lunes, 13 de agosto de 2012

CAPÍTULO 20


Las heridas que presentaba el cuerpo de la malograda tributo del Distrito 4, no podían haber sido producidas por ninguna de las armas que habían sido dejadas en la Cornucopia. Para empezar, nuestra alianza se había hecho con las más sofisticadas, con las que estaban en el interior del cuerno, las que podían causar más daño; y ninguno de nosotros tendría motivos para atacar a Valkyrie, teniendo en cuenta que los Juegos aún estaban en sus primeras etapas, de tal modo que seguir en una alianza era más seguro que empezar a luchar contra nosotros mismos. la posibilidad de que hubiera sido un ataque de la otra alianza, quedaba también descartada, puesto que estos solo contaban con cuchillos de monte, aquellas armas rudimentarias que habían dejado alrededor de la Cornucopia y que nosotros habíamos ignorado por completo. No es que fuera una maestra en el uso de cualquier tipo de arma, pero conocía bien ese tipo de cuchillos, y estaba segura al cien por cien de que era imposible realizar cortes de esa magnitud con ellos, al menos no tantos sin que la chica se hubiera podido defender.
La última opción posible, y la más viable, era también la que menos me agradaba: mutos. Que yo recordara de los Juegos previos, los vigilantes solían aguijonear a los tributos, machacarlos, hacerlos moverse para que se juntaran en algún sitio y se atacaran entre ellos, pues la diversión de este acontecimiento consistía en ver como en el estadio nos teníamos que matar unos a otros. Que los tributos muriéramos por los fenómenos que ellos mismos nos enviaban, no debía de ser tan entretenido para la audiencia del Capitolio, lo cual me ponía en una situación que no sabía definir. ¿Por qué motivo habían atacado los mutos a Valkyrie? Cuando Silk y yo habíamos salido del bosque, nos fijamos en que las criaturas que nos habían seguido en las sombras, se quedaban entre los árboles, señal que interpretamos como que, fuera de esa zona, estábamos libres de su alcance. Bueno, pues estaba claro que nos habíamos equivocado, pues de un modo o de otro, aquellas criaturas habían dejado su “refugio” para aventurarse en las llanuras que rodeaban la zona donde los Juegos habían comenzado.
¿Acaso los vigilantes, viendo que nuestra alianza apenas si había sido machacada en estos días, nos habían atacado a nosotros para igualar un poco las cosas? No era una opción descabellada, el año pasado ya mataron a algunos tributos con sus ataques, como si quisieran recordar a los demás que ellos, si querían que las cosas fueran de ese modo, podían asesinarlos a todos con la simpleza de pulsar un botón. ¿Quizás ahora nos estaban haciendo la misma advertencia a nosotros? Bastaba con mirarnos para ver que, a pesar de estar en los Juegos del Hambre, no nos encontrábamos mal en absoluto: teníamos comida, agua, medicinas, armas y mantas en abundancia, de tal modo que estábamos soportando mejor las duras condiciones que nos habían sido impuestas. No pasábamos frío. No pasábamos hambre. Estábamos armados y sabíamos luchar. En aquella arena, tal y como iban las cosas, éramos un grupo de depredadores altamente mortíferos, que rastreaban el terreno buscando presas. Y casi nunca fallábamos cuando las encontrábamos, la fallecida Engine era la prueba de ello.
Bien, de acuerdo, habíamos sido atacados de alguna manera por los vigilantes para hacernos conscientes de que no habíamos venido a esta isla de hielo a pasar unos días de camping, sino a matarnos unos a otros. No creía que hubiéramos dado signos de no saber lo que nos esperaba, pues en los dos días que llevábamos encerrados en el estadio habían muerto catorce tributos. Quedábamos diez… aún debíamos morir nueve más, para que uno de nosotros, el que fuera, pudiera volver a casa.
No seguí pensando por esos derroteros. Los recuerdos de mi familia, de la Veta, del Distrito 12, estaban prohibidos hasta que me encontrara a las puertas de la muerte o siendo sacada del estadio como vencedora. Si pensaba en eso, solo me apenaría y me preocuparía por lo que estarían viendo en casa por la televisión, y la pena y el dolor estaban prohibidos en un sitio donde has de mantenerte alerta las veinticuatro horas del día. Por eso, me centré en el cadáver de Valkyrie, que Sand trataba de adecentar, antes de que el aerodeslizador apareciera y se la llevara.
Había sufrido tres cortes muy profundos, largos y de limpia realización, dos en el estómago y uno en el cuello. Habían sangrado profusamente, y examinándolos de cerca, a la escasa luz de las brasas de nuestro campamento, pude constatar de que habían sido hechos con un objeto punzante, muy afilado, usando una fuerza muy superior a la de cualquiera de nosotros. No sabía los mutos que habían diseñado para estos Juegos, pero por la expresión del cadáver, una mueca horrorizada, no debían de ser moco de pavo.
Marphil, Silk, Brass y Daph no parecían osar acercarse a Sand, que en esos momentos recolocaba el pelo de su hermana, con un gesto que hacía pensar que Valkyrie no estaba muerta, sino dormida. El chico del 4 susurraba algo, que no era capaz de entender del todo, mientras que, sin apenas derramar lágrimas, terminaba de adecentar el cobrizo cabello de su hermana gemela. Cuando pareció satisfecho con su triste aspecto, se incorporó con piernas temblorosas y se alejó un par de pasos del cuerpo de la fallecida, con los ojos brillantes, pero con las mejillas secas. Parecía algo sereno, mas había algo en su expresión, una especie de sombra, que me puso los pelos de punta. Conocía bien el dolor que se sentía al perder a un ser querido al que te sentías muy unido, yo misma lo había experimentado en carne propia, y ese mismo dolor había sido el culpable de que, aquella mañana de hacía ya una semana, me presentara voluntaria para venir a la arena. La muerte de mi hermano me había convertido en una versión fría y dura de mí misma, y pude comprobar como Sand, en esos mismos momentos, estaba sufriendo una metamorfosis similar a la que yo padecí. Había dolor en su rostro, sí, pero bajo este, comenzaba a latir una determinación feroz, oculta aún tras la tristeza que le embargaba. No iba a asegurar que fuera capaz de saber lo que estaba pensando, aunque sí era consciente de que podía hacer una aproximación y no fallar. Me apostaba los calcetines a que ahora Sand se convertiría en uno de los rivales más potenciales que me iba a cruzar en el camino; seguramente querría ganar con más ganas que antes, por poder hacer que la memoria de Valkyrie no se perdiera. Ahora querría ganar por los dos, del mismo modo que yo pretendía vencer para hacer, no sabía como, que el nombre de mi hermano no cayera en el frío olvido de la memoria humana.
-Habéis mentido-la voz de Sand era un susurro ronco, mientras nos lanzaba a Silk y a mí una mirada realmente escalofriante. ¿Cuánto odio puede concentrar un simple contacto visual?-Dijisteis que los mutos se quedaron en el bosque. Vosotras lo sabíais…
Avanzó en nuestra dirección, mientras que yo, de forma instintiva, echaba mano de uno de mis cuchillos. No esperaba que Sand fuera a echarnos en cara la muerte de Valkyrie, más que nada porque no habíamos mentido al decir que estábamos seguras de que los mutos se habían quedado en el bosque. Si estos habían salido más tarde, cuando la noche había caído, no era culpa nuestra.
-Vamos Sand-Brass habló con un tono calmado, pero firme al mismo tiempo-¿Cómo iban a saberlo? Ellas simplemente dijeron lo que pudieron ver…
-O lo que “creyeron” ver-rebatió el aludido, haciendo que Silk soltara un gruñido amenazador. No había pillado lo que quería decir Sand con aquellas palabras, pero la rubia sí parecía saber de lo que estaba hablando, viendo como enseñaba los dientes en una mueca feroz, mientras que sus dedos asían una de sus hachas. Conocía lo suficiente a Silk como para saber que siempre que aferraba una de sus armas, se disponía a atacar, y comencé a sospechar que tal vez Valkyrie no fuera la única profesional fallecida en la jornada que ni siquiera había empezado. Seguro que en el Capitolio, de haber gente despierta a estas horas, estaban todos pegados a las pantallas de los televisores, deseando saber que pasaría a continuación con nosotros.
-Sand, déjalo si sabes lo que te conviene-repuso Marphil, en un tono amenazador.
-¿Osas defenderlas?-el chico del 4 soltó una risotada, para luego escupir en mi dirección. Pude esquivar el salivazo por los pelos, cayendo este a pocos centímetros de mis botas-Esta perra minera siempre me resultó sospechosa desde el primer día de los entrenamientos. ¿No os ha resultado extraño que en vez de ir con su compañero de distrito, haya preferido unirse a nosotros? Seguro que está aliada de alguna manera con esa panda de fracasados que anda por el bosque, me apuesto el cuello a que cuando le toque la guardia, nos cortará el gaznate. ¡Ya habéis visto lo que le hizo a Valkyrie!
Vale, no entendía nada. ¿Por qué ahora la tomaba conmigo? La situación se me estaba yendo de las manos, no comprendía los motivos que Sand esgrimía en mi contra. Yo no fui a los profesionales suplicándoles que me dejasen ser su aliada, es más, fueron ellos mismos los que les pidieron a sus mentores que hablaran con Dust para que me uniera a ellos. Además, creía que estaba claro, después de haber sido estrangulada por Pine y casi asesinada por Sunset, que no tenía ningún vínculo con los otros. ¿Acaso un aliado intentaría matarme, por mucho que intentara ser realista? Obviamente, no.
Aunque una cosa no quitaba a la otra, y Sand me estaba poniendo en una situación peligrosa. De ser creído por los del 2 y Marphil, seguramente acabaría siguiendo a Valkyrie antes de que me diera tiempo a emitir una sola queja.
-¿Osas insinuar que estoy jugando a dos bandas?-dije con acidez. Si Silk intercedía por mi, tal vez tuviera alguna oportunidad, aunque si esta permanecía en silencio, pocas opciones tendría. Había hecho bien en no matarla en el bosque cuando tuve ocasión, por una vez mi impetuosidad había sido vencida a base de bien- Yo no le he puesto un dedo encima a Valkyrie, las chicas pueden afirmar que yo no abandoné la tienda en ningún momento. Díme otra vez que soy una vendida y te aseguro que te mandaré con tu hermana antes de que puedas darte cuenta.
No me interesaba en lo más mínimo meterme en una pelea con Sand, pero estaba viendo que, si quería sobrevivir, Sand debía morir cuanto antes, o al menos calmarse y aceptar que la muerte de su hermana no había sido cosa nuestra. Y me daba la sensación de que esto último iba a ser bastante complicado para el tributo del Distrito 4.
-Puede que no seamos del mismo distrito y que en un futuro seamos enemigas-la voz de Silk nunca había sonado tan dura como ahora-Pero estoy completamente segura de que Chrysta no está aliada con los otros, pues he visto con mis propios ojos como trataban de matarla esta misma mañana.
-¿Pero es que tienes mierda en los ojos o qué?-Sand, fuera de sus casillas, golpeó la nieve del suelo con el pie-¡Eres una profesional, Silk, eres una de nosotros, no como ella! ¡Habría muerto en el baño de sangre de no haberse aliado con nosotros! Es una jodida rata con entrañas de carbón, una muerta de hambre, seguramente hija de rebeldes que se cagaron encima al ver como caía la rebelión y se retractaron de sus simpatías. ¡Está podrida, como todos los de su distrito!
-¡Chrysta también es una profesional!-exclamó Brass, lo que me sorprendió. ¿Brass intercediendo por mí? Bueno, una ayuda siempre es una ayuda, mirara por donde se mirase-Nosotros la quisimos en la alianza, y no creo recordar que te negaras a ello cuando te informamos de su incorporación. Lo que pasa es que ahora estás medio idiota por el trauma de ver a Valkyrie muerta, eso es todo. ¿Acaso no recuerdas que eso es lo más probable que nos pase a todos? ¿O es que también te ha dado amnesia, imbécil?
-Mira, Brass-Sand parecía calmado, pero había una fuerte amenaza en sus palabras-Me da igual lo que digas, sé de buena tinta que muchos de nosotros moriremos en esta jodida isla alejada de la mano de Dios. Pero yo no pienso morir antes que la minera.
Ocurrió todo muy deprisa, casi sin darme cuenta. Sand se agachó y aferró un puñado de nieve, que me lanzó a la cara, en un gesto tan rápido que cuando vine a darme cuenta, la fría sustancia se me había metido en los ojos, cegándome por completo. Instintivamente, me llevé las manos a los globos oculares, dejando caer el cuchillo, mientras me encorvaba, tratando de limpiarme los ojos. No pude ver como Sand se abalanzaba sobre mí, no pude defenderme de la punta de su lanza de otro modo que no fuera rodando sobre el suelo, sintiendo como la punta de la misma se clavaba con saña en mi pierna derecha. Debería sentirme agradecida de que fuera solo la pierna y no mi estómago el que estaba siendo atacado, pero el pánico me había vencido por completo. Iba a morir. Me iban a matar. ¿Es que todos la habían tomado conmigo o qué? Primero Pine, luego Sunset y ahora Sand. ¿Quién sería el siguiente, si es que había un siguiente? ¿Silk? ¿Brass? ¿O tal vez Jack?
Mi primer impulso fue rendirme. Cegada por la nieve, siendo hostigada por una bestia con aspecto humano, poco podía hacer. Pero la imagen mental de mi familia viendo los Juegos, en el salón de nuestra destartalada casita, hizo que no me resignara a ser ensartada por una lanza, como un vulgar animal. Si había de morir, sería luchando, no encogida como una simple cobarde. A lo mejor, con algo de suerte, podría arrastrar a Sand al infierno conmigo.
Me revolví sobre la nieve, buscando a tientas el cuchillo que había dejado caer, intentando llorar para que las lágrimas me limpiaran los ojos y me permitieran ver de nuevo. Los demás gritaban, pero sus voces me llegaban distorsionadas, como si estuvieran lejos, muy lejos de aquel lugar. Algo, no sabía bien qué, me empujó hacia un lado, haciéndome aterrizar sobre una dura placa de hielo cuyo frío y duro contacto me dejó entumecida. Dejando el cuchillo por perdido, me froté los ojos con los dorsos de las manos, parpadeando, tratando de ver. No veía con claridad, pero la mayor parte de la nieve que me cegaba, se había retirado de mis ojos, y sería cuestión de tiempo que los restos de la misma se fundieran por mis lágrimas. Sin dejar de forzarme a llorar, saqué un nuevo cuchillo del interior de mi abrigo, corriendo contra la borrosa mole de Sand, que notaba recortada contra las débiles brasas. Vi como este, cada vez más nítido gracias a las lágrimas que me despejaban los ojos, alzaba su lanza en mi dirección. No tenía posibilidad alguna, lo había asumido, pero moriríamos los dos, no solo yo. Le dediqué una sonrisa sarcástica, mientras que clavaba mis ojos, ahora ya libres por fin de nieve, en los suyos. Miraría a mi muerte a la cara, como aquellos personajes que aparecían en los libros de historia, ¿espartanos, eran? sin miedo alguno. Sería mi último gesto en aquellos Juegos del Hambre.
Lancé el cuchillo contra su pecho, esperando ver que la lanza volase en mi dirección y me ensartase. Pero esta no llegó, pues antes de que el cuchillo tocase el cuerpo de Sand, este había caído de rodillas, rebotando mi arma en su cabeza. Un nuevo cañonazo cortó el aire de la noche, mientras que Sand se caía de bruces sobre la nieve, ahora roja, con un hacha clavada en la espalda. Justo detrás de este, se encontraba Silk, con el rostro manchado de sangre, acompañada por su compañero de distrito y los tributos del 2, todos ellos con sus armas en las manos.
-Ella es la verdadera profesional-le espetó Silk al muerto-No tú. Ningún profesional atacaría a alguien de su alianza mientras los demás campan a sus anchas por la arena.
Estaba demasiado conmocionada como para darme cuenta de un hecho evidente. No solo Silk estaba de mi parte, sino también Marphil, Brass y Daph. Y no era esa la única cosa que me alegró, sino el hecho de que había vuelto a burlar a la muerte. Seguía viva. Y ahora éramos nueve tributos los que seguíamos en la arena.
Estaba un paso más cerca de casa.

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