viernes, 31 de agosto de 2012

CAPÍTULO 32


El ojo de Jack se abrió con rapidez, y pude leer en él la alarma mezclada aún con los restos del sueño que pudiera haber estado teniendo. Cuando vi que no chillaría ni haría ningún ruido, le liberé la boca, mientras volvía a explorar el rastro de Brass. Se dirigía en dirección al lago; si me apresuraba, podría atraparlo antes de que llegase.
-Voy a ir a por él-susurré, acercándome al tronco y disponiéndome a bajar, pero Jack me cogió por la cola de caballo que aún recogía mi pelo.
-No pensarás que voy a dejar que vayas sola-musitó-¿Y si te mata?
-Antes le mataré yo a él-le aseguré con calma-Te recuerdo que tengo estas gafas que me permiten ver con claridad, mientras que Wheel va a ciegas. Ni se dará cuenta.
-No hagas ninguna estupidez, por favor-dijo de forma resignada, soltando mi pelo e incorporándose un poco-Recuerda que Sunset puede estar con él, y ya sabes que te tiene ganas.
-Oh, sí, se me había olvidado que quiere verme muerta-repuse con sarcasmo, mientras comenzaba a bajar a la mayor velocidad que me daban las piernas y las manos. Debería haber dormido algo durante la noche, pero con tantos pensamientos rondando por mi cabeza, me había sido imposible.
“Bueno”me dije a mí misma “Cuando Wheel haya muerto, me permitiré un descanso antes de ir a buscar a Sunset y terminar con esto de una vez por todas”.
Resbalé un par de veces en mi apresurado descenso, hasta que finalmente mis pies se posaron sobre la nieve del suelo, la cual estaba cubierta por las huellas que el tributo del 6 había ido dejando a su paso. ¿Es que era tan idiota como para dejar ese rastro, o lo estaba haciendo a propósito para conducirme a una trampa? No lo sabía, pero por si acaso, agudicé bien los oídos, mientras aferraba el arco y colocaba una flecha en la cuerda del mismo, lista para disparar.
El rastro de pisadas, como antes había comprobado, parecía seguir en dirección al lago. Tal vez, si llegara y viera los restos de los ventisqueros que habíamos dejado allí, se pensase que nos encontrábamos escondidos por la zona o similar. Bueno, al menos eso lo alejaría del árbol en el que Jack se había ocultado… ¡el árbol! ¿Cómo había podido ser tan estúpida de olvidarme hacerle una marca o algo por el estilo? Por la experiencia vivida con Silk en el bosque, sabía que perfectamente podría perderme al intentar encontrar el árbol sobre el que habíamos acampado, por lo que, presurosa, saqué un cuchillo y arranqué un largo trozo de la corteza del mismo.
Ahora que esperaba poder encontrar el escondrijo con más facilidad, me apresuré a seguir aquellos pasos, rogando por que Wheel no hubiera tomado un ritmo rápido de zancada, o que no estuviera acompañado por Sunset. Si se encontraba solo, lo cual parecía, tal vez pudiera acabar con él antes incluso de que saliera el sol. Lo cierto es que me convenía que siguiéramos estando a oscuras, pues podía camuflarme entre las sombras de tal modo que Wheel no me viera, mientras que él, se ocultara donde se ocultase, sería visible a mis ojos. ¡Aquellas gafas, sin dudas, no tenían precio!
Cuidadosamente, me deslicé por el bosque, tratando de pisar solo en las huellas que el tributo del 6 había ido dejando en su camino. De ese modo, si Sunset pasaba por allí, no vería dos pares de huellas, sino uno solo; a no ser que se parase a observarlas con minuciosidad, en cuyo caso seguramente distinguiría mis pisadas sobre las de Wheel, pues mis pies eran un poco más pequeños que los suyos.
A pesar de ir a buen paso, el chico me llevaba bastante ventaja, de modo que vi como los árboles se iban separando poco a poco unos de otros antes de que hubiera visto de nuevo la silueta del tributo, señal de que estábamos llegando al límite del bosque. ¿Acaso Wheel habría llegado ya al lago? Si no se alejaba mucho del linde, podría atravesarlo con una flecha antes de que incluso notase mi presencia, lo cual era, de hecho, el plan que había trazado en el árbol.
Unos cuantos pasos más adelante, los árboles se dispersaron, y las altas siluetas de las montañas se alzaron ante mis ojos, mientras que a sus pies, el lago brillaba levemente, como si tuviera una especie de resplandor interno, aunque tal vez fuera producto de las gafas.
¿Y Wheel, donde estaba? Me oculté de forma instintiva detrás del tronco de un pino que había a mi izquierda, mientras que trataba de localizar al tributo en aquel lugar. ¿Y si no estaba? De no aparecer, tal vez sería mejor que volviera a internarme en el bosque, pues podría tratarse de una trampa, lo cual no me haría ninguna gracia. Podía luchar contra Wheel y Sunset, cierto, pero tal vez esperaban a caer sobre mí cuando estuviera despistada, y en ese caso, poco podría hacer yo para defenderme.
Examiné con minuciosidad el terreno, y finalmente, localicé al chico, observando con atención los muros que habíamos alzado. Eran un indicador que habíamos pasado por la zona, estaba claro, pero no señalaban hacia donde habíamos marchado. Tal vez pensase que habíamos tratado de probar suerte en las montañas, en vez de habernos internado en el bosque.
Estaba claro, si quería matar a Wheel, tendría que ser ahora, antes de que, tal vez, Sunset hiciera acto de presencia. Sin embargo, desde mi posición, me era imposible dispararle, pues me encontraba demasiado a su derecha como para confiar en que el tiro fuera limpio, y dependía del factor sorpresa para poder acabar con él. Tendría que arriesgarme y salir a terreno abierto, con la mayor rapidez posible.
Cerré los ojos una fracción de segundo, forzándome a tranquilizarme, obligando a mis dedos a dejar de temblar. Apreté los dientes con determinación, para luego, aferrando el arco con fuerza, echar a correr lo más sigilosamente que podía en dirección a Wheel, mientras alzaba el arco, apuntando con la mayor precisión posible contra su figura. No parecía haberse percatado de mi presencia, pues seguía examinando la zona, ajeno a que en esos momentos yo corría hacia él, dispuesta a disparar la flecha que le borraría de estos Juegos y del mundo para siempre.
Tomé aire, cuando vi como se erguía, seguramente cansado de estudiar aquel refugio que habíamos abandonado, justo en el momento en el que yo soltaba la cuerda del arco y la flecha salía disparada en su dirección. Wheel, como si presintiera algo, giró la cabeza en mi dirección, un segundo antes de que la flecha se le clavara en el cuello. Casi maquinalmente, volví a recargar el arco, y disparé una nueva flecha, esta vez contra su pecho, mientras seguía dispuesta a disparar todas las flechas que me quedaban si el cañonazo no sonaba. Pero no fue necesario, pues mientras tomaba la tercera a ser lanzada, Wheel cayó de bruces contra la nieve, mientras un cañonazo rompía el silencio de la noche.
“Ya he matado a seis” me dije, mientras corría en dirección al cadáver, dispuesta a recuperar mis flechas “He matado a seis, y ahora ya solo quedamos tres”. Tres tributos, a eso se reducía ya la competición, y dos de ellos éramos del 12. ¿Quién iba a decirles a los habitantes del Capitolio cuando llegamos a la ciudad, que el distrito más pobre de Panem iba a llegar tan lejos en los Juegos de este año? Si Sunset caía, el Distrito 12 tendría asegurado un ganador.
Sunset. Desde que los demás profesionales habían muerto, siempre me temí que el juego fuera a reducirse a nosotras dos, y ahora esos temores se confirmaban. Ambas teníamos razones para odiarnos, y estaba claro que, en cuanto viera la proyección nocturna de la próxima noche, vendría a buscarnos como un perro de presa, deseando hundir su cuchillo en mi cuerpo. Bueno, pues si quería buscarnos, que nos buscase, pues ya no tenía por qué tenerle miedo. Ella ahora se encontraba sola, sin aliados, mientras que a mí me quedaba Jack. No me hacía gracia la idea de que Sunset muriera y nos dejara a Jack y a mí para luchar a muerte, pero prefería morir a sabiendas que en casa tendrían comida gracias a la victoria de Jack, que no tener la seguridad sobre la victoria de estos Juegos.
No había acabado de sacar la segunda flecha del cuerpo de Wheel, cuando apareció el aerodeslizador para llevarse el cadáver. Pronto, muy pronto, yo estaría dentro de uno de esos aparatos, puede que muerta, o puede que viva, siendo sacada de la arena como vencedora. Pero para eso aun quedaba un último paso, y había que darlo cuanto antes. Volvería al bosque a buscar a Jack, y luego esperaríamos a que Sunset apareciera. Y luego… bueno, luego, que ganase el mejor.
Observé como el cuerpo del tributo era izado de la nieve, y luego introducido en las entrañas del aerodeslizador. Había sido muy estúpido por su parte ir haciendo semejante ruido por el bosque, y ahora, estaba muerto por semejante estupidez. Me sorprendí a mi misma alegrándome tanto por tal hecho, regodeándome en aquel fallecimiento; no iba a negar que me complacía sentir la victoria al alcance de mi mano, pero no esperaba esa horrible satisfacción por aquel asesinato. ¿Me estaba volviendo loca, acaso? Tal vez, pues dudaba que la Chrysta que soñaba con ir a los Juegos disfrutara de un modo tan macabro. No olvidaba que yo podría haber sido Wheel.
“No te quejes”me dijo una voz en mi cabeza “Él eligió el camino hacia la muerte, pero tú has escogido el que te lleva a la victoria.”

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