sábado, 25 de agosto de 2012

CAPÍTULO 27


La única descripción que tenía de las montañas era la que habían hecho Marphil y Brass sobre las mismas el día en que Silk y yo nos perdimos en el bosque, y no es que hubiera sido una descripción muy detallada. Si mal no recordaba, solo dijeron donde se encontraban situadas y que no las habían escalado, nada más. No mencionaron si tal vez hubiera comida en ellas, si a lo mejor podríamos encontrar algún refugio en sus laderas, o si su altitud era considerable, pero eso era mejor que nada, y componían el único lugar en el que podríamos probar suerte para buscar comida antes de que osásemos internarnos en el bosque para rencontrarnos con el resto de los tributos.
Comenzamos a andar cuando estaba cayendo la tarde, y llegamos a las primeras elevaciones montañosas cuando los últimos rayos del sol surcaban el cielo. Ante nosotros había algunas colinas de mediano tamaño, y luego, tras las mismas, se alzaban unas montañas no excesivamente altas, pero sí de un aspecto un tanto sobrecogedor, con sus afiladas cimas llenas de nieves, y sus laderas empinadas salpicadas aquí y allá por alguna que otra manchita verde. ¡Verde! ¡Si había vegetación, tal vez habría algún que otro animal que pudiéramos cazar!
Me giré hacia Jack, que en esos momentos contemplaba las montañas sin mediar palabra. Mi nuevo aliado, aunque, ¿por qué motivo? Estaba segura que las vagas respuestas que me había dado antes, cuando salimos del hielo, no eran del todo ciertas; es más, cuando le pregunté por los motivos por el cual se había separado de Sunset y los otros, me respondió formulándome una pregunta, evadiendo así la respuesta a mi cuestión. Bueno, dentro de poco le sacaría la verdad, aunque tuviera que ponerle un cuchillo al cuello para lo mismo.
-Creo que seguir sería una soberana estupidez ahora que está cayendo la noche-dije una vez que coronamos una de esas colinas y las montañas se alzaron ante nosotros, ya sin ningún otro terreno que cruzar-Del mismo modo que comparto el punto de vista de Brass sobre el hecho de escalarlas.
-¿Brass?-preguntó Jack con cierto desconcierto-¿Quién es?
-Quien era-maticé-Brass era el tributo del Distrito 2, el que mató Leaf esta mañana. El segundo día que estuvimos en la arena, ya sabes, cuando nos encontramos en el bosque, nos habíamos separado para explorar un poco el estadio, y él y Marphil, el chico del 1, llegaron hasta aquí. Cuando esa misma tarde contamos lo que habíamos encontrado, Brass repuso que no intentaron escalar las montañas porque recelaban de las mismas.
-Bueno, no creo que fuera una mala idea-contestó Jack, encogiéndose de hombros-No creo que ahí arriba vaya a haber algo que merezca la pena, a no ser que la nieve cuente. Así pues, ¿acampamos aquí?
No era el lugar más apropiado para establecer un campamento, debido a que estaba bastante expuesto, facilitando que cualquier tributo o muto nos atacase, pero no podíamos ponernos exigentes en ese aspecto. Es cierto que el campamento que teníamos montado cerca de  la Cornucopia también se encontraba muy desprotegido, pero éramos siete personas en él, y nos repartíamos los turnos de vigilancia, de forma que siempre había alguien alerta por si venía algún peligro. Además, estaba el hecho de que ahora no teníamos casi nada para protegernos del frío, solo mi saco de dormir y las mantas que había pescado de la destrozada tienda, y eso no era mucho para las gélidas temperaturas que podríamos alcanzar durante la noche.
-Supongo que no tenemos otra-respondí al comentario de mi nuevo aliado. Tendríamos que apretar los dientes y tratar de soportar el corte del frío viento contra nosotros lo mejor que pudiéramos. Si tuviéramos alguna especie de muro tras el cual refugiarnos…
A mi cabeza regresó el recuerdo del asalto en el bosque, cuando Silk le cortó la mano a Engine, la cual cayó sobre un muro de nieve que esos tributos estaban construyendo… ¡un muro de nieve! Jack había estado con ellos, tal vez hubiera aprendido algo sobre como lo levantaron, o si usaron una especie de técnica en especial para que pudieran parapetarse tras él.
-Jack-dije con calma-Hace varios días vi como Wheel y Engine levantaban unas construcciones de nieve allá en el bosque…
-¡Cierto!-exclamó él-Los llamaron ventisqueros, como esas montañas de nieve que se forman en el Distrito 12 contra las paredes de algunas casas. No hacían mucho, pero resguardaban del viento.
-¿Podrías recordar como los levantaron?-inquirí.
-¡Por supuesto!-contestó, derrochando energía en cada movimiento, como hacía en los viejos tiempos. Ese era mi Jack, el Jack que había conocido en la Veta y del que me había hecho amiga después del mazazo que me supuso la muerte de Nick, el Jack que había echado de menos durante todos los días que habíamos pasado en el Capitolio y en la arena. Me alegraba muchísimo que hubiera vuelto a ser el de antes-No era complicado, solo había que apilar nieve a la suficiente altura como para podernos sentar detrás de los montones sin que el viento nos roce apenas.
Aunque cada vez había menos luz, nos las apañamos para ir alzando poco a poco la deseada pared de nieve, cogiendo puñados del suelo y apilándolos todos en una zona, haciendo un montón de nieve cada vez mayor, el cual moldeábamos de vez en cuando para que adquiriese una forma más alargada. La herida del brazo no dejó de molestarme en todo el proceso, pero la ignoré por completo, apretando los dientes para aguantar el dolor y centrándome únicamente en apilar más y más nieve. Ahora esas paredes que estábamos construyendo eran lo único que nos iban a proteger un poco del frío, y si quería seguir viva, debía trabajar con diligencia para que quedasen bien compactas y cumplieran su misión a la perfección.
Trabajamos en silencio, sin mediar palabra, momento que aproveché para ir creando una lista de preguntas en mi cabeza, las cuales les haría a Jack una vez que el trabajo estuviera listo. Tenía muchas cuestiones que plantearles, pero me obligué a ser práctica y a pensar en los puntos que realmente me preocupaban de veras, para centrarme en ellos. Por ejemplo, su cambio de actitud para conmigo; su empeño en acompañarme y ayudarme; el abandono de su antigua alianza. Eran varios puntos que me dejaban algo descolocada, puesto que no conseguía comprender los motivos por los que Jack pudo haberlos hecho.
Cuando hubimos terminado, nos sentamos al amparo de aquel muro, notando como no protegía del todo bien contra el frío, pero nos resguardaba del viento. Teníamos una manta para los dos, por lo que nos acurrucamos dentro de la misma, mientras que tratábamos de comer una galleta y una tira de cecina. No era mucho para constituir una cena que nos llenase, pero sabíamos que andábamos escasos de provisiones, por lo que nos habíamos resignado a pasar hambre. ¿Acaso Dust no podría enviarnos algo, fuera lo que fuese? Desde aquel bote de pomada, no me había vuelto a mandar nada, aunque cierto era que no lo había necesitado. ¿No podría mandarnos aunque fuera una mísera hogaza de pan? Seguro que habría alguien que querría pagarnos algo, pero tal vez ya fuera casi imposible. Si mal no recordaba, el año pasado, conforme los Juegos iban avanzando, se decía en el programa comentado que resumía los acontecimientos más importantes que habían pasado en el estadio durante la jornada, que el precio de los regalos iba subiendo conforme iban pasando los días. Llevábamos una semana en los Juegos, pero el número de jugadores era ya bastante reducido, lo que tal vez hubiera hecho que el precio de los regalos fuera ya demasiado elevado.
Terminábamos de comer, cuando el cielo nocturno se iluminó con el sello del Capitolio y el himno comenzó a sonar. No me sentía lista para ver las caras de mis antiguos aliados en el firmamento, pero me obligué a alzar los ojos, viendo como el sello desaparecía y era sustituído por la imagen de Marphil, a la cual, cosa de medio minuto más tarde, siguió la de Silk.
Miré aquella foto, notando como las lágrimas volvían a amenazar con salir de mis ojos. Aún me costaba asumir que ella estaba muerta, me parecía casi increíble que esta misma mañana hubiéramos estado desayunando juntas, pues me daba la sensación de que había pasado mucho tiempo desde ese momento hasta este instante. Casi sin planteármelo, me llevé los tres dedos centrales de la mano izquierda a los labios y luego señalé la imagen de la fallecida con ellos. Sería mi último adiós a Silk, mi último gesto de agradecimiento por todo lo que hizo por mí.
Brass apareció en último lugar, y luego, tras poner de nuevo el sello, el cielo volvió a oscurecerse. Seis personas quedábamos aún en pie; seguramente ahora estaban saliendo las entrevistas a nuestros familiares y amigos por las pantallas de todo el país. Me imaginaba a mis padres siendo entrevistados, hablando sobre las probabilidades que tenía yo de volver a casa o cosas por el estilo… ¿qué dirían sobre mí? ¿Entrevistarían juntos a mis padres con los Wood, ya que eran amigos y encima sus hijos estábamos juntos en la arena? Tal vez. Me gustaría tanto poder comunicarme con mis progenitores, poder decirles que me encuentro más o menos bien, que sigo viva, que sigo luchando… pero era un deseo imposible, puesto que los tributos no tienen modo de comunicarse con la gente que se encuentra fuera del estadio. El único modo que tenía de volver a hablar con ellos, era ganando los Juegos, y aunque ahora tenía estadísticamente más probabilidades (no son lo mismo veintitrés contrincantes que seis), mi situación era más precaria que nunca. Tal vez muriera de hambre antes de que me matara otro tributo.
-Chrysta-la voz de Jack me sacó de mis pensamientos, y me hizo mover la cabeza en su dirección. A pesar de estar tan juntos, con la esperanza de compartir el calor de nuestros cuerpos, apenas si le había mirado en lo que iba de noche.
-¿Qué quieres?-pregunté con algo de brusquedad, pero aún estaba luchando por controlar las lágrimas que no se habían resignado a irse cuando apareció la imagen de Silk, y controlarlas me ponía de mal humor.
Jack frunció levemente el ceño, mientras apretaba un poco los labios, como si dudara de lo que quisiera decir. Finalmente, suspiró y comenzó a hablar.
-¿Ella era tu amiga? Quiero decir, la chica del 1, ¿Silk se llamaba?
-¿A que viene esa pregunta?-repuse.
-Es más bien una respuesta a la pregunta que me hiciste esta tarde, sobre por qué quería irme contigo de buenas a primeras-matizó, seguramente viendo el desconcierto en mi rostro-Y la respuesta a tu cuestión no podía ser más sencilla. Verás, cuando llegaste al Capitolio, parecías una versión mutada de ti misma… no aceptabas la presencia de casi nadie a tu alrededor, no dejabas de estar siempre a la defensiva, y siempre que te miraba, andabas o entrenándote como una posesa en el gimnasio, o lanzándole miradas asesinas a los demás tributos.
-¡Yo no lancé en ninguna ocasión una mirada de ese tipo!-protesté, aunque en mi interior, sabía que tal vez Jack tuviera razón en ese punto. En el Centro de Entrenamiento había estado siempre tensa, como si esperase ser atacada en ese edificio, mientras me mentalizaba para lo que estaba por venir y me preguntaba quien de los presentes en ese lugar podría acabar con mi vida-Pero volviendo a tu discursito, explícame que tiene que ver que yo fuera amiga de Silk con el hecho de que te hayas venido conmigo de buenas a primeras y que encima te pongas a enumerar todos mis defectos durante el tiempo que estuvimos en el Capitolio.
-Vale, vale-su voz sonó un tanto molesta-¡Cielos, había olvidado lo irritante que puedes llegar a ser en algunas ocasiones! Bueno, volviendo a lo que estaba diciendo, te comportabas de un modo que nunca antes había visto en ti. Sabía que estabas dispuesta a venir a los Juegos, y conocía que tienes un carácter bastante fuerte, pero te aseguro que esos días estabas batiendo tus propios récords de bordería. Fue en ese tiempo cuando comencé a pensar que tal vez nunca te había conocido de veras, que te habías quitado la máscara que habrías llevado en el Distrito y te mostrabas como realmente eras. Tenías tanto odio en los ojos, Chrysta, tantas ganas por que empezara todo esto, que supuse que eras una sádica que no podía esperar para empezar a matar.
>>Mis sospechas continuaron cuando empezaron los Juegos y te vi matar a ese chico con un solo lanzamiento de un cuchillo. No me quedé mucho más tiempo en la Cornucopia, y no sé que más pasó después, de modo que continuaré con el día en que nos encontramos en el bosque. Cuando entraste en el claro y me miraste a los ojos, comencé a preocuparme de veras, porque parecías más que dispuesta a matarme. “¿Acaso he querido estos dos años a la persona que me va a asesinar?” me dije. Pero para mi sorpresa, me ignoraste para centrarte en Sunset, lo cual me hizo concebir una leve sospecha sobre esas suposiciones. Tal vez, después de todo, no eras esa criatura sádica que había visto en el Centro de Entrenamiento, pues podrías haberme disparado antes de que Sunset te abordara, y no lo hiciste.
Recordaba bien la mirada que Jack me había lanzado aquel día, aquel reto mudo en sus ojos cuando yo sostenía el arco con la flecha a punto para disparar, la cual le lancé a Engine, para proteger a Silk; luego de aquel tiro, me había enzarzado en mi primera pelea con Sunset.
-¡Me la quitaste de encima!-exclamé al recordar como Jack nos había separado-¿Por qué?
-Porque como ya te he dicho, comenzaba a darme cuenta de que tal vez la “máscara” no la habías llevado en el Distrito, sino en el Centro de Entrenamiento, que ese comportamiento tuyo bien podría ser una estrategia en vistas a los Juegos. Me sentía incapaz de dejar que Sunset te matara antes de aclarar esa duda, de modo que me la llevé argumentando estar protegiéndola de ti. Créeme, no le hizo mucha gracia que la privase de la ocasión de matarte.
-Me lo imagino-dije con frialdad, pues yo no dejaba de odiar aquel maldito hielo por quebrarse justo cuando iba a darle el golpe de gracia a la chica del 11.
-Y eso nos sitúa ya en esta misma mañana-continuó Jack-cuando vi como dejabas a Sunset en el suelo, sin matarla como estabas a punto de hacer un segundo antes, y salías corriendo en dirección al agujero por el que esa chica se había caído. El grito que soltaste mientras corrías, la expresión de angustia de tu rostro, y luego el temblor de tu cuerpo cuando escuchaste el cañonazo, me demostraron que había hecho lo correcto en el bosque cuando te concedí aquella oportunidad para demostrarme, sin que tú lo supieras, como eres realmente. Y luego, la mirada de odio que le lanzaste a ese chico cuando habló de ese modo tan horrible sobre su compañera… bueno, creo que ya sabes lo que te intento decir. Por eso te pregunté antes si considerabas a Silk tu amiga, Chrysta, porque estoy seguro que nadie reaccionaría así ante el fallecimiento de alguien que no fuera su amigo.
No contesté, porque estaba tratando de asimilar todo lo que Jack me había contado. ¡Me había tratado con frialdad porque creía que era una sádica deseosa por matar! Cierto era que había adoptado una faceta dura para los patrocinadores, pero no esperaba que fuera a ser tan realista que Jack, la persona que mejor me conocía después de mi familia, fuera a creérsela. No iba a negar que siempre había sido un tanto borde y fría, pero lo cierto era que en el Capitolio había redoblado la intensidad de ese comportamiento. De modo que Jack, ahora volvía a tratarme como antes porque había visto que había sentido genuina pena por la muerte de Silk… ¿era ella mi amiga? Sí, estaba claro, pues como Jack había dicho, nadie reacciona de ese modo a esa situación si la persona fallecida no es importante para ti.
-Sí, era mi amiga-musité, y pude ver como los ojos de mi compañero brillaban levemente.
-Creo que te debo una disculpa-susurró, a lo que le miré, sorprendida.
-¿Por qué?-pregunté.
-Porque Sunset te odia por mi culpa-respondió.
-¿Cómo?-conseguí articular. Aquello no tenía ni pies ni cabeza.
-Fue en el Centro de Entrenamiento… empezó como una tontería, pero está claro que ha ido a más, viendo las ganas que te tiene. Ella me preguntó el segundo día que estuvimos allí, si tenía a alguna chica “importante” en mi vida, no se si me entiendes.
-Sí, creo que capto el sentido-repuse con cierto sarcasmo. ¿Ahora iba a decirme que Sunset me odiaba por algún tipo de película amorosa que se hubiera cocinado en su mente? Era lo más probable, porque entre Jack y yo nunca había habido nada.
-Bueno, pues me temo que no le di una respuesta que fuera del todo reveladora. Simplemente le comenté que había una chica a la que veía como más que a una amiga, pero no llegué a decirle ningún nombre. Sabes, te sorprendería saber lo intuitiva o astuta que puede llegar a ser Sunset; cuando terminamos las entrevistas la noche antes de que empezaran los Juegos, me abordó en el vestíbulo del Centro de Entrenamiento.
>> “-Es ella, tu compañera de Distrito, ¿verdad?-”preguntó. Me cogió tan de sorpresa que no pude contestarle, pero ella interpretó mi silencio como pudo y se alejó. Desde aquel momento, no ha dejado de despotricar en tu contra, esgrimiendo como principal baza, que habías traicionado a tu distrito por irte con los profesionales en vez de conmigo.
La cabeza me estaba zumbando, mientras trataba de asimilar todo aquello. Jack nunca me había visto como nada más que una amiga, ¿cierto? Siempre habíamos estado muy unidos, así que a lo mejor por eso Sunset malinterpretó su reacción aquel día, haciéndose ideas erróneas…
Pero entonces comencé a recordar detalles que hacían que las cosas tomaran un cariz diferente. La cantidad de veces que Jack se desvivía por hacer lo que me apeteciera, aunque no tuviera deseos de ello. Las miles de sesiones de entrenamiento en el bosque a las que me acompañaba, aunque no hacía más que estar sentado, mirándome entrenar. Sus intentos por animarme cuando caía en los accesos de melancolía por lo sucedido en el pasado. El gesto de tomarme de la mano cuando íbamos a la cosecha, tanto a la de este año como a la del anterior. La mirada de pena y dolor cuando me vio aparecer en el Centro de Renovación… Demasiadas atenciones para alguien a quien solo consideras tu amiga.
Y entonces la realidad me golpeó como una daga de hielo. Sunset me odiaba porque yo era la chica a la que Jack quería. Y lo peor era que ese sentimiento solo le traería dolor, porque en el lugar en el que nos encontrábamos, la amistad, y más aún, el amor, no hacen más que destrozarnos.
Como última esperanza de que me hubiera equivocado, me incorporé, aferrando su rostro entre mis manos, esperando ver bajo la oscura luz de la luna la verdad en sus ojos, como siempre hacía en la Veta. Y la encontré, oh sí. Solo para confirmar que lo que él me había dicho era verdad.
-¿Tú… tú me amas?-pregunté con un hilo de voz, a punto de ser presa del pánico.

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