jueves, 30 de agosto de 2012

CAPÍTULO 31


De nuevo nos quedamos en silencio, incluso después de que el sello volviera a aparecer y el rostro de Leaf desapareciera del cielo, mientras que la misma pregunta que nos hicimos cuando Daph apareció en el firmamento rondaba en mi mente. ¿Cómo había muerto ese niño? ¿Acaso su vida había terminado como la de Daph, o había sufrido cualquier otro tipo de muerte? Tal vez nosotros no hubiéramos sido los únicos en padecer un ataque durante la pasada jornada, y en su caso, en vez de salir herido, había acabado muerto.
Suspiré acomodándome mejor contra el tronco del árbol, cubriéndome lo mejor posible con la manta que Jack y yo compartíamos, la cual era nuestra única defensa contra el frío, pues nuestros abrigos ya apenas si protegían de esas temperaturas tan endemoniadamente gélidas. Había sido una suerte que hubiera tenido la manta y el saco de dormir en la mochila durante el ataque, o de lo contrario también se habrían echado a perder.
Desde mi posición, escruté nuestros alrededores, forzando mis ojos a ver en la oscuridad. Recordé las gafas que Jack había encontrado en mi mochila, esas que ayudaban a ver cuando apenas si había luz, por lo que las extraje del interior del bolsillo donde permanecían guardadas y me las puse. Todo se volvió nítido y claro ante mis ojos, y pude comprobar que la zona parecía seguir siendo un lugar tranquilo, despejado de tributos o de cualquier ser que nos considerase como un bocado tardío. Sin embargo, esa aparente calma no dejaba de convencerme, pues estábamos demasiado expuestos al pie de aquel árbol, como si fuéramos un paquete envuelto para regalo que Sunset o Wheel podrían encontrarse en algún momento. No iba a quedarme tranquila hasta que estuviéramos en un lugar más protegido, pues no olvidaba que Jack, seguramente, a la hora de vigilar, no podría cubrir toda la zona con un ojo menos.
Me giré hacia mi compañero, que parecía estar quedándose dormido, viendo como tenía cerrado el ojo que le quedaba a la vista y emitía unos leves ronquidos. Despertarle después de todo lo vivido me parecía una completa aberración, pues sabía que, seguramente, él querría descansar, recuperar las energías que el miedo y el dolor le habrían quitado casi con total seguridad. Pero claro, de hacer semejante cosa, me obligaba a mí misma a pasarme en pie casi toda la noche, y dudaba que pudiera resistir.
-Jack-le chisté-¡Eh, Jack!
El aludido se limitó a soltar un leve gemido ronco, y trató de buscar una postura más cómoda. Poniendo los ojos en blanco y sintiéndome un poco miserable por ser tan poco delicada en el hecho de despertar a un herido lisiado, le pellizqué con fuerza el brazo, haciendo que mi compañero se espabilara con un respingo, soltase una palabrota y me mirase con el sueño y la rabia a partes iguales en el rostro.
-¿Se puede saber qué mosca te ha picado?-preguntó con voz ligeramente pastosa-¿Has matado a alguien más?
-Te voy a matar a ti como no me hagas caso-respondí con frialdad, pues me ponía de mal humor cuando me encontraba cansada-Vamos, despierta, no es aconsejable que nos quedemos aquí.
-Está bien… solo cinco minutos más-suplicó, tratando de meter la cabeza debajo de la manta, como si fuera un niño pequeño que intentase convencer a su madre de que lo dejase dormir un poco más antes de ir al colegio. Claro que en ese caso, lo máximo que podía pasar era que llegases tarde a clase y el profesor te regañara; aquí, podías acabar muerto.
-Si tengo que llenarte los pantalones de nieve para que te despiertes, ten por seguro que lo haré-lo amenacé.
-Vale, vale-refunfuñó-Cielos, no hay quien te soporte a veces, de verdad.
Protestando para sí mismo, se incorporó mientras yo hacía lo propio, pensando en que podríamos hacer ahora que tan poco delicadamente había sacado a Jack de su merecido descanso. Había llegado a la conclusión de que no podíamos quedarnos allí, vale, pero no había pensado en que sitio era apropiado para pasar la noche, pues parecía que en aquel bosque no íbamos a encontrar ningún refugio, fuera del tipo que fuese.
-¿Qué vamos a hacer ahora?-inquirió Jack con cierta sorna-Ya que me has despertado, esperaba que al menos tuvieras algún plan que llevar a cabo urgentemente.
-No me busques las cosquillas-rebatí de modo automático-o te aseguro que te saco el otro ojo y ya andas a juego.
-No serías capaz-su voz no sonó ni un poco asustada, lo que me hizo suponer que mis habituales bravatas y amenazas de mutilación o incluso de muerte, no me iban a servir con él. En el fondo, hasta tenía razón, pues no sería capaz de hacerle algo tan vil a aquel chico al que tanto debía, incluso aunque me concentrase en el hecho de que, haciéndolo, podría acercarme aún más a la victoria-Bien, ¿qué tal si por una vez me escuchas y dejas de hacerte la inteligente?
Le obsequié con un gruñido exasperado, mientras que Jack doblaba la manta y me la colocaba sobre los hombros, sujeta por las correas de la mochila.
-¿Qué es lo que pretendes que hagamos, señor “Yo-soy-más-listo-que-nadie”?
-Trepar-contestó con calma, lo cual me dejó de una pieza. ¿Trepar? Allí solo había árboles, ¿acaso creía que iba a dejar que se encaramase a uno en el estado en que estaba? Por muy buen escalador que fuera, no creía que fuera capaz de subirse a un árbol en plena oscuridad y tuerto de un ojo.
-Ni de coña-repuse de modo automático-Te vas a romper la crisma, y si te mueres, ¿a quien voy a usar de escudo contra Sunset?
-Muy graciosa-me contestó con sarcasmo-Pero aún casi completamente ciego, sigo siendo mejor escalador que tú, de modo que deja de quejarte y empecemos a trepar de una maldita vez, que me apetece seguir durmiendo.
-Luego la insufrible soy yo-mascullé, mientras que veía como Jack colocaba con gesto experto las manos en los nudos del tronco contra el cual habíamos estado sentados, y comenzaba a trepar por él con una ligereza envidiable. Siempre había encontrado fascinante el modo en que Jack se encaramaba por los troncos, con tanta habilidad como una ardilla, llegando arriba en mucho menos tiempo que yo, como si tuviera alguna sustancia pegajosa en las manos que le ayudaba a encaramarse a los árboles.
Cuando me dispuse a seguirle, Jack ya había alcanzado las primeras ramas, y parecía estar comprobándolas. En silencio, apretando los dientes debido al dolor de mis heridas, comencé a trepar, sintiendo como mis piernas temblaban por culpa de la tensión producida por la molestia que las aquejaba. Mis manos se rasparon contra los nudos de la corteza, mientras que luchaba por izarme hacia las ramas, peleando contra el cansancio de toda la jornada. A pesar de mis esfuerzos, cuando estaba llegando a la rama deseada, Jack tuvo que cogerme por el abrigo y ayudarme a trepar los últimos centímetros, hasta que me encontré sentada a horcajadas sobre la misma.
-Eres una jodida ardilla-repuse algo molesta por su habilidad en estas lides-Cuando te pones a correr por los árboles, es imposible pillarte.
-Bueno, algún talento útil tenía que tener, ¿no?-Jack se encontraba enfrente mía, acomodado como quien no quiere la cosa sobre la rama-No solo luchar cuenta en este juego.
Asentí, algo molesta por tener que darle la razón. Mi desmesurado orgullo me hacía imposible darle otro mayor reconocimiento que no fuera ese, y estaba claro que Jack conocía ese detalle de mi personalidad, viendo como trataba de no parecer muy pagado de sí mismo.
-Bueno, ¿ahora me vas a dejar dormir?-inquirió, alzando una ceja-Te prometo despertarme a tiempo para dejarte descansar un par de horas-añadió con un gesto que, de tan serio, se señalaba como burla.
-Venga, duérmete y cállate de una vez-repuse, suspirando. Jack se deslizó con habilidad a mi lado, sacando la manta de las correas con las que la habíamos sujetado, nos cubrió a ambos con ella y se acurrucó contra mí, soltando de paso un bostezo de hipopótamo.
-Una pregunta, Chrysta-dijo con voz somnolienta-¿A cuantos has matado ya?
Lo miré, sorprendida, pues no comprendía a que venía esa pregunta. ¿Qué más le daba a cuanta gente hubiera matado a estas alturas? A fin de cuentas, que asesinara a alguien era lo más normal en los Juegos, no entendía por qué Jack tal vez se iba a empeñar en hacer un mundo de ello. Si él quería hacerse el noble, por mí adelante, pero que no me metiera a mí en ese berenjenal; mi táctica era totalmente incisiva, atacante; no me limitaba a quedarme sentada esperando a que los demás se mataran entre ellos para salir yo.
-¿Y tú?-rebatí de forma inconsciente.
-A nadie-musitó, y a los pocos segundos, volvía a roncar.
Contemplé su rostro con el ceño fruncido, mientras pensaba en lo que me había preguntado. ¿A cuantos tributos había matado en lo que llevábamos de Juegos? Había matado a tres durante el baño de sangre inicial, había asesinado a Engine, y también había terminado con la vida de Marphil, eso sin contar con los dos intentos de matar a Sunset y mi pelea con Sand. En total, cinco víctimas, al menos de momento. Tal vez el número creciera en los próximos días, teniendo en cuenta que aún quedaban dos contrincantes en pie; tres si contaba a Jack. ¿Tendría que enfrentarme a él cuando todo esto acabase? Tal vez, pues si Wheel y Sunset morían, Jack y yo nos convertiríamos automáticamente en finalistas, lo que nos obligaría a enzarzarnos en una lucha a muerte hasta que uno de los dos matase al otro. ¿Sería yo capaz de matar a Jack, llegado el momento? Tal vez sí, o tal vez no; aunque de hacerlo, duda que pudiera mirar a los Wood a la cara a mi regreso al Distrito 12.
Me quedé pensativa, rumiando esa idea en completo silencio, pensando en todo lo que había cambiado en el transcurso de los Juegos. Me estaba volviendo completamente salvaje, viendo como barajaba la opción de matar a mi mejor amigo para poder sobrevivir; dudaba que Jack tuviera semejantes pensamientos. Aunque, ¿y si al final él mismo me atacaba, impulsado por el instinto de supervivencia? Según se decía, las personas cambian en situaciones extremas, y no se me ocurría nada más extremo que este duro presente, que este inmenso campo de batalla donde nos obligaban a matarnos entre nosotros.
Suspiré para mis adentros, mientras me tapaba la cabeza con las manos. No era conveniente que me embarcase en semejantes dilemas, no al menos mientras aún hubiera la opción de que alguno de los dos muriera antes de que fuéramos finalistas. No olvidaba que Wheel y Sunset seguían en pie, y que tal vez uno de ellos nos atacase y se llevase por delante a uno de nosotros. Jamás lo admitiría en viva voz, pues iría en contra de mi faceta de chica dura mostrada a los patrocinadores, pero lo cierto es que estaba deseando que los Juegos tocasen a su término, cuanto antes mejor. Mientras permanecía en el Distrito, engañada por la publicidad de los mismos que hacía el Capitolio, me imaginé que mi paso por los Juegos sería emocionante, pero al mismo tiempo tan sencillo como un simple paseo por el bosque. Nunca me había parado a pensar en que tal vez sufriera hambre, frío, dolor, heridas; siempre me veía como una ganadora que salía completamente ilesa de la arena. Ahí había sido demasiado ingenua, si había de ser sincera, pues el año pasado la vencedora había sido sacada del estadio casi agonizante.
Pero, ahora se me planteaba otra pregunta: ¿qué sería de mi vida si ganaba los Juegos? Siempre, cuando hacía planes de futuro, soñaba con que los ganaba y así mi padre dejaba de trabajar en la mina y mi familia dejaría la pobreza de la Veta para trasladarse a la opulencia de la Aldea de los Vencedores, pero nada más. ¿A qué dedicaría mi tiempo cuando no tuviera que cazar ni entrenarme para los Juegos? Iba a tener demasiadas horas libres a mi disposición, demasiadas horas vacías que no iba a saber como llenarlas. Y luego, estaba otro detalle que había pasado por alto, si ganaba, tendría que volver año tras año al Capitolio, acompañando a los tributos de mi distrito, para ejercer el papel de mentora. Tal vez a Dust lo apartaran de aquel puesto si yo salía viva, puesto que ahora el Distrito 12 tendría a una verdadera ganadora. ¿Volvería Dust a su antiguo empleo, fuera cual fuese, o seguiría viniendo conmigo, para ayudarme en mis negociaciones? Ni idea.
Perdida en mis pensamientos, no había visto el avance de la luna en el firmamento. Debía de haber pasado casi toda la noche en vela, puesto que el satélite ya se estaba escondiendo y las estrellas se habían desvanecido. Seguramente estábamos en esas horas tan oscuras que hay entre el final de la noche y el amanecer, las horas en las que, según mi madre, aparecían los mayores fantasmas de cada uno, porque eran las más oscuras. De pequeña, movida por la curiosidad, siempre le decía que quería ver a esos fantasmas, comentario que la hacía reír. No sabía por qué motivo, imaginaba a esos seres que tanto asustaban a los demás críos como figuras trémulas de luz, que no venían con malas intenciones. Cuando crecí, comprendí que no se refería a esos seres neblinosos que salían en los libros de terror que teníamos en la biblioteca del colegio, sino a los temores que cada persona pudiera tener; desde ese momento, los fantasmas dejaron de parecerme “simpáticos” para parecerme desagradables.
Un murmullo a los pies del árbol, me hizo incorporarme de un brinco. ¿Acaso los Vigilantes volvían a mandarnos algo? Fuera lo que fuera, sin dudas sería un fantasma mucho peor que cualquier miedo que se me pasara por la cabeza, no olvidaba a los cuervos, y mucho menos a los esqueletos. Con cuidado, me deslicé hacia el borde de la rama, viendo gracias a las gafas como una figura humana caminaba con firmeza por el bosque, tratando de no hacer ruido sobre la nieve. A pesar de la oscuridad, aquellos cristales me permitieron ver que se trataba de Wheel. ¿Qué haría rondando por el bosque a tan altas horas de la madrugada? Ni idea, pero me alegraba de no haberme quedado a los pies del árbol, donde nos podría haber matado con absoluta tranquilidad.
-Jack-musité en el oído de mi compañero dormido, mientras que le tapaba la boca con una mano para que no chillase o hiciera algún ruido-Jack, Wheel ha venido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario