miércoles, 29 de agosto de 2012

CAPÍTULO 29


Saber que han diezmado a tu alianza y que eres la única de la misma que sigue en el estadio, era un tanto extraño, por no decir incluso turbador. Cuando los Juegos aún estaban por comenzar, sospechaba que, de llegar a los últimos concursantes, seguramente tendría que vérmelas con varios profesionales, que me atacarían una vez rota la alianza; mas nunca llegué a pensar que yo sería la única que ostentara tal título en la arena cuando quedábamos tan pocos.
Cinco tributos, a eso se reducía todo ahora, seguro que en el Capitolio las apuestas se estaban poniendo interesantes, puesto que muchos de los favoritos habían caído, mientras que algunos tributos por los que yo, al menos, nunca habría dado ni una mísera moneda, como Leaf, seguían en pie.
¿Cuánto tiempo más le quedaban a estos Juegos antes de que uno de nosotros saliera vivo del estadio? De momento, llevábamos nueve días, diez si contábamos ya la jornada que aún no se había iniciado; el año pasado no llegaron a durar más de dos semanas, y por lo que recordaba, Marcus, en los entrenamientos, aseguró que “en dos semanas, veintitrés de nosotros estaríamos muertos”, por lo que eso me indicaba que tal vez, nos estuviéramos acercando al final de aquella competición. No dudaba sobre el hecho de que, si alguno de nosotros no caía en un día o dos, nos juntarían para que nos enfrentásemos y acabásemos de una vez.
Suspiré, para mis adentros, consciente de lo que eso significaba. Tal vez a Jack y a mí nos quedaba poco tiempo de vida, tal vez ninguno de los dos abandonase con vida el estadio, aunque yo por lo menos pensaba presentar batalla hasta que las fuerzas me fallasen. No había sobrevivido todos estos días para acabar dejándome matar, como casi hice con Sand; trataría de ganar, costase lo que me costase… o, de no poder conseguirlo yo, que ganara Jack.
-Supongo que debería alegrarme de que no tengamos ningún rival potencialmente peligroso-musité, mirando a mi compañero-Pero tengo sentimientos encontrados al respecto de la muerte de Daph; mi relación con ella no era tan estrecha como la que tenía con Silk, mas era una aliada magnífica.
-¿Cómo crees que murió?-inquirió Jack. Su pregunta me hizo abrir los ojos, algo sorprendida, porque no era algo que esperaba escuchar de él; era una cuestión demasiado desagradable que era más propia de mí, a fe de ser sincera. Aunque ahora que me lo planteaba, no sabía como evitarla.
-No lo sé-contesté-Tal vez la matase Leaf o quizás Wheel o Sunset; tal vez la atacaron los esqueletos, o simplemente murió de inanición o frío. Opciones hay muchas, si te pones a analizarlas.
Jack asintió en silencio, cruzándose de brazos, mientras que un leve copo de nieve caía sobre su oscuro cabello, seguido al poco tiempo de otro, y otro y otro. Volvía a nevar, y el recuerdo de la anterior tormenta de nieve me hizo comenzar a preocuparme, puesto que ahora no contaba con las ventajas que había tenido antes. ¿Y si nos volvían a soltar un temporal y moríamos congelados? La mera idea me hizo incorporarme, como si me hubieran descargado una corriente eléctrica, al mismo tiempo que miraba con aprensión los muros de nieve que habíamos construido, los cuales nos protegían del viento, pero no del frío.
-Jack, una pregunta-dije con la voz tensa-Hace unos días, cuando nevó de esa forma tan intensa, ¿cómo lograsteis sobrevivir estando a la interperie?
Jack me miró fijamente unos segundos, y luego, para mi sorpresa, sonrió levemente, mientras se incorporaba del suelo donde había estado sentado y cogía un puñado de nieve del mismo, enseñándomelo.
-Con esto-contestó.
-¿Me tomas por idiota o qué?-respondí automáticamente-¿Cómo pretendes hacerme creer que has sobrevivido a temperaturas gélidas usando “nieve”?-añadí, haciendo comillas con los dedos en esta última palabra.
-Wheel construyó un refugio con nieve-me contestó, a lo que solté una carcajada desdeñosa. ¿Un refugio con nieve? Por favor, eso no se lo creía ni el más pintado, dudaba que una construcción hecha con ese material tan frío pudiera preservar a una persona de una verdadera tormenta-El aire no entraba en su interior, por lo que se estaba bastante bien, además nos calentábamos unos a otros-protestó Jack-¿A que viene ese repentino interés por saber como salimos de la ventisca, si se puede saber?
-A que está nevando de nuevo, ¿o es que no tienes ojos en la cara?-inquirí, señalando hacia el cielo.
-Si te soy sincero, no creo que vaya a haber otra ventisca en tan poco espacio de tiempo, y menos ahora, que quedamos tan pocos y seguramente nos querrán ver luchar, no encogernos de frío. Así que deja de preocuparte de una vez por algo que tal vez no pase.
Refunfuñando para mí, me senté lo más pegada al muro de nieve que me daba mi trasero, encogiendo las piernas debajo de mi cuerpo y cruzándome de brazos. Jack podía tener muchas virtudes, pero desde luego, carecía de instinto de supervivencia; había llegado hasta este punto de los Juegos, seguramente, porque las personas con las que se había aliado, teníamos alguna idea que otra sobre como mantenernos vivos.

Sin embargo, a la mañana siguiente, pude constatar que Jack tenía razón, pues aunque seguía nevando, los copos caían con una cadencia apacible, casi de ensueño, como lo hacían en esas bolas decorativas que vendían en la ciudad, que tenían un paisaje dentro y si la agitabas, nevaba sobre él.
-Supongo que tengo todo el derecho del mundo a decir “te lo dije”, ¿no?-inquirió Jack mientras yo guardaba en mi mochila la manta y el saco de dormir, aunque me negué a darle el gusto de obtener una respuesta por mi parte.
-Déjate de cháchara y pongámonos en camino-repuse una vez que hube comprobado que el cierre de la mochila estaba bien efectuado y me la puse sobre los hombros-Con algo de suerte, tal vez logremos llegar al bosque antes de que acabe el día.
No habíamos tocado nada de las provisiones, puesto que después de la cena de anoche, consideramos que podríamos aguantar sin comer hasta mediodía, o hasta la noche si nos poníamos especialmente ahorradores. La sopa nos había dado fuerzas, y ya no caminábamos movidos solo por la desesperación de encontrar alimento, sino con la certeza de que podíamos resistir algunos días más, lo cual nos hacía verlo todo bajo otro punto de vista, o al menos yo lo hacía. Ayer no dejaba de preguntarme sobre cuantos días podía aguantar una persona con poco alimento y no parando de caminar, rogando para que fuéramos capaces de terminar aquel viaje antes de que el hambre nos matase. Hoy, sin embargo, lo veía todo más positivo, estaba casi segura de que podríamos llegar al bosque, y confiaba en que una vez allí no estuviéramos faltos de alimento.
Caminamos toda la mañana, hasta que, cuando el sol se encontraba en su punto álgido, decidimos parar para beber algo y descansar las piernas; la comida decidimos reservarla nuevamente. Después de aquel alto, volvimos a ponernos en marcha, hasta que el sol se ocultó bajo el horizonte y decidimos que, por aquella jornada, ya habíamos caminado lo suficiente.
-Tenemos que estar cerca-musitó Jack aquella noche, mientras se acurrucaba en su saco de dormir-Ya tenemos que estar cerca, las montañas tienen que terminar en algún momento.
No habíamos escuchado ningún cañonazo durante el día, por lo que esa noche, el cielo estuvo libre de rostros, lo cual me comenzó a preocupar. Si no había habido ninguna muerte, seguramente nos espolearían para que nos matásemos entre nosotros, o nos mandarían algún tipo de ataque o muto para vernos sufrir. Y esa idea no me agradaba en absoluto, porque ¿cómo iba a defenderme de los esqueletos? Prefería no pensar en que tal vez tuviera que hacerlo.

Cuando rompió el día, continuamos la marcha, en silencio, sin apenas cruzar palabra. Acabábamos de comernos dos barritas de cereales, de tal modo que únicamente nos quedaba un poco de carne y una barrita. Deberíamos llegar al bosque mañana como muy tarde si no queríamos acabar muertos por inanición; dudaba que en esta ocasión Dust nos enviara algo, porque a la altura de los Juegos a la que estábamos, todo debía costar una suma exorbitante.
-Pienso ponerme morado a piñones en cuanto lleguemos-aseguró Jack con firmeza, mientras caminaba constantemente, sin permitirse un solo tropiezo.
-Yo daría lo que fuera por poder comer algún trozo de carne asada-suspiré-Estoy harta de comer cosas medio crudas o desecadas.
-Se echan de menos las comidas en el Capitolio, ¿eh?-me rebatió él con una risita-Hay que admitir que algunos platos eran espectaculares, como esa sopa de pescado que nos sirvieron la noche en que llegamos al Centro de Entrenamiento.
-Yo me quedaría mejor con esos dulces de arándanos que nos daban en el desayuno-dije con cierto anhelo-Estaban calentitos cuando te los ponían en el plato, y al cortarlos con el tenedor, se les salía incluso el relleno, de todo lo que tenían.
Volvimos a sumirnos en un silencio roto solo por el sonido de nuestras pisadas, mientras nos internábamos en un estrecho paso formado por dos enormes montañas, que se alzaban a nuestros lados como amenazadoras moles de piedra. ¿Habría más después de salir de aquel desfiladero? Seguramente, seguro que al salir no había más que otras montañas, y luego otras, y otras, y otras…
-¡Chrysta, no me lo puedo creer! ¡Lo hemos conseguido, mira!
Jack, que había entrado en el desfiladero delante de mí, parecía haber llegado al otro lado, y sus gritos me hicieron sospechar de que tal vez las montañas habían quedado definitivamente atrás. Impulsada por esa idea, eché a correr, hasta salir a una especie de elevación, que dominaba el paisaje más bonito ante mis ojos, cansados ya de ver montañas. Era una especie de hondonada, dominada por un lago que brillaba ante los tímidos rayos del sol que asomaban entre las nubes, el cual estaba bordeado por un lado por las montañas que acabábamos de abandonar, y por el otro, por el bosque. Tal vez hubiera peces en aquel lago, tal vez no tuviéramos que internarnos entre los árboles, lo cual redondearía todo.
La superficie del lago no estaba helada, lo cual me hizo sospechar que los Vigilantes habían controlado de alguna manera aquel lugar para que el frío no formase capas de hielo.
-No sabes lo que agradezco ver algo de verde, en vez de ese eterno gris roca-musité.
Descendimos a buen paso hasta el lago, donde construimos con mecánica costumbre un nuevo ventisquero, para luego, cortar trozos de la corteza de los pinos que bordeaban la orilla, los cuales devoramos casi con desesperación, lo mismo que hicimos con la carne y la barrita que nos quedaba. Una vez que logramos llenar nuestros estómagos, me acerqué a las límpidas aguas, donde logré pescar un par de peces que nos comimos crudos, mientras en el estadio iba cayendo la tarde. No me podía creer que finalmente acabáramos saliendo de la trampa que habían supuesto las montañas, que hubiéramos llegado a un sitio tan apacible como era aquel lago, oculto entre las montañas y el bosque.
-¿Sabes una cosa, Chrysta?-me preguntó Jack, una vez que hubimos terminado de comer y hubiéramos lanzado los restos de los pescados al lago-Ha merecido la pena todo lo que hemos pasado, porque este sitio, a mi parecer, no tiene precio.
-No tengo nada que objetar-repuse, estirándome cómodamente sobre la nieve, dejando que mis doloridos pies tuvieran un merecido descanso. Mañana volveríamos a pescar, y comeríamos hasta reventar, recuperando así las fuerzas que habíamos perdido en estos días previos. Puede que incluso me atreviera a hacer una leve incursión en el bosque para buscar piñones y demás cosas comestibles que pudiéramos llevar, y luego, cuando ya estuviéramos más restablecidos, podríamos ir a buscar a los otros, volviendo así a los Juegos…
Sonreí levemente ante la idea de volver a la dinámica, puesto que esperaba que en esta ocasión podría matar a Sunset, cuando vi como una especie de nube oscura se iba acercando por el cielo hacia nosotros, haciendo un horrible sonido mientras avanzaba impasible por el firmamento. Sonaba parecido a… ¿graznidos?
-¡Mutos!-exclamé, cuando aquella masa chillona se acercó lo suficiente y pude ver los afilados picos que destacaban en los rostros de unos pájaros enormes. Los Vigilantes volvían a la carga.

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