miércoles, 15 de agosto de 2012

CAPÍTULO 21


Si hubiera de elegir una frase que definiera como estaba cambiando yo en los Juegos sería, sin dudas "baño de humildad". Había venido creyéndome que todo sería fácil, que no tendría que preocuparme mucho por los demás, que podría ganar sin apenas mover un dedo. Me había creído lo suficientemente buena como para ser una de esas tributos que van a los Juegos dándolos por ganados. Pero ahora ya no pensaba así.
Había estado a punto de morir tres veces, y de las tres ocasiones, me había llevado un recuerdo: cardenales en el cuello del intento de estrangulamiento de Pine, una herida en el hombro izquierdo cortesía de Sunset, y ahora encima, una nueva llaga en la pierna derecha, último regalo de Sand. Esas heridas me habían hecho darme cuenta de que no todo iba a serme tan fácil como había imaginado tantas veces; no iba a negar que, de momento, era una de los tributos supervivientes a varios avatares, y seguramente en el Capitolio habían debido de estar estos dos últimos días encantados con toda la acción que yo, de un modo o de otro, le había regalado a la audiencia. Pero eso no quitaba el que ahora era consciente de la suprema dificultad de lo que me quedaba por delante. El número de jugadores era cada vez más reducido, y en un momento que ya no distaba mucho, la alianza se quebraría y tendríamos que luchar unos contra otros, y en esa ocasión, no me enfrentaría a un grupo de chicos que apenas si sabían manejar un cuchillo. Me enfrentaría a un grupo de jóvenes entrenados desde hacía años para poder asesinar, preparados para terminar con mi vida de diez formas distintas, con cualquier arma que tuvieran al alcance. Estaba segura de que, si conseguía llegar viva a ese momento, dicha batalla sería la más dura de todas.
Y gracias a esa amenaza que sentía en el ambiente, mi cabeza comenzaba a darle vueltas a un plan que ya había pensado con anterioridad, y que Sand había sacado a relucir. ¿Y si mataba algunos de los profesionales en mi siguiente guardia? Podría dejar vivos a Silk y a Marphil (ya consideraba a Silk como una amiga, y sabía que si la quería mantener como aliada, Marphil habría de venir en el lote) y matar a Brass y a Daph. Eso reduciría el número de futuros contrincantes profesionales a dos, y confiaba en que sería una cifra manejable para mi persona. Aunque también existía el riesgo de que los chicos del 1 se pusieran de parte de los tributos del 2 y se volvieran en mi contra. En ese caso, poco podría hacer, aunque tampoco iba a darlo por perdido, pues siempre existe una mínima posibilidad para todo, y los Juegos no iban a ser una excepción, o eso confiaba yo.
Aunque por otro lado, la idea de asesinar a Brass y a Daph mientras dormían no me agradaba mucho. No me parecía justo que, después de que hubieran intercedido por mí ante Sand, después de que estuvieran dispuestos a atacar a un aliado porque se había vuelto contra mí, yo les matase de la forma más rastrera que pudiera imaginarse. Además, de hacerlo, le estaría dando la razón al chico del 4, que me había acusado de tramposa y vendida. No, no pensaba asumir ese papel, definitivamente, esa idea quedaba descartada.
Dejé de pensar, mientras ayudaba a los demás, a duras penas, a alejar del campamento los cuerpos de los gemelos del 4. No podía hacer mucho, debido a que la pierna herida no dejaba de sangrar y de molestarme, pero mi ayuda era completamente necesaria si queríamos alejar los cuerpos con rapidez, para evitar que el olor de la sangre que manaba de sus heridas, atrajera a algún tipo de depredador que viviera en la nieve.
Cuando los cuerpos fueron convenientemente alejados, pude concentrarme en el tratamiento de mi pierna herida. Contaba con el bote de pomada cicatrizante que me habían enviado aquella misma tarde, pero me daba la sensación de que la herida de la pierna iba a necesitar un tratamiento algo diferente a la del hombro. Ayudada por los demás, me coloqué al lado del fuego y me remangué la pernera del pantalón, ahogando un grito cuando vi como la pierna, inflamada por el corte, se encontraba llena de sangre, que no dejaba de manar por el profundo agujero que Sand me había hecho con su maldita lanza.
-¿Qué tenemos en el botiquín?-pregunté, aplicando una generosa capa de nieve sobre la herida, con la esperanza de poder anestesiar el dolor, reducir la inflamación y poder desinfectarla un poco.
-Voy a ver-repuso Brass, encaminándose hacia la torre de suministros que habíamos construido el día previo, y comenzando a mirar en este y aquel contenedor. Una de las ventajas de ser una profesional, era que contaba con un buen número de medicinas, recogidas de la Cornucopia. De no tener los botiquines que habíamos conseguido, seguro que las cosas me irían mucho peor.
-Creo que con la pomada que te enviaron debería bastar-sugirió Silk, sentándose a mi lado y mirado mi pierna con ojo crítico.
-Yo opino que antes debería darle algún tratamiento-señaló Daph, sentándose en mi otro lado-No soy enfermera ni nada por el estilo, pero el corte parece profundo.
-Al menos me duele, lo que es buena señal-repuse renovando la capa de nieve sobre mi herida-En el Distrito 12 estamos habituados a los cortes y demás, debido a que en las minas se suelen producir desprendimientos o simplemente los trabajadores se cortan con los picos que usan. A veces ayudaba a mi padre a trasladar a algún herido a la casa del boticario, y este siempre decía que cuando la herida no dolía, era cuando la situación era más grave.
-¿Y eso?-preguntó Daph con curiosidad.
-Pues, según él, porque cuando un corte es muy profundo, los nervios son dañados de tal modo que no puedes sentir nada en esa zona. Así que supongo que debería estar contenta de que me duela horrores.
Bras volvía en esos momentos con una especie de bolsa en las manos. Con un gesto, hizo que su compañera le hiciera un hueco junto a mí, para luego ponerme la bolsa de tela que había traído en el regazo.
-No es que contemos con cosas muy avanzadas en los suministros-repuso mientras se cruzaba de brazos-Pero creo que con lo que tenemos, será suficiente.
Abrí la bolsa, sacado de su interior varios rollos de vendas, un bote que, tras olerlo, supuse que contenía alcohol, unas cuantas gasas y unos extraños clips, que según me explicó Silk, servirían para sujetar un vendaje.
-Menos es nada-dije, mientras que limpiaba la nieve que había depositado sobre la herida. Ahora que el frío había hecho su misión, pude ver que no era un agujero tan grande de tamaño como antes hubiera podido parecerme, aunque era realmente profundo. Vertí un chorro de alcohol directamente sobre la herida, cosa que me hizo apretar los dientes y aguantar como pude un aguijonazo de escozor y dolor tan intenso que hizo que las lágrimas se me saltasen de los ojos, para luego secar el exceso con una de las gasas, procurando que toda la superficie fuera desinfectada. Al menos la septicemia, la temida infección de la sangre por culpa de una herida infectada, no me iba a atacar. Cuando el alcohol fue absorbido, apliqué una capa de la pomada cicatrizante, que tan útil me estaba siendo, para luego, finalmente, vendar la herida con una venda esterilizada, la cual sujeté con aquellos clips, asegurando así el nudo que le había hecho.
-¿Creéis que así estará bien?-pregunté, mirando el vendaje con ojo crítico. No era un vendaje experto, pero esperaba que diera el apaño.
-Más no puedes hacer-señaló Brass, encogiéndose de hombros-Tendrás que esperar a ver como evoluciona y seguir tratándola de vez en cuando. ¿Tu hombro no te ha dado problemas por ahora?
Negué con la cabeza, mientras que de forma inconsciente, me llevaba una mano a la herida del hombro. Desde que me apliqué la crema, no había vuelto a molestarme, de hecho, de no haberla mencionado Brass, ni siquiera habría recordado que la tenía. Aprovechando que había sacado la pomada y que me habían sobrado vendas, le pedí a Brass, que parecía entender del tema, que me vendara esa herida también, después de que le aplicara por segunda vez una capa de pomada. Constaté que lo dicho por Silk sobre los efectos de la pomada era cierto, pues la herida parecía tener ya varios días de antigüedad, y no horas.
-Tienes buenos patrocinadores-repuso Daph, mientras su compañero me vendaba el hombro-Un regalo de este tipo no ha de tener precio, al menos bajo tu punto de vista. Si he de ser sincera, yo lo considero más útil que cualquier tipo de comida que nos pudieran enviar.
Asentí a sus palabras, aunque no compartía del todo su punto de vista. Es cierto que una pomada que cicatrizaba las heridas con rapidez, era algo útil a más no poder, pero de estar hambrienta, habría deseado más un buen plato de comida que una medicina, fuera del tipo que fuese. Una herida siempre se podría tratar con nieve, pero un estómago vacío solo tenía una solución: comida. Esa idea hizo que volviera a sentirme agradecida de haber entrado en la alianza mejor aprovisionada que pisaba la arena.
-Esto ya está-Brass sujetó el vendaje con un nuevo clip, y me dio una palmada amistosa en la mejilla-¿Qué tal si te echas un poco y tratas de pegar ojo? Yo haré el siguiente turno.
Suspiré mientras me ponía en pie, para luego, acompañada por Silk y Daph, introducirme en nuestra tienda de campaña, donde me volví a acurrucar en mi saco de dormir, calentito y mullido. Daph se enrolló en sus mantas y Silk se deslizó en su saco, asomando levemente la cabeza de este. Miré sus ojos azules y su larga cabellera rubia, ahora algo más sucia que cuando estábamos en el Capitolio. Todas teníamos que estar bastante sucias, aunque como no sudábamos debido al frío, el olor a cuerpos sin asear no era tan intenso como se pudiera esperar. Gracias a aquellas dos chicas, seguía viva en estos momentos, metiéndome en mi saco de dormir y disponiéndome a pegar una cabezada antes de que el día rompiera y la caza de tributos que íbamos a efectuar por la noche, la cual había sido aplazada por lo sucedido, tuviera lugar. Había entrado en deuda con los demás, especialmente con Silk, pues su hacha había sido la que había matado a Sand, y yo era persona que odiaba no saldar mis deudas.
-Gracias-musité a la rubia-Gracias por ayudarme antes.
-Bueno, te debía una por echarme un cable con los tributos del 6-respondió ella-Ahora estamos en paz.
Daph soltó una risita, logrando que la mirásemos con incredulidad. Esta se limitó a alzar una ceja y a hacer una mueca cómica.
-Para la próxima, no hay nada que agradecer.-dijo- Nos salvamos el culo unos a otros hasta que llegue el momento de romper la alianza, pero de aquí hasta entonces, todos ayudaremos a todos. Los profesionales no solo somos los mejores entrenados y los más capaces en la arena, sino que también nos defendemos entre nosotros, con la esperanza de que sea un miembro de nuestra alianza el que se alce con la victoria. Y tú, Chrysta, eres una de nosotros, y no íbamos a permitir que Sand te calumniase.
-Pero Sand era también un profesional-repuse pensativa-También podríais haberle ayudado.
-Pero nos insultó-señaló Silk-Nos tachó de mentirosas, y a ti, además, de trepa. Se buscó él solito ese ataque.
-Y encima, Brass te tenía en más estima que a él-añadió Daph con calma-Tu cómputo de víctimas era superior al suyo, y durante el baño de sangre, cuando te escogió para que matases junto con nosotros, constató que sabías manejarte bien. 
-Bueno, dejémonos de cháchara-gimió Silk, metiéndose por completo en su saco-Quiero dormir algo antes de que mañana vayamos a matar a alguien más. Ahí os quedáis.
Se subió la capucha del abrigo y escondió la cabeza. Daph puso los ojos en blanco e hizo lo propio. Resignada, me introduje yo también en mi saco y cerré los ojos, pero sin dejar de pensar en las palabras de las chicas. ¿Realmente estaba tan integrada en la alianza, o no era más que una treta para confiarme y matarme? No lo sabía, pero decidí que a partir de ahora, iría con los ojos bien abiertos. No olvidaba que, conforme el número de tributos iba en descenso, era más posible que me despertara con la fría mordedura de un cuchillo en la garganta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario