jueves, 23 de agosto de 2012

CAPÍTULO 26


Vergüenza, arrepentimiento, gratitud, eran sentimientos que no dejaban de rondarme en la cabeza mientras que trataba de incorporarme sobre la placa de hielo medianamente estable en la que había sido dejada. No me podía creer que hubiera podido librarme de la muerte una vez más, que siguiera viva, cuando casi había sentido el agua gélida llenando mis pulmones, embotando mi cerebro, haciéndome perder la consciencia y hundiéndome poco a poco en el sueño del que nunca se despierta… Jack me había mantenido pegada a la vida, me había hecho continuar en aquella infernal competición al menos un poco más. Si yo hubiera estado más cerca de Silk cuando el hielo se quebró bajo ella, tal vez la hubiera podido salvar.
Pero, ¿por qué motivo Jack me había rescatado? Desde que llegamos al Capitolio, nuestra amistad se había ido enfriando, mayoritariamente por mi culpa. Me había distanciado de él para hacerme conocida de los profesionales, le había amenazado de muerte la noche en la que dieron las puntuaciones, y casi lancé un cuchillo contra él en la pelea del bosque. Desde luego, lo más lógico habría sido que me hubiera dejado ahogarme, puesto que así solo quedarían cinco competidores y solo uno de ellos sería un profesional. Mi muerte le habría facilitado mucho el volver a casa, pero había sacrificado esa opción por mantenerme con vida.
Traté de normalizar mi respiración, acelerada por el pánico, mientras sentía aún los latidos de mi corazón en mis oídos, desbocados por lo sucedido. Debería seguir corriendo, pero necesitaba respirar, recuperar el aliento y las formas antes de salir de aquella zona tan traicionera. ¿Es que no había en la arena un sitio en el que pudiéramos estar sin perdernos o sin que el suelo se rompiera bajo nuestros pies? Parecía que no.
Caí a cuatro patas sobre el hielo, con la sensación de estar a punto de echar fuera el desayuno, cuando Jack se agachó a mi lado y me incorporó de nuevo, cogiéndome del brazo y tratando de empezar a correr, tirando de mí.
-Si quieres descansar, hazlo más adelante-me urgió con algo en la voz que parecía ¿pánico?-Hay que salir de aquí.
Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Vale que Jack tal vez me sacara del hielo roto debido a que sintió algún remordimiento ante mi posible muerte promovido por los recuerdos de nuestra amistad, pero no olvidaba que él y yo estábamos en alianzas distintas. Había supuesto que, después de dejarme en una zona que soportara mi peso, volvería con Sunset y Wheel, seguramente a esperar a que Leaf y Daph terminaran su lucha. ¿Acaso era una treta para llevarme a alguna trampa y matarme? No tenía sentido, puesto que perfectamente podía estar ya muerta, de modo que esa opción quedaba descartada.
-¿Se puede saber a que viene todo este numerito del galán caballero que salva a la damisela?-pregunté de malas maneras, con más brusquedad de la deseada. ¿Me salvaba la vida y se lo agradecía con una de mis borderías? Desde luego, me estaba cubriendo de gloria.
-Mira Chrysta, me encantaría sentarme a charlar, ¡pero el hielo se sigue quebrando y vamos a acabar haciéndole compañía a la chica del 1 si no salimos de aquí! ¡Así que corre como hacías en la Veta de una vez! No voy a matarte, si es lo que piensas, así que deja de resistirte y muévete.
No me quedó otra que acceder a aquellas palabras y correr en pos suyo. Cuando Jack vio que le estaba siguiendo por voluntad propia, soltó el agarre que tenía de mi brazo, para dejarme más libertad de movimiento, y pronto corríamos a la par, pisando por fin un suelo uniforme y firme, no esos trozos de hielo que no cesaban de crujir a nuestro paso. Al coronar la loma que descendía hacia el mar, la misma que habíamos descendido a la ida, pude ver casi de refilón como Wheel y Sunset desaparecían también en dirección norte, la misma que habían seguido Daph y Leaf. ¿Irían a tratar de ayudar al niño? No lo sabía, aunque de hacerlo, tal vez debería alegrarme, puesto que así me quitarían de encima una pelea contra Daph, la cual no me hacía ninguna ilusión.
-¿Qué pasa con tu alianza?-inquirí, deteniendo mi carrera, y hablando entrecortadamente, pues el aliento me fallaba-¿No vas a ir con ellos?
-Lo mismo te podría decir de la tuya, Chrys-el amago de una sonrisa curvó los labios de Jack, gesto que me sorprendió, del mismo modo que el uso del diminutivo de mi nombre. No me había llamado “Chrys” desde que dejamos el Distrito 12, lo que me hizo ser consciente de que tal vez las cosas estaban volviendo a su viejo lugar-Podrías haber seguido a Daph en su persecución contra Leaf, pero sin embargo, saliste corriendo en dirección contraria.
-Acabaríamos peleándonos antes o después-musité-así que pensé que sería mejor irme de la alianza. Además, ya solo quedábamos nosotras dos en pie.
El recuerdo de la muerte de Silk volvió a golpearme con fuerza. Tampoco quería irme con Daph porque los recuerdos de los otros profesionales, ya muertos, eran más fuertes con ella. Habíamos sido diezmados en apenas unos días, dos habían muerto por fenómenos ajenos a nosotros, y los otros tres, asesinados por algún tributo. Aún me sorprendía el arrojo y el odio que me habían llevado a apuñalar a Marphil hasta la muerte.
Miré a Jack, que me observaba con un gesto extraño en sus ojos. ¿Acaso ahora querría aliarse conmigo? Es más, ¿me aliaría con él? Estaba dispuesta a embarcarme en una nueva alianza con una persona que hasta hacía horas consideraba un rival?
-¿Seguimos?-me preguntó, y lo observé con el ceño fruncido.
-¿Cómo que seguimos?-inquirí-¿Acaso vas a venir conmigo?
-¿Tanto te molesta?-repuso él con calma, alzando una ceja-Siempre me has dicho que era mejor cazar con alguien para que te guardara las espaldas, ¿no?
Me mordí el labio, sorprendida de que recordase aquella frase. Un día, cuando los Wood se acababan de instalar en el Distrito 12, llevé a Jack al bosque conmigo, a través del cual me siguió un tanto resignado mientras yo cazaba algunos conejos. Este proceso se repitió varias veces, hasta que un día me preguntó por el motivo por el cual lo llevaba conmigo cuando cazaba, puesto que no hacía más que seguirme como una sombra. Yo le expliqué que, al venir conmigo, él estaba más atento a las posibles amenazas que nos pudieran acechar, mientras que yo me encargaba de buscar los rastros de las presas. Desde aquel día, Jack siempre anduvo con los ojos más abiertos de lo normal en el bosque, tratando de paliar mi falta de atención hacia algunos aspectos.
Hacía ya dos años de aquel intercambio de palabras, y si mal no recordaba, era una frase que no le había vuelto a mencionar. ¿Tan buena memoria tenía? Quizás.
Solté un bufido resignado a sus palabras, mientras volvía a correr, siendo seguida por él. Bueno, tal vez podríamos hacer juntos el camino hacia el campamento, dividirnos las provisiones que quedaban y luego partir cada uno en una dirección. De todos modos, nunca podría transportar todos los suministros que quedaban en buen estado, y prefería que los tuviera alguien que conocía a que se echaran a perder del todo o los cogieran algunos tributos a los cuales preferiría ver muertos.

-Tiene que haber algo más de comida, por pequeño que sea.
Caía ya la tarde mientras que Jack, menticulosamente, rebuscaba entre los suministros aplastados algo medianamente salvable, al mismo tiempo que yo revisaba los amasijos de lona y palos que veinticuatro horas antes habían sido unas tiendas de campaña en perfecto estado, tratando de encontrar algún saco de dormir o alguna manta que hubiéramos dejado allí.
Cuando llegamos al campamento, casi me costó reconocerlo. Los mutos, en su carrera tras nosotros, habían pasado sobre las tiendas, destrozándolas con sus esqueléticas garras, y derribando de paso la pirámide de suministros que habíamos construido. La poca comida en buen estado que quedaba, había sido pisoteada o destrozada, y solo algunos trozos seguían en condiciones aptas para nuestro consumo. El fuego que prendimos apenas era ya un puñado de brasas, y los contenedores de agua habían sido completamente vaciados al caer contra el suelo.
Ver aquello me hizo tener que desechar el plan que había trazado de coger lo que pudiera y tratar de probar suerte en solitario. Jack y yo nos encontrábamos en una situación muy precaria, puesto que la única comida que ahora poseíamos eran las galletas y las dos tiras de cecina que quedaban en mi mochila, a la que añadimos un pequeño trozo de carne que aún se podía comer y tres barritas de cereales que habían sobrevivido al frío y a la estampida de mutos. En lo referido a las medicinas, habíamos conseguido reunir algunas vendas y un botecito que aún seguía medio lleno de alcohol, a los cuales sumamos mi casi gastada pomada cicatrizante. Mi saco de dormir y una manta térmica que habíamos dejado olvidada, junto con nuestras botellas, completaban el inventario.
Rememoré mi situación al empezar la jornada. Teníamos menos provisiones que antes, cierto, pero aún poseíamos bastantes para varios días, además de contar con las tiendas que nos protegían del viento y del frío. Había tenido muchas comodidades en el estadio, las cuales ahora brillaban por su ausencia. Se podría decir que era a partir de estos momentos cuando yo entraba de verdad en los Juegos del Hambre, cuando realmente tendría que intentar sobrevivir, además de luchar por mi vida contra los demás tributos; y sinceramente, prefería no hacerlo sola. Como Jack bien había dicho, siempre era mejor cazar en compañía, para que alguien te vigilara las espaldas. No olvidaba que si Leaf mataba a Daph, quedándome sola era una presa vulnerable para Sunset y su alianza. Que Jack se viniera conmigo era una doble ventaja, me ayudaría y, de paso, haría mermar la alianza de la chica del 11.
Decidido, quería a Jack como aliado. Tal y como estaban las cosas en el estadio, de ganar alguien que no fuera yo, querría que ganase él, para que las cosas mejoraran un poco en el distrito. A fin de cuentas, Jack casi era de mi familia, y seguro que cuidaría de mis padres para que no les faltara de nada.
-¿Has mirado bien?-le pregunté cuando vi que abandonaba los restos de la pirámide, sacudiéndose las manos-¿Queda algo?
-Nada-respondió, y al mismo tiempo que hablaba, se limpió con la manga la sangre que seguía manando de la herida de su mejilla. No nos habíamos curado los cortes, yo aún sangraba por el tajo que Sunset me había hecho en el antebrazo izquierdo, añadiendo así una nueva marca a mi ya castigada anatomía. Si salía viva de la arena, mi cuerpo iba a estar lleno de cicatrices, como macabros recuerdos de mi paso por los Juegos, aunque la verdad, era algo que consideraba superfluo frente a conservar la vida. Prefería ser una criatura deforme pero viva a tener una perfecta apariencia y haber muerto.
-Será mejor que nos tratemos las heridas antes de continuar-dije, sacando de mi mochila el bote de crema cicatrizante. Jack había hecho verdaderas fiestas a la pomada cuando le informé de sus propiedades, aunque no se le había ocurrido pedirme un poco para su corte. Observé con ojo crítico la sangre que no dejaba de manarle del rostro, si lo quería como aliado, no me convenía tenerlo herido, además de que me molestaba ver sangrar así al que fue en tiempos, y tal vez volvía a ser, mi mejor amigo.
Le tendí la crema, como en el pasado hiciera con Silk, sin apenas decir una palabra sobre ello. Tal vez debería disculparme por haberme comportado de un modo tan maleducado con él, mas yo no era de esas que pronuncian la palabra “perdón” con facilidad, de modo que esperaba que captase las intenciones escondidas con las que yo le entregaba aquella pomada. Esperaba que supiera que la crema era una proposición de paz, un intento de volver a poner las cosas en su sitio, y a ser lo que fuimos en tiempos: Inseparables.
Jack tomó el bote de pomada, lo abrió, para luego negar levemente con la cabeza.
-No queda mucha, y tu brazo necesita una buena capa-musitó. Cierto era que apenas si quedaba, y que no solo mi brazo andaba necesitado de esa pomada, pero no le dije nada al respecto.
-Cierra el pico y échate la crema antes de que decida que no me eres útil y te quite del juego-repuse con un tono exageradamente desdeñoso, que le hizo soltar una leve carcajada. ¿Cuánto hacía que no se reía conmigo de ese modo? A mí, personalmente, me parecían siglos.
-A sus órdenes, señorita Clearwater-su tono de voz fue también excesivamente serio, mientras rebañaba los restos de pomada y se lo aplicaba en el rostro. Mientras tanto, yo rocié la herida de mi antebrazo con el alcohol que habíamos encontrado, para luego vendarla. Cuando terminé el vendaje, Jack ya había lanzado el bote de pomada contra los suministros destrozados, y me miraba expectante, como si esperaba que fuera a ordenarle algo más.
-¿A dónde vamos ahora?-preguntó.
¿Cierto, a dónde ir con un viejo amigo que después de decirte que eres una sádica te salva la vida y trata de acompañarte por un lugar en el cual uno, si no los dos, va a morir con completa seguridad? Jack iba a tener que explicarme muchas cosas, pero lo haría cuando hubiéramos encontrado un lugar en el que pudiéramos instalarnos y conseguir algo de comida.
Comida… al oeste no encontraríamos nada, lo mismo que en los páramos que había al sur. En el norte estaba el bosque, pero los demás habían corrido en esa dirección. Por lo que solo nos quedaba un único lugar al que dirigirnos a probar suerte: las montañas.
-Al este-respondí-Vamos al este.
Y nos pusimos en camino hacia las montañas que pronto comenzaron a recortarse contra el horizonte vespertino. La verdadera supervivencia comenzaba para mí.

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