domingo, 19 de agosto de 2012

CAPÍTULO 23


Dos semanas atrás, cuando aún no era más que una cazadora furtiva que vivía en la Veta y soñaba con ser enviada a los Juegos, me habría echado a reír a mandíbula batiente si alguien me hubiera dicho que, en cuestión de catorce días, me iba a dar miedo algo tan natural para mí como el internarme en un bosque. Pero lo cierto es que ahora, la mera idea de tener que volver a internarme en aquellas profundidades, tan condenadamente laberínticas, me aterraba de veras; casi no habíamos salido de su interior la primera vez, y no creía que en esta ocasión tendríamos tanta suerte. Seguro que los Vigilantes estarían deseando que nos introdujéramos en esa zona que tan fácilmente podían modificar, para nuestra tortura y sufrimiento… me apostaba lo que fuera a que, durante las horas que Silk y yo estuvimos perdidas en el bosque, los ciudadanos del Capitolio estuvieron en tensión, esperando a saber qué horror se nos echaría encima en cuanto nos despistásemos.
No pude evitar recordar con un escalofrío aquellos seres que, aunque no llegamos a ver, nos persiguieron entre los árboles hasta que pudimos salir a la llanura de la Cornucopia. ¿Serían los mismos mutos que habían matado a Valkyrie, dejándola con esa horrible expresión de terror? Tal vez… y de ser los mismos, no sabía como nos íbamos a defender de unas criaturas que podían hacer semejantes heridas y eran capaces de dejar paralizada a una persona por el simple horror de contemplarlos.
Lo cierto es que le estaba dando demasiadas vueltas al tema, para acabar volviendo al mismo punto de partida: no quería volver a entrar en el bosque, punto. No sabía que habría al oeste del estadio, pero prefería adentrarme en ese terreno desconocido a introducirme entre aquellos árboles mil veces malditos. Vale que este último fuera el lugar donde más comida podríamos encontrar, pues estaba segura de que habría algún tipo de roedor o similar adaptado al frío que podríamos cazar, eso sin contar con los piñones que habíamos visto comer a Sunset, y la corteza de los pinos, aunque estas pudieran sentarles mal a mis aliados, como le había pasado a Silk. Sí, definitivamente, la fuente más abundante de alimentos era el bosque, pero no me sentía por la labor de arriesgarme para conseguirlos.
Pero mi opinión, por suerte o por desgracia, no era la única que habría de ser tomada en cuenta, pues al encontrarme en una alianza, todos los miembros de la misma tendrían que argumentar lo que deberíamos hacer a continuación, para luego, entre nosotros, elegir el plan que más nos agradaba o más lógico nos parecía. ¿Y qué podía decir yo, que solo conocía la zona norte de la arena? No podía decir algo tan estúpido como “en el bosque hay comida, pero no vamos a ir porque me da miedo volver a perderme”. ¡Me tomarían por idiota, como mínimo! Y no olvidaba que acababa de hacerme con la confianza de los demás, solo por el hecho de que había demostrado una y otra vez que era una luchadora capaz y que apenas si sentía pavor por los retos que habíamos padecido.
Así pues, sentada junto a la hoguera que habíamos vuelto a encender junto con los demás profesionales, terminaba de comer un trozo de carne que habíamos logrado descongelar a base de clavarlo en una de las lanzas de Sand y colocarlo sobre el fuego, que no había derretido del todo el hielo que la recubría, pero que la había hecho parcialmente comestible. Nadie hablaba, cada uno seguramente rumiando sus propias sugerencias, sus propias ideas, con la esperanza de encontrar una solución a este nuevo problema que nos había tocado capear. Seguramente, aquel ataque contra nuestras provisiones habría sido promovido por algún tipo de queja del público o similar, cansados de vernos tan bien abastecidos; deseando ver como nos las veíamos y nos las deseábamos para mantenernos en pie, mientras continuábamos con las batallas y las escaramuzas.
Tragué el último bocado, sintiendo como la masa que la carne medio congelada formaba con mi saliva iba descendiendo por mi garganta, hasta desembocar en mi estómago. El sabor era prácticamente inexistente, y perfectamente podríamos estar comiendo piedras reblandecidas o similar, que no notaríamos la diferencia entre lo que acabábamos de tragar, pero como bien se decía en mi distrito, a buen hambre, nunca hay pan duro. Los chicos del 1 y del 2, más acostumbrados a las comidas lujosas y de mejor calidad que yo, no habían emitido ni una sola queja sobre lo que estábamos usando como alimento, así que si ellos no habían encontrado ninguna traba, yo no tenía derecho a quejarme, sobre todo viniendo de un distrito mucho más pobre que los suyos. A mi lado, Brass bebía un sorbo de nieve derretida, para luego limpiarse el rostro con el dorso de la mano. Silk, situada a mi izquierda, roía su trozo de carne en silencio, sus ojos fijos en el suelo; era la única que seguía comiendo, puesto que los demás o bien habíamos dado ya los últimos bocados, o los estaban dando en ese preciso momento.
-Bueno, bueno-Marphil se limpió las manos en el abrigo mientras que se inclinaba hacia delante, como si así fuera a vernos mejor-Está claro que nos encontramos en una encrucijada y que tendremos que decidir lo que haremos a continuación. Por un lado, tenemos el ya viejo plan de ir a cazar a los otros; pero ahora, nos ha surgido la necesidad de aumentar nuestras provisiones. Así pues, ¿qué proponéis que hagamos?
-Yo creo-repuso Daph-que deberíamos ir a por los otros.
-¿Te has vuelto tonta o qué?-le espetó Silk, dejando de roer su pieza de carne-¡Nos estamos quedando sin comida, y no sabemos cual es su posición actual! Hace ya varios días que nos los encontramos en el bosque, tal vez hayan cambiado su situación.
-¿Con la ventisca que nos ha caído encima?-inquirí yo-No creo que sean tan rematadamente capullos como para tal estupidez.
-Vamos a ver-Daph intentó hacerse oír por las protestas que Silk, Marphil, Brass y yo misma estábamos profiriendo-Entiendo que penséis que tal vez la comida debería ser nuestra prioridad, pero de momento aún tenemos algunas provisiones, y llevamos demasiados días sin alguna baja entre nosotros, los cual nos pone en una situación peliaguda. ¿No habéis pensado en que los Vigilantes ya querrán algo de acción por nuestra parte?
Un silencio aplastante siguió a aquel discurso, mientras que todos nos mirábamos unos a otros, casi con cierta vergüenza en los rostros. ¿Cómo no se me habría pasado por la cabeza que los Vigilantes nos podrían enviar algún tipo de fenómeno para que nos reuniéramos de nuevo? Seguro que en el Capitolio la multitud ya estaba rugiendo por un poco de sangre, debido a que nos habíamos pasado tres días encerrados en las tiendas, matando el tiempo con adivinanzas, acertijos y juegos de lógica. Estaba claro que, de no dar nosotros el espectáculo deseado por la audiencia, nos forzarían a darlo.
-Decidamos pues, que es lo que debemos hacer-dijo Brass con calma, mirándonos por turno-Veamos, ¿quién prefiere ir a por los demás?
Hubo unos momentos de titubeo, momentos en los cuales nuestras miradas se cruzaron entre ellas, como tratando de intuir que estaba pasando por la cabeza del otro, como si nos diera miedo pronunciarnos por una u otra opción. Finalmente, casi con miedo, todos alzamos las manos, incluso Silk.
-Decidido-sentenció el chico del 2-Iremos a por los otros… pero, ¿dónde se pueden haber metido?
-Hagamos un repaso de las zonas-apostillé, recordando el mapa que Sand había dibujado hacía algunos días, el cual nos había ayudado a hacernos una especie de composición sobre algunas de las zonas que había en la arena-Tenemos los páramos que hay al sur, las montañas que hay al este, y los bosques que hay al norte, eso sin contar con lo que quiera que sea que haya en la zona oeste. Si fuéramos una alianza que no tuviéramos muchos recursos, ¿dónde nos habríamos ido?
-Al bosque-respondió Marphil, verbalizando así tanto mis pensamientos como mis temores. Sí, al bosque. Al maldito bosque. Tendríamos que volver, de un modo u otro.
-En fin, no vamos a conseguir nada aquí sentados-repuso Daph, poniéndose en pie y cogiendo sus lanzas con rapidez, mientras dirigía sus oscuros ojos hacia el norte, lugar donde el bosque, peligroso y distante, no esperaba. Pero lo que jamás supuse fue que su rostro, normalmente serio, se viera desfigurado por una mueca de pavor, al mismo tiempo que ella intentaba gritar algo y su garganta se limitaba a sonidos roncos, casi guturales.
Curiosa por saber que era lo que ella había visto, me incorporé, mirando hacia la misma dirección, y entonces me di cuenta de por qué Valkyrie había fallecido con esa expresión de miedo en el rostro. Los mutos que la habían matado corrían ahora desde el norte hacia nuestro campamento, con una velocidad escalofriante, mientras que por mi cabeza, pasaba una idea desesperanzadora. ¿Cómo íbamos a luchar contra esos seres? ¿Cómo íbamos a matar a algo que ya estaba muerto?
Daph finalmente encontró la voz y soltó un alarido, un alarido que ni yo misma sería capaz de emitir, viendo a aquellos seres que venían hacia nosotros. No sabía que tipo de animal eran, puesto que no tenían pelo, ni escamas, ni… ni nada. ¡Eran esqueletos! ¡Jodidos esqueletos que corrían hacia nosotros, con sus blancos huesos brillando bajo el sol! Caminaban a cuatro patas, y tenían la mandíbula alargada, por lo que tal vez fueran osos… bueno, esqueletos de osos. Cuando corrían, se les veía alzar unas especies de zarpas provistas de unas garras del tamaño de la espada de Brass, seguramente las que produjeron los horribles cortes del cuerpo de Valkyrie. Los Vigilantes, desde luego, se habían superado con esas creaciones, pues no podríamos luchar contra ellas. La única opción, era correr.
-¡Mutos!-gritó la chica del 2 con desesperación, y por el rabillo del ojo, pude ver como los demás se habían incorporado del suelo y se encontraban paralizados por aquella imagen de pesadilla.
-¡Corred!-bramó Marphil-¡Hay que salir de aquí cagando leches, o se nos van a echar encima! ¡Recordad como dejaron a Valkyrie!
No había tiempo para mucho, si queríamos mantener una ventaja contra aquellos seres. No cogimos casi nada de la pirámide de suministros, solo algunos medicamentos y vendas que Silk introdujo apresuradamente en nuestras mochilas mientras que los demás recogíamos algunas mantas, nuestras armas (incluídas las de la chica del 1) y echábamos a correr hacia el oeste, hacia una zona que no habíamos tenido la oportunidad de investigar, pero que nos parecía la más segura, viendo como aquellas criaturas se habían ido abriendo en abanico, de tal modo que la dirección occidental era la única que nos quedaba como camino de escape de sus garras.
Notaba como la pierna me punzaba cada vez que la posaba sobre el suelo, pues a pesar de la pomada y de los días de descanso que había tenido, la herida no había sanado del todo. A mis costados, Brass y Marphil corrían con los dientes apretados, sus rostros rojos por el esfuerzo, sus ojos concentrados solamente en el terreno que habría que recorrer, no en lo que iban dejando atrás. Lo cierto es que yo tampoco osaba girar la cabeza, pues me asustaba ver a aquellos espantosos mutos más cerca; sabía que, de atraparnos, nos podíamos dar por muertos.
La llanura central descendía en una ligera pendiente hacia el oeste, hasta que ante nuestros ojos pudimos ver, lejos aún, el azul frío del mar que rodeaba aquella isla sobre las que nos habían soltado. Estaba claro que al oeste no había nada, solo más llanuras como las que rodeaban la Cornucopia, ¿y qué haríamos cuando llegásemos al mar? ¿Lanzarnos a sus gélidas aguas? A lo mejor era la única forma, pues tal vez aquellos seres no sabrían nadar…
En un momento dado de nuestra carrera, al posar el pie sobre el suelo, sonó un chasquido amenazante, como si lo que pisase se estuviera rompiendo. No me detuve, asustada como estaba, mientras contiuaba mi carrera… y Silk, la más alejada del grupo, ocupando el flanco derecho de la alianza, soltaba un silbido penetrante.
-¡Tributos!-exclamó señalando hacia su derecha, y pude verlos, un grupo de cuatro personas que corrían en la misma dirección que nosotros, viniendo desde el norte, seguramente siendo perseguidos por una manada de mutos similar a la que nos había aguijoneado. Los esqueletos no habían venido a matarnos, sino a juntarnos. Los Vigilantes querían que luchásemos de nuevo, como hacía unos minutos habíamos deducido.
Estábamos más cerca, casi podía ver la sonrisa de odio que adornaba el oscuro rostro de Sunset. Sabía que iría a por mi, y lo cierto es que no me daba miedo; ahora, tal y como estaban las cosas, ella tenía las de perder, debido a que, si osaba atacarme, seguramente la alianza en pleno me defendería… y no creía que pudiera hacer mucho contra un grupo de cinco profesionales en su contra.
Con aire altanero, saqué el arco y coloqué una flecha en la cuerda, apuntando en su dirección.
-Que empiece el juego-musité.

3 comentarios:

  1. ¡Más, más, MÁS! Dios jodía, ¡escribes genial! Avísame cuando haya el siguiente eh, quiero ver como Chrysta mata a Sunset :3 Sigue así, un besito :D

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  2. XD, aún queda para eso, pero va a haber una pelea la mar de linda que va a darle un giro a la historia.

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    1. Tengo muchas ganas de leerla de verdad *-*

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