríamos nada más con que alimentarnos.
-Podríamos ir al bosque-sugirió Jack la tarde del segundo día, mientras nos sentábamos al pie de una montaña especialmente elevada-allí encontramos mucha comida cuando empezaron los Juegos, Sunset descubrió piñones, y había alguna que otra ardilla por los troncos.
El bosque. Había capeado de nuevo una incursión en el mismo un par de días más, debido a mi idea de marchar hacia las montañas, una idea que no había sido fructífera en absoluto. Los Vigilantes, al diseñar esta arena, debían de haber decidido que la comida solo se encontraría en una zona en concreto, así nos obligarían a tener que ir todos hacia el mismo lugar cuando el hambre apretase. ¿Cuántos días de camino nos llevaría llegar al bosque? No sabía nuestra posición exacta, pues siempre habíamos ido viajando hacia el este, pasando desfiladeros y subiendo por pendientes inclinadas, con la esperanza de encontrar algo que pudiéramos comer, aunque sin éxito. Estaba claro que lo único que podíamos hacer era apretar los dientes y viajar al norte, con la esperanza de llegar al bosque antes de que el hambre hiciera sus estragos con nosotros.
-¿Y si no lo conseguimos?-pregunté-Yo no sé tú, pero con la tormenta pasé varios días comiendo galletitas saladas y cecina, y en estas dos últimas jornadas apenas si me he llevado algo a la boca. No hemos parado de andar en todo este tiempo, y no sabemos cuanto nos puede llevar viajar hasta el norte.
Jack asintió silencioso. Estábamos sentados muy juntos, con la esperanza de mantenernos calentitos con la temperatura de nuestros cuerpos, y ahora veía con claridad lo hundidas que tenía las mejillas, y la capa de mugre que cubría su rostro. Seguro que yo no presentaba un mejor aspecto, me sentía sucia y desaliñada; hacía más de una semana que no me duchaba o me bañaba. Me quité los guantes, que ya habían perdido su tono original debido a la suciedad que los cubría, y examiné mis uñas, que habían crecido considerablemente. Aún conservaba la manicura negra y roja que me habían hecho en el Capitolio, pero estaba ya descascarillada, apenas fija. Con un simple toque de mis dedos, se deshacía en un polvo fino, que se adhería a mi piel. Nunca en mi vida había presentado un aspecto tan descuidado, a pesar de haber crecido en una zona realmente pobre.
-No tenemos otra opción que intentarlo-me respondió-Si no lo hacemos, seguramente nos moriremos de hambre entre estas montañas.
-Creía que habría algo de comida aquí-musité, desganada-Se ve que me he equivocado por completo. Deberíamos habernos ido al bosque.
-Bueno, a lo mejor en el bosque han soltado a los mutos otra vez y ahora estamos a salvo mientras que los demás corren intentando ponerse a salvo de esos sacos de huesos-bromeó Jack-Mira, si ganas podrías llevarle uno de esos bichos a Mizzy, seguro que se divierte de lo lindo con él.
Me imaginé a mi pequeño perrito mordiendo hasta la médula a aquellos mutos. Sin dudas, sería el can más feliz de todo Panem, con un suministro de huesos casi de por vida. Casi podía escuchar sus ladridos de felicidad, y por un momento, añoré su irritante presencia, sus ladriditos de perro, el sonido de sus patitas sobre el suelo de madera de mi casa…
El sonido de un cañonazo nos sobresaltó al mismo tiempo, para luego, casi en un gesto instintivo, llevar yo la mano a uno de mis cuchillos. Alguien, en algún punto de la arena, había muerto, haciendo que solo quedásemos cinco jugadores. ¡Cinco! ¿Quién habría caído esta vez? Ni idea, pero en cuestión de horas sabríamos de quien se trataba, cuando su rostro saliera en el cielo, durante la proyección. Bueno, al menos eso nos supondría un seguro de tranquilidad para esta noche, si había habido una muerte, los Vigilantes tal vez nos dejasen en paz.
-Solo quedamos cinco en pie-musitó Jack, con aspecto algo sobrecogido-Cada vez estamos más cerca de casa. ¿Quién crees que habrá sido esta vez?
-No lo sé-respondí-Y la verdad, no me voy a preocupar hasta esta noche, cuando veamos su rostro en el cielo. Nos guste o no, esa muerte nos ayuda. Ahora, creo que mejor nos ponemos en marcha, si queremos intentar llegar al bosque antes de que nos muramos de hambre.
¿Cuántos días se puede estar con tan poco alimento? Yo llevaba ya cosa de cinco jornadas comiendo poco, por lo que el hambre ya debería estar causando estragos en mi cuerpo. ¿Y Jack? Ni idea, pero estaba muy delgado, y eso no era buena señal. Deberíamos tratar de llegar al bosque en menos de dos días.
Caminábamos lento, con la esperanza de avanzar más por constantes que por rápidos, cuando un suave pitido nos alertó. De forma instintiva, alcé los ojos y vi como un paracaídas plateado caía hacia nosotros, aterrizando a nuestros pies. Traía atada una especie de cesta de buen tamaño, la cual ninguno de los dos osó tocar, como si desconfiásemos de aquel objeto caído del cielo. ¿Qué nos habría enviado Dust? Esperaba, con toda mis ganas, que fuera algo que pudiéramos comer, que nos ayudase a soportar el viaje al norte.
-¿La coges tú?-me preguntó Jack, y ante sus palabras, me agaché, solté el paracaídas de la cesta y abrí, soltando un gemido de alivio al ver su contenido.
-¡Sopa!-exclamé, sacando una olla llena de líquido humeante-¡Sopa y pan!-añadí, descubriendo los pequeños bollitos blancos y calentitos que había en un lateral de la cesta.
Casi sentía deseos de llorar. ¡Teníamos comida, comida caliente, tan caliente que sentía como mis manos ardían por debajo de los guantes! Esta noche podríamos dormir con el estómago lleno, y mañana no nos despertaríamos con los rugidos de nuestras tripas ante la ausencia de alimento. Aquella comida nos ayudaría a poder llegar al bosque, nos mantendría en pie hasta que pudiéramos empezar a cazar nuestro propio alimento. Recordé como el día en que le mostré a Daph el bote de pomada cicatrizante, ella me dijo que era preferible ese tarro a cualquier ración de alimento. Siempre supe que se equivocaba en ese aspecto, y ahora lo comprobaba, pues la mera visión de la olla me había subido los ánimos.
Decidimos acampar al pie de una nueva montaña, alzamos un nuevo ventisquero y nos apresuramos a tomarnos el contenido de la olla. Nos habían enviado un par de cucharas, por lo que tendríamos que meterlas directamente en el recipiente, pero ninguno de los dos puso pegas a ese aspecto. Comimos en silencio, tratando de no ingerir el líquido demasiado rápido para que no nos sentase mal en el estómago. La sopa era consistente y sabrosa, con pasta de fideos flotando en ella, acompañada por trocitos de zanahoria y carne; los bollos estaban crujientes y esponjosos; puede que no fuera la comida más lujosa del mundo, pero después de haber pasado varios días a base de galletas y conservas de carne desecada, aquella sopa me sabía a gloria.
-Deberíamos reservar un poco para mañana-dijo Jack, con la boca llena de pan, hundiendo de nuevo su cuchara en la olla-Pero tengo tanta hambre que me importa un bledo si mañana no tenemos desayuno.
-Apoyo lo dicho-contesté, propinándole un mordisco a mi bollo-No quiero pasarme otra noche escuchando los ruidos de mi estómago, bastante tengo ya con tus ronquidos.
-¿Ronquidos?-preguntó Jack, perplejo-¡Yo no ronco!-se apresuró a añadir.
-Ya, claro-señalé con sarcasmo. La primera noche que pasamos juntos, durante mi turno de guardia, Jack comenzó a roncar con ganas, de una forma tan repentina que hasta me sobresaltó. Y ahí no quedaba la cosa, pues también daba ocasionalmente patadas. De haber estado yo también en el saco de dormir, me habría dejado llena de cardenales.
Terminábamos de rebañar el fondo de la olla con trozos de pan, cuando el cielo, ya oscurecido por la noche, se iluminó con el sello del Capitolio. Ahora sabríamos quien había sido el que había muerto hoy, casi me moría de impaciencia mientras el sello se fundía y daba paso al rostro del tributo fallecido. Y solté un grito cuando vi a Daph, con sus ojos oscuros y su espesa cabellera castaña, mirarme desde el cielo. ¿Cómo había podido morir ella? ¿Acaso Leaf la había matado, como hizo con su compañero? De ser así, ese crío era un verdadero peligro, pues ya había borrado del Juego a dos profesionales.
El sello volvió a aparecer, y luego todo volvió a la oscuridad. Jadeaba de forma involuntaria, mientras me daba cuenta de algo que antes había pasado por alto: toda mi antigua alianza estaba muerta, yo había sido la única que había sobrevivido a los demás. Era la última profesional que quedaba en la arena.

sábado, 25 de agosto de 2012

CAPÍTULO 27


La única descripción que tenía de las montañas era la que habían hecho Marphil y Brass sobre las mismas el día en que Silk y yo nos perdimos en el bosque, y no es que hubiera sido una descripción muy detallada. Si mal no recordaba, solo dijeron donde se encontraban situadas y que no las habían escalado, nada más. No mencionaron si tal vez hubiera comida en ellas, si a lo mejor podríamos encontrar algún refugio en sus laderas, o si su altitud era considerable, pero eso era mejor que nada, y componían el único lugar en el que podríamos probar suerte para buscar comida antes de que osásemos internarnos en el bosque para rencontrarnos con el resto de los tributos.
Comenzamos a andar cuando estaba cayendo la tarde, y llegamos a las primeras elevaciones montañosas cuando los últimos rayos del sol surcaban el cielo. Ante nosotros había algunas colinas de mediano tamaño, y luego, tras las mismas, se alzaban unas montañas no excesivamente altas, pero sí de un aspecto un tanto sobrecogedor, con sus afiladas cimas llenas de nieves, y sus laderas empinadas salpicadas aquí y allá por alguna que otra manchita verde. ¡Verde! ¡Si había vegetación, tal vez habría algún que otro animal que pudiéramos cazar!
Me giré hacia Jack, que en esos momentos contemplaba las montañas sin mediar palabra. Mi nuevo aliado, aunque, ¿por qué motivo? Estaba segura que las vagas respuestas que me había dado antes, cuando salimos del hielo, no eran del todo ciertas; es más, cuando le pregunté por los motivos por el cual se había separado de Sunset y los otros, me respondió formulándome una pregunta, evadiendo así la respuesta a mi cuestión. Bueno, dentro de poco le sacaría la verdad, aunque tuviera que ponerle un cuchillo al cuello para lo mismo.
-Creo que seguir sería una soberana estupidez ahora que está cayendo la noche-dije una vez que coronamos una de esas colinas y las montañas se alzaron ante nosotros, ya sin ningún otro terreno que cruzar-Del mismo modo que comparto el punto de vista de Brass sobre el hecho de escalarlas.
-¿Brass?-preguntó Jack con cierto desconcierto-¿Quién es?
-Quien era-maticé-Brass era el tributo del Distrito 2, el que mató Leaf esta mañana. El segundo día que estuvimos en la arena, ya sabes, cuando nos encontramos en el bosque, nos habíamos separado para explorar un poco el estadio, y él y Marphil, el chico del 1, llegaron hasta aquí. Cuando esa misma tarde contamos lo que habíamos encontrado, Brass repuso que no intentaron escalar las montañas porque recelaban de las mismas.
-Bueno, no creo que fuera una mala idea-contestó Jack, encogiéndose de hombros-No creo que ahí arriba vaya a haber algo que merezca la pena, a no ser que la nieve cuente. Así pues, ¿acampamos aquí?
No era el lugar más apropiado para establecer un campamento, debido a que estaba bastante expuesto, facilitando que cualquier tributo o muto nos atacase, pero no podíamos ponernos exigentes en ese aspecto. Es cierto que el campamento que teníamos montado cerca de  la Cornucopia también se encontraba muy desprotegido, pero éramos siete personas en él, y nos repartíamos los turnos de vigilancia, de forma que siempre había alguien alerta por si venía algún peligro. Además, estaba el hecho de que ahora no teníamos casi nada para protegernos del frío, solo mi saco de dormir y las mantas que había pescado de la destrozada tienda, y eso no era mucho para las gélidas temperaturas que podríamos alcanzar durante la noche.
-Supongo que no tenemos otra-respondí al comentario de mi nuevo aliado. Tendríamos que apretar los dientes y tratar de soportar el corte del frío viento contra nosotros lo mejor que pudiéramos. Si tuviéramos alguna especie de muro tras el cual refugiarnos…
A mi cabeza regresó el recuerdo del asalto en el bosque, cuando Silk le cortó la mano a Engine, la cual cayó sobre un muro de nieve que esos tributos estaban construyendo… ¡un muro de nieve! Jack había estado con ellos, tal vez hubiera aprendido algo sobre como lo levantaron, o si usaron una especie de técnica en especial para que pudieran parapetarse tras él.
-Jack-dije con calma-Hace varios días vi como Wheel y Engine levantaban unas construcciones de nieve allá en el bosque…
-¡Cierto!-exclamó él-Los llamaron ventisqueros, como esas montañas de nieve que se forman en el Distrito 12 contra las paredes de algunas casas. No hacían mucho, pero resguardaban del viento.
-¿Podrías recordar como los levantaron?-inquirí.
-¡Por supuesto!-contestó, derrochando energía en cada movimiento, como hacía en los viejos tiempos. Ese era mi Jack, el Jack que había conocido en la Veta y del que me había hecho amiga después del mazazo que me supuso la muerte de Nick, el Jack que había echado de menos durante todos los días que habíamos pasado en el Capitolio y en la arena. Me alegraba muchísimo que hubiera vuelto a ser el de antes-No era complicado, solo había que apilar nieve a la suficiente altura como para podernos sentar detrás de los montones sin que el viento nos roce apenas.
Aunque cada vez había menos luz, nos las apañamos para ir alzando poco a poco la deseada pared de nieve, cogiendo puñados del suelo y apilándolos todos en una zona, haciendo un montón de nieve cada vez mayor, el cual moldeábamos de vez en cuando para que adquiriese una forma más alargada. La herida del brazo no dejó de molestarme en todo el proceso, pero la ignoré por completo, apretando los dientes para aguantar el dolor y centrándome únicamente en apilar más y más nieve. Ahora esas paredes que estábamos construyendo eran lo único que nos iban a proteger un poco del frío, y si quería seguir viva, debía trabajar con diligencia para que quedasen bien compactas y cumplieran su misión a la perfección.
Trabajamos en silencio, sin mediar palabra, momento que aproveché para ir creando una lista de preguntas en mi cabeza, las cuales les haría a Jack una vez que el trabajo estuviera listo. Tenía muchas cuestiones que plantearles, pero me obligué a ser práctica y a pensar en los puntos que realmente me preocupaban de veras, para centrarme en ellos. Por ejemplo, su cambio de actitud para conmigo; su empeño en acompañarme y ayudarme; el abandono de su antigua alianza. Eran varios puntos que me dejaban algo descolocada, puesto que no conseguía comprender los motivos por los que Jack pudo haberlos hecho.
Cuando hubimos terminado, nos sentamos al amparo de aquel muro, notando como no protegía del todo bien contra el frío, pero nos resguardaba del viento. Teníamos una manta para los dos, por lo que nos acurrucamos dentro de la misma, mientras que tratábamos de comer una galleta y una tira de cecina. No era mucho para constituir una cena que nos llenase, pero sabíamos que andábamos escasos de provisiones, por lo que nos habíamos resignado a pasar hambre. ¿Acaso Dust no podría enviarnos algo, fuera lo que fuese? Desde aquel bote de pomada, no me había vuelto a mandar nada, aunque cierto era que no lo había necesitado. ¿No podría mandarnos aunque fuera una mísera hogaza de pan? Seguro que habría alguien que querría pagarnos algo, pero tal vez ya fuera casi imposible. Si mal no recordaba, el año pasado, conforme los Juegos iban avanzando, se decía en el programa comentado que resumía los acontecimientos más importantes que habían pasado en el estadio durante la jornada, que el precio de los regalos iba subiendo conforme iban pasando los días. Llevábamos una semana en los Juegos, pero el número de jugadores era ya bastante reducido, lo que tal vez hubiera hecho que el precio de los regalos fuera ya demasiado elevado.
Terminábamos de comer, cuando el cielo nocturno se iluminó con el sello del Capitolio y el himno comenzó a sonar. No me sentía lista para ver las caras de mis antiguos aliados en el firmamento, pero me obligué a alzar los ojos, viendo como el sello desaparecía y era sustituído por la imagen de Marphil, a la cual, cosa de medio minuto más tarde, siguió la de Silk.
Miré aquella foto, notando como las lágrimas volvían a amenazar con salir de mis ojos. Aún me costaba asumir que ella estaba muerta, me parecía casi increíble que esta misma mañana hubiéramos estado desayunando juntas, pues me daba la sensación de que había pasado mucho tiempo desde ese momento hasta este instante. Casi sin planteármelo, me llevé los tres dedos centrales de la mano izquierda a los labios y luego señalé la imagen de la fallecida con ellos. Sería mi último adiós a Silk, mi último gesto de agradecimiento por todo lo que hizo por mí.
Brass apareció en último lugar, y luego, tras poner de nuevo el sello, el cielo volvió a oscurecerse. Seis personas quedábamos aún en pie; seguramente ahora estaban saliendo las entrevistas a nuestros familiares y amigos por las pantallas de todo el país. Me imaginaba a mis padres siendo entrevistados, hablando sobre las probabilidades que tenía yo de volver a casa o cosas por el estilo… ¿qué dirían sobre mí? ¿Entrevistarían juntos a mis padres con los Wood, ya que eran amigos y encima sus hijos estábamos juntos en la arena? Tal vez. Me gustaría tanto poder comunicarme con mis progenitores, poder decirles que me encuentro más o menos bien, que sigo viva, que sigo luchando… pero era un deseo imposible, puesto que los tributos no tienen modo de comunicarse con la gente que se encuentra fuera del estadio. El único modo que tenía de volver a hablar con ellos, era ganando los Juegos, y aunque ahora tenía estadísticamente más probabilidades (no son lo mismo veintitrés contrincantes que seis), mi situación era más precaria que nunca. Tal vez muriera de hambre antes de que me matara otro tributo.
-Chrysta-la voz de Jack me sacó de mis pensamientos, y me hizo mover la cabeza en su dirección. A pesar de estar tan juntos, con la esperanza de compartir el calor de nuestros cuerpos, apenas si le había mirado en lo que iba de noche.
-¿Qué quieres?-pregunté con algo de brusquedad, pero aún estaba luchando por controlar las lágrimas que no se habían resignado a irse cuando apareció la imagen de Silk, y controlarlas me ponía de mal humor.
Jack frunció levemente el ceño, mientras apretaba un poco los labios, como si dudara de lo que quisiera decir. Finalmente, suspiró y comenzó a hablar.
-¿Ella era tu amiga? Quiero decir, la chica del 1, ¿Silk se llamaba?
-¿A que viene esa pregunta?-repuse.
-Es más bien una respuesta a la pregunta que me hiciste esta tarde, sobre por qué quería irme contigo de buenas a primeras-matizó, seguramente viendo el desconcierto en mi rostro-Y la respuesta a tu cuestión no podía ser más sencilla. Verás, cuando llegaste al Capitolio, parecías una versión mutada de ti misma… no aceptabas la presencia de casi nadie a tu alrededor, no dejabas de estar siempre a la defensiva, y siempre que te miraba, andabas o entrenándote como una posesa en el gimnasio, o lanzándole miradas asesinas a los demás tributos.
-¡Yo no lancé en ninguna ocasión una mirada de ese tipo!-protesté, aunque en mi interior, sabía que tal vez Jack tuviera razón en ese punto. En el Centro de Entrenamiento había estado siempre tensa, como si esperase ser atacada en ese edificio, mientras me mentalizaba para lo que estaba por venir y me preguntaba quien de los presentes en ese lugar podría acabar con mi vida-Pero volviendo a tu discursito, explícame que tiene que ver que yo fuera amiga de Silk con el hecho de que te hayas venido conmigo de buenas a primeras y que encima te pongas a enumerar todos mis defectos durante el tiempo que estuvimos en el Capitolio.
-Vale, vale-su voz sonó un tanto molesta-¡Cielos, había olvidado lo irritante que puedes llegar a ser en algunas ocasiones! Bueno, volviendo a lo que estaba diciendo, te comportabas de un modo que nunca antes había visto en ti. Sabía que estabas dispuesta a venir a los Juegos, y conocía que tienes un carácter bastante fuerte, pero te aseguro que esos días estabas batiendo tus propios récords de bordería. Fue en ese tiempo cuando comencé a pensar que tal vez nunca te había conocido de veras, que te habías quitado la máscara que habrías llevado en el Distrito y te mostrabas como realmente eras. Tenías tanto odio en los ojos, Chrysta, tantas ganas por que empezara todo esto, que supuse que eras una sádica que no podía esperar para empezar a matar.
>>Mis sospechas continuaron cuando empezaron los Juegos y te vi matar a ese chico con un solo lanzamiento de un cuchillo. No me quedé mucho más tiempo en la Cornucopia, y no sé que más pasó después, de modo que continuaré con el día en que nos encontramos en el bosque. Cuando entraste en el claro y me miraste a los ojos, comencé a preocuparme de veras, porque parecías más que dispuesta a matarme. “¿Acaso he querido estos dos años a la persona que me va a asesinar?” me dije. Pero para mi sorpresa, me ignoraste para centrarte en Sunset, lo cual me hizo concebir una leve sospecha sobre esas suposiciones. Tal vez, después de todo, no eras esa criatura sádica que había visto en el Centro de Entrenamiento, pues podrías haberme disparado antes de que Sunset te abordara, y no lo hiciste.
Recordaba bien la mirada que Jack me había lanzado aquel día, aquel reto mudo en sus ojos cuando yo sostenía el arco con la flecha a punto para disparar, la cual le lancé a Engine, para proteger a Silk; luego de aquel tiro, me había enzarzado en mi primera pelea con Sunset.
-¡Me la quitaste de encima!-exclamé al recordar como Jack nos había separado-¿Por qué?
-Porque como ya te he dicho, comenzaba a darme cuenta de que tal vez la “máscara” no la habías llevado en el Distrito, sino en el Centro de Entrenamiento, que ese comportamiento tuyo bien podría ser una estrategia en vistas a los Juegos. Me sentía incapaz de dejar que Sunset te matara antes de aclarar esa duda, de modo que me la llevé argumentando estar protegiéndola de ti. Créeme, no le hizo mucha gracia que la privase de la ocasión de matarte.
-Me lo imagino-dije con frialdad, pues yo no dejaba de odiar aquel maldito hielo por quebrarse justo cuando iba a darle el golpe de gracia a la chica del 11.
-Y eso nos sitúa ya en esta misma mañana-continuó Jack-cuando vi como dejabas a Sunset en el suelo, sin matarla como estabas a punto de hacer un segundo antes, y salías corriendo en dirección al agujero por el que esa chica se había caído. El grito que soltaste mientras corrías, la expresión de angustia de tu rostro, y luego el temblor de tu cuerpo cuando escuchaste el cañonazo, me demostraron que había hecho lo correcto en el bosque cuando te concedí aquella oportunidad para demostrarme, sin que tú lo supieras, como eres realmente. Y luego, la mirada de odio que le lanzaste a ese chico cuando habló de ese modo tan horrible sobre su compañera… bueno, creo que ya sabes lo que te intento decir. Por eso te pregunté antes si considerabas a Silk tu amiga, Chrysta, porque estoy seguro que nadie reaccionaría así ante el fallecimiento de alguien que no fuera su amigo.
No contesté, porque estaba tratando de asimilar todo lo que Jack me había contado. ¡Me había tratado con frialdad porque creía que era una sádica deseosa por matar! Cierto era que había adoptado una faceta dura para los patrocinadores, pero no esperaba que fuera a ser tan realista que Jack, la persona que mejor me conocía después de mi familia, fuera a creérsela. No iba a negar que siempre había sido un tanto borde y fría, pero lo cierto era que en el Capitolio había redoblado la intensidad de ese comportamiento. De modo que Jack, ahora volvía a tratarme como antes porque había visto que había sentido genuina pena por la muerte de Silk… ¿era ella mi amiga? Sí, estaba claro, pues como Jack había dicho, nadie reacciona de ese modo a esa situación si la persona fallecida no es importante para ti.
-Sí, era mi amiga-musité, y pude ver como los ojos de mi compañero brillaban levemente.
-Creo que te debo una disculpa-susurró, a lo que le miré, sorprendida.
-¿Por qué?-pregunté.
-Porque Sunset te odia por mi culpa-respondió.
-¿Cómo?-conseguí articular. Aquello no tenía ni pies ni cabeza.
-Fue en el Centro de Entrenamiento… empezó como una tontería, pero está claro que ha ido a más, viendo las ganas que te tiene. Ella me preguntó el segundo día que estuvimos allí, si tenía a alguna chica “importante” en mi vida, no se si me entiendes.
-Sí, creo que capto el sentido-repuse con cierto sarcasmo. ¿Ahora iba a decirme que Sunset me odiaba por algún tipo de película amorosa que se hubiera cocinado en su mente? Era lo más probable, porque entre Jack y yo nunca había habido nada.
-Bueno, pues me temo que no le di una respuesta que fuera del todo reveladora. Simplemente le comenté que había una chica a la que veía como más que a una amiga, pero no llegué a decirle ningún nombre. Sabes, te sorprendería saber lo intuitiva o astuta que puede llegar a ser Sunset; cuando terminamos las entrevistas la noche antes de que empezaran los Juegos, me abordó en el vestíbulo del Centro de Entrenamiento.
>> “-Es ella, tu compañera de Distrito, ¿verdad?-”preguntó. Me cogió tan de sorpresa que no pude contestarle, pero ella interpretó mi silencio como pudo y se alejó. Desde aquel momento, no ha dejado de despotricar en tu contra, esgrimiendo como principal baza, que habías traicionado a tu distrito por irte con los profesionales en vez de conmigo.
La cabeza me estaba zumbando, mientras trataba de asimilar todo aquello. Jack nunca me había visto como nada más que una amiga, ¿cierto? Siempre habíamos estado muy unidos, así que a lo mejor por eso Sunset malinterpretó su reacción aquel día, haciéndose ideas erróneas…
Pero entonces comencé a recordar detalles que hacían que las cosas tomaran un cariz diferente. La cantidad de veces que Jack se desvivía por hacer lo que me apeteciera, aunque no tuviera deseos de ello. Las miles de sesiones de entrenamiento en el bosque a las que me acompañaba, aunque no hacía más que estar sentado, mirándome entrenar. Sus intentos por animarme cuando caía en los accesos de melancolía por lo sucedido en el pasado. El gesto de tomarme de la mano cuando íbamos a la cosecha, tanto a la de este año como a la del anterior. La mirada de pena y dolor cuando me vio aparecer en el Centro de Renovación… Demasiadas atenciones para alguien a quien solo consideras tu amiga.
Y entonces la realidad me golpeó como una daga de hielo. Sunset me odiaba porque yo era la chica a la que Jack quería. Y lo peor era que ese sentimiento solo le traería dolor, porque en el lugar en el que nos encontrábamos, la amistad, y más aún, el amor, no hacen más que destrozarnos.
Como última esperanza de que me hubiera equivocado, me incorporé, aferrando su rostro entre mis manos, esperando ver bajo la oscura luz de la luna la verdad en sus ojos, como siempre hacía en la Veta. Y la encontré, oh sí. Solo para confirmar que lo que él me había dicho era verdad.
-¿Tú… tú me amas?-pregunté con un hilo de voz, a punto de ser presa del pánico.

jueves, 23 de agosto de 2012

CAPÍTULO 26


Vergüenza, arrepentimiento, gratitud, eran sentimientos que no dejaban de rondarme en la cabeza mientras que trataba de incorporarme sobre la placa de hielo medianamente estable en la que había sido dejada. No me podía creer que hubiera podido librarme de la muerte una vez más, que siguiera viva, cuando casi había sentido el agua gélida llenando mis pulmones, embotando mi cerebro, haciéndome perder la consciencia y hundiéndome poco a poco en el sueño del que nunca se despierta… Jack me había mantenido pegada a la vida, me había hecho continuar en aquella infernal competición al menos un poco más. Si yo hubiera estado más cerca de Silk cuando el hielo se quebró bajo ella, tal vez la hubiera podido salvar.
Pero, ¿por qué motivo Jack me había rescatado? Desde que llegamos al Capitolio, nuestra amistad se había ido enfriando, mayoritariamente por mi culpa. Me había distanciado de él para hacerme conocida de los profesionales, le había amenazado de muerte la noche en la que dieron las puntuaciones, y casi lancé un cuchillo contra él en la pelea del bosque. Desde luego, lo más lógico habría sido que me hubiera dejado ahogarme, puesto que así solo quedarían cinco competidores y solo uno de ellos sería un profesional. Mi muerte le habría facilitado mucho el volver a casa, pero había sacrificado esa opción por mantenerme con vida.
Traté de normalizar mi respiración, acelerada por el pánico, mientras sentía aún los latidos de mi corazón en mis oídos, desbocados por lo sucedido. Debería seguir corriendo, pero necesitaba respirar, recuperar el aliento y las formas antes de salir de aquella zona tan traicionera. ¿Es que no había en la arena un sitio en el que pudiéramos estar sin perdernos o sin que el suelo se rompiera bajo nuestros pies? Parecía que no.
Caí a cuatro patas sobre el hielo, con la sensación de estar a punto de echar fuera el desayuno, cuando Jack se agachó a mi lado y me incorporó de nuevo, cogiéndome del brazo y tratando de empezar a correr, tirando de mí.
-Si quieres descansar, hazlo más adelante-me urgió con algo en la voz que parecía ¿pánico?-Hay que salir de aquí.
Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Vale que Jack tal vez me sacara del hielo roto debido a que sintió algún remordimiento ante mi posible muerte promovido por los recuerdos de nuestra amistad, pero no olvidaba que él y yo estábamos en alianzas distintas. Había supuesto que, después de dejarme en una zona que soportara mi peso, volvería con Sunset y Wheel, seguramente a esperar a que Leaf y Daph terminaran su lucha. ¿Acaso era una treta para llevarme a alguna trampa y matarme? No tenía sentido, puesto que perfectamente podía estar ya muerta, de modo que esa opción quedaba descartada.
-¿Se puede saber a que viene todo este numerito del galán caballero que salva a la damisela?-pregunté de malas maneras, con más brusquedad de la deseada. ¿Me salvaba la vida y se lo agradecía con una de mis borderías? Desde luego, me estaba cubriendo de gloria.
-Mira Chrysta, me encantaría sentarme a charlar, ¡pero el hielo se sigue quebrando y vamos a acabar haciéndole compañía a la chica del 1 si no salimos de aquí! ¡Así que corre como hacías en la Veta de una vez! No voy a matarte, si es lo que piensas, así que deja de resistirte y muévete.
No me quedó otra que acceder a aquellas palabras y correr en pos suyo. Cuando Jack vio que le estaba siguiendo por voluntad propia, soltó el agarre que tenía de mi brazo, para dejarme más libertad de movimiento, y pronto corríamos a la par, pisando por fin un suelo uniforme y firme, no esos trozos de hielo que no cesaban de crujir a nuestro paso. Al coronar la loma que descendía hacia el mar, la misma que habíamos descendido a la ida, pude ver casi de refilón como Wheel y Sunset desaparecían también en dirección norte, la misma que habían seguido Daph y Leaf. ¿Irían a tratar de ayudar al niño? No lo sabía, aunque de hacerlo, tal vez debería alegrarme, puesto que así me quitarían de encima una pelea contra Daph, la cual no me hacía ninguna ilusión.
-¿Qué pasa con tu alianza?-inquirí, deteniendo mi carrera, y hablando entrecortadamente, pues el aliento me fallaba-¿No vas a ir con ellos?
-Lo mismo te podría decir de la tuya, Chrys-el amago de una sonrisa curvó los labios de Jack, gesto que me sorprendió, del mismo modo que el uso del diminutivo de mi nombre. No me había llamado “Chrys” desde que dejamos el Distrito 12, lo que me hizo ser consciente de que tal vez las cosas estaban volviendo a su viejo lugar-Podrías haber seguido a Daph en su persecución contra Leaf, pero sin embargo, saliste corriendo en dirección contraria.
-Acabaríamos peleándonos antes o después-musité-así que pensé que sería mejor irme de la alianza. Además, ya solo quedábamos nosotras dos en pie.
El recuerdo de la muerte de Silk volvió a golpearme con fuerza. Tampoco quería irme con Daph porque los recuerdos de los otros profesionales, ya muertos, eran más fuertes con ella. Habíamos sido diezmados en apenas unos días, dos habían muerto por fenómenos ajenos a nosotros, y los otros tres, asesinados por algún tributo. Aún me sorprendía el arrojo y el odio que me habían llevado a apuñalar a Marphil hasta la muerte.
Miré a Jack, que me observaba con un gesto extraño en sus ojos. ¿Acaso ahora querría aliarse conmigo? Es más, ¿me aliaría con él? Estaba dispuesta a embarcarme en una nueva alianza con una persona que hasta hacía horas consideraba un rival?
-¿Seguimos?-me preguntó, y lo observé con el ceño fruncido.
-¿Cómo que seguimos?-inquirí-¿Acaso vas a venir conmigo?
-¿Tanto te molesta?-repuso él con calma, alzando una ceja-Siempre me has dicho que era mejor cazar con alguien para que te guardara las espaldas, ¿no?
Me mordí el labio, sorprendida de que recordase aquella frase. Un día, cuando los Wood se acababan de instalar en el Distrito 12, llevé a Jack al bosque conmigo, a través del cual me siguió un tanto resignado mientras yo cazaba algunos conejos. Este proceso se repitió varias veces, hasta que un día me preguntó por el motivo por el cual lo llevaba conmigo cuando cazaba, puesto que no hacía más que seguirme como una sombra. Yo le expliqué que, al venir conmigo, él estaba más atento a las posibles amenazas que nos pudieran acechar, mientras que yo me encargaba de buscar los rastros de las presas. Desde aquel día, Jack siempre anduvo con los ojos más abiertos de lo normal en el bosque, tratando de paliar mi falta de atención hacia algunos aspectos.
Hacía ya dos años de aquel intercambio de palabras, y si mal no recordaba, era una frase que no le había vuelto a mencionar. ¿Tan buena memoria tenía? Quizás.
Solté un bufido resignado a sus palabras, mientras volvía a correr, siendo seguida por él. Bueno, tal vez podríamos hacer juntos el camino hacia el campamento, dividirnos las provisiones que quedaban y luego partir cada uno en una dirección. De todos modos, nunca podría transportar todos los suministros que quedaban en buen estado, y prefería que los tuviera alguien que conocía a que se echaran a perder del todo o los cogieran algunos tributos a los cuales preferiría ver muertos.

-Tiene que haber algo más de comida, por pequeño que sea.
Caía ya la tarde mientras que Jack, menticulosamente, rebuscaba entre los suministros aplastados algo medianamente salvable, al mismo tiempo que yo revisaba los amasijos de lona y palos que veinticuatro horas antes habían sido unas tiendas de campaña en perfecto estado, tratando de encontrar algún saco de dormir o alguna manta que hubiéramos dejado allí.
Cuando llegamos al campamento, casi me costó reconocerlo. Los mutos, en su carrera tras nosotros, habían pasado sobre las tiendas, destrozándolas con sus esqueléticas garras, y derribando de paso la pirámide de suministros que habíamos construido. La poca comida en buen estado que quedaba, había sido pisoteada o destrozada, y solo algunos trozos seguían en condiciones aptas para nuestro consumo. El fuego que prendimos apenas era ya un puñado de brasas, y los contenedores de agua habían sido completamente vaciados al caer contra el suelo.
Ver aquello me hizo tener que desechar el plan que había trazado de coger lo que pudiera y tratar de probar suerte en solitario. Jack y yo nos encontrábamos en una situación muy precaria, puesto que la única comida que ahora poseíamos eran las galletas y las dos tiras de cecina que quedaban en mi mochila, a la que añadimos un pequeño trozo de carne que aún se podía comer y tres barritas de cereales que habían sobrevivido al frío y a la estampida de mutos. En lo referido a las medicinas, habíamos conseguido reunir algunas vendas y un botecito que aún seguía medio lleno de alcohol, a los cuales sumamos mi casi gastada pomada cicatrizante. Mi saco de dormir y una manta térmica que habíamos dejado olvidada, junto con nuestras botellas, completaban el inventario.
Rememoré mi situación al empezar la jornada. Teníamos menos provisiones que antes, cierto, pero aún poseíamos bastantes para varios días, además de contar con las tiendas que nos protegían del viento y del frío. Había tenido muchas comodidades en el estadio, las cuales ahora brillaban por su ausencia. Se podría decir que era a partir de estos momentos cuando yo entraba de verdad en los Juegos del Hambre, cuando realmente tendría que intentar sobrevivir, además de luchar por mi vida contra los demás tributos; y sinceramente, prefería no hacerlo sola. Como Jack bien había dicho, siempre era mejor cazar en compañía, para que alguien te vigilara las espaldas. No olvidaba que si Leaf mataba a Daph, quedándome sola era una presa vulnerable para Sunset y su alianza. Que Jack se viniera conmigo era una doble ventaja, me ayudaría y, de paso, haría mermar la alianza de la chica del 11.
Decidido, quería a Jack como aliado. Tal y como estaban las cosas en el estadio, de ganar alguien que no fuera yo, querría que ganase él, para que las cosas mejoraran un poco en el distrito. A fin de cuentas, Jack casi era de mi familia, y seguro que cuidaría de mis padres para que no les faltara de nada.
-¿Has mirado bien?-le pregunté cuando vi que abandonaba los restos de la pirámide, sacudiéndose las manos-¿Queda algo?
-Nada-respondió, y al mismo tiempo que hablaba, se limpió con la manga la sangre que seguía manando de la herida de su mejilla. No nos habíamos curado los cortes, yo aún sangraba por el tajo que Sunset me había hecho en el antebrazo izquierdo, añadiendo así una nueva marca a mi ya castigada anatomía. Si salía viva de la arena, mi cuerpo iba a estar lleno de cicatrices, como macabros recuerdos de mi paso por los Juegos, aunque la verdad, era algo que consideraba superfluo frente a conservar la vida. Prefería ser una criatura deforme pero viva a tener una perfecta apariencia y haber muerto.
-Será mejor que nos tratemos las heridas antes de continuar-dije, sacando de mi mochila el bote de crema cicatrizante. Jack había hecho verdaderas fiestas a la pomada cuando le informé de sus propiedades, aunque no se le había ocurrido pedirme un poco para su corte. Observé con ojo crítico la sangre que no dejaba de manarle del rostro, si lo quería como aliado, no me convenía tenerlo herido, además de que me molestaba ver sangrar así al que fue en tiempos, y tal vez volvía a ser, mi mejor amigo.
Le tendí la crema, como en el pasado hiciera con Silk, sin apenas decir una palabra sobre ello. Tal vez debería disculparme por haberme comportado de un modo tan maleducado con él, mas yo no era de esas que pronuncian la palabra “perdón” con facilidad, de modo que esperaba que captase las intenciones escondidas con las que yo le entregaba aquella pomada. Esperaba que supiera que la crema era una proposición de paz, un intento de volver a poner las cosas en su sitio, y a ser lo que fuimos en tiempos: Inseparables.
Jack tomó el bote de pomada, lo abrió, para luego negar levemente con la cabeza.
-No queda mucha, y tu brazo necesita una buena capa-musitó. Cierto era que apenas si quedaba, y que no solo mi brazo andaba necesitado de esa pomada, pero no le dije nada al respecto.
-Cierra el pico y échate la crema antes de que decida que no me eres útil y te quite del juego-repuse con un tono exageradamente desdeñoso, que le hizo soltar una leve carcajada. ¿Cuánto hacía que no se reía conmigo de ese modo? A mí, personalmente, me parecían siglos.
-A sus órdenes, señorita Clearwater-su tono de voz fue también excesivamente serio, mientras rebañaba los restos de pomada y se lo aplicaba en el rostro. Mientras tanto, yo rocié la herida de mi antebrazo con el alcohol que habíamos encontrado, para luego vendarla. Cuando terminé el vendaje, Jack ya había lanzado el bote de pomada contra los suministros destrozados, y me miraba expectante, como si esperaba que fuera a ordenarle algo más.
-¿A dónde vamos ahora?-preguntó.
¿Cierto, a dónde ir con un viejo amigo que después de decirte que eres una sádica te salva la vida y trata de acompañarte por un lugar en el cual uno, si no los dos, va a morir con completa seguridad? Jack iba a tener que explicarme muchas cosas, pero lo haría cuando hubiéramos encontrado un lugar en el que pudiéramos instalarnos y conseguir algo de comida.
Comida… al oeste no encontraríamos nada, lo mismo que en los páramos que había al sur. En el norte estaba el bosque, pero los demás habían corrido en esa dirección. Por lo que solo nos quedaba un único lugar al que dirigirnos a probar suerte: las montañas.
-Al este-respondí-Vamos al este.
Y nos pusimos en camino hacia las montañas que pronto comenzaron a recortarse contra el horizonte vespertino. La verdadera supervivencia comenzaba para mí.