lunes, 20 de agosto de 2012

CAPÍTULO 24


Repasé con la vista a los integrantes de esa otra alianza, analizándolos casi, haciendo una nota mental de todos y cada uno de ellos. Wheel, el malogrado chico del 6, cuya pierna había sufrido los hachazos de Silk, cojeaba en el último lugar, con una especie de venda muy sucia sobre la zona herida de su extremidad. No muy lejos de él se encontraba Jack, sucio, desaliñado, pero vivo después de todo. A su izquierda, se encontraba el niño de doce años del Distrito 7, seguramente el susodicho “Leaf” por el que habían preguntado cuando Silk y yo les atacamos. Y Sunset… Sunset estaba algo más lívida, y su gesto parecía cansado, pero su rostro era una cruel máscara cuando vio como la apuntaba con el arco y soltaba la flecha para que volase en su dirección.
Se dio cuenta un poco tarde como para evitar que el proyectil se le hundiera en el brazo derecho, haciéndola soltar un grito, sorprendida. Tal vez había sido una soberana estupidez por mi parte el haber iniciado aquella pelea, pero sabía que, de esperarme un poco, Sunset acabaría viniendo a por mí, y no pensaba darle ventaja alguna. Cuanto antes la acribillase a flechazos o a cuchillazos, mejor.
La exclamación de dolor de la tributo del 11 hizo que mi alianza se tensase, preparada para la batalla. Daph sacó unas cuantas dagas, Silk ya sostenía sus inseparables hachas, Marphil aferraba su lanza con determinación y Brass blandía su espada con cierto aire amenazante. Ver a aquellos chicos sosteniendo esas armas con tanta entereza me resultaba tranquilizadora, y esperaba que para la otra alianza, fuera justo lo contrario. Estaban en clara desventaja, aunque tal vez lograran cobrarse la vida de uno de nosotros antes de que los demás los masacraran.
Con un gesto de puro desprecio, Sunset se arrancó la flecha del brazo, lanzándola lejos de sí con rabia, para luego mirarnos uno a uno, hasta detener sus oscuros ojos en mí. Como gesto de desdén, la observé como si no fuera más que una simple mosca que se hubiera dedicado a molestarme, mientras que colocaba una nueva flecha en el arco y me preparaba para disparar. A pesar de que ya había lanzando contra ella, nadie osaba moverse, como si nos hubieran petrificado en el momento en que nos dimos cuenta de que la otra alianza se encontraba en la misma zona.
-¡Tú!-Wheel, cojeando, avanzó hasta Sunset, mientras le lanzaba a Silk una mirada envenenada-¿Cómo es que sigues viva, rata asquerosa? ¡Pienso mandarte a lo más profundo del infierno por haber matado a mi compañera!
-Creo recordar que no fui yo quien la mató-trinó Silk, casi riéndose, pero de un modo duro, casi calculado-Aunque sí que la dejé sin una mano menos… fue ridículo el gritito que soltó cuando vio como la mano se le separaba del cuerpo, ¿no crees? Un espectáculo verdaderamente penoso.
-¡Eh, Sunset!-grité con cierta guasa, animada por la osadía de mi aliada-¿Cómo es que aún sigues viva? ¡Te hacía más idiota de lo esperado como para sobrevivir aquí un par de días!
Decir aquellas palabras me sentaba bien, por llamarlo de algún modo. Llevaba muchos días sin interpretar el papel que me auto-asigné cuando aterricé en el Capitolio, prácticamente había dejado de ser la engreída y borde profesional del 12 para transformarme en una chica un tanto cobarde que se asusta de un simple bosque. Vale, aquel sitio me seguiría dando miedo, pero no lo iba a demostrar, no a partir de este preciso momento, en el que sentía como la adrenalina corría de nuevo por mi cuerpo, pero ahora no por miedo, sino por expectación. Las veces anteriores en las que había tenido que enzarzarme en una pelea, yo siempre había estado defendiéndome, nunca atacando. Ya iba siendo hora de que fuera yo la que atacase, la que tomase la iniciativa y se dedicara a quitarse enemigos de encima como quien se quita simples trozos de hielo. Recordaba las palabras que Daph me dijo cuando murió Sand: Brass, y los demás aliados, me habían defendido por ser mejor luchadora que el tributo del 4. Bien, hora de demostrar lo buena que seguía siendo.
-Al menos se nota que tengo cerebro para la supervivencia-me espetó la chica, con un gesto desdeñoso-¡Tiene más mérito sobrevivir sin apenas nada que seguir en pie con todos los suministros a mano! Aunque claro, no se puede esperar más de alguien que tiene carbón en lugar de cerebro.
-¿Quieres que te haga lo mismo que a tu compañera?-Silk tomaba nuevamente parte en aquel intercambio de palabras, haciendo que el rostro de Wheel se viera contorsionado por una mueca de rabia.
-¡Hoy vas a arder en el infierno!-le bramó, y aún cojeando, se lanzó contra ella. Y ese fue el detonante, pues al mismo tiempo que Wheel echaba a correr, yo solté la flecha que volvía a tener preparada contra Sunset, al mismo tiempo que esta comenzaba a corretear, mientras rebuscaba algo en su chaqueta. Silk, con una sonora carcajada, alzó el hacha mientras corría contra Wheel, más que dispuesta a terminar lo que hacía cosa de una semana no había llegado a su término. Marphil, Brass y Daph salieron corriendo en distintas direcciones, mientras que Jack, cuchillo en mano, colocaba a Leaf tras su espalda.
¡Crac, crac! Una serie de chasquidos rompieron el aire, pero todos los ignoramos, mientras que nos comenzábamos a atacar entre nosotros. Antes de centrarme en Sunset, pude ver como Silk, con pasos muy ligeros, corría trazando un círculo alrededor de Wheel mientras lanzaba un hacha contra este.
-¡Vamos, Sunset!-le grité a la chica, sacando un cuchillo del interior de mi abrigo y sosteniéndolo de forma un tanto juguetona en mi mano derecha-¡Ven a jugar conmigo, si es que tienes lo que hay que tener!
No sabía como iba a atacarme cuando la que andaba mejor armada era yo, pero vi como alzaba su cuchillo de monte y corría en mi dirección, lanzando el arma contra mí. En cualquier caso, su cuchillo poco podía hacer contra mis flechas o mis propios cuchillos, más mortíferos que los que ellos poseían, pero siempre podía lanzar de forma acertada y dejarme en el sitio. Por eso comencé a correr hacia un lado cuando vi como el arma surcaba el aire, y lo escuché caer, con un ruido sordo, a unos pasos de mí. Ahora ella andaba desarmada, mientras que yo contaba con doce excelentes cuchillos y quince flechas en mi carcaj.
-¿No quieres jugar?-repuse con un falso tono de pena, para luego explotar en una carcajada y lanzar el cuchillo contra la chica, el cual rebotó en su frente, aunque no sin dejar una fea herida justo sobre el nacimiento de su nariz. Alguien, no sabía quien, gritaba algo, y pude distinguir con claridad el nítido sonido del metal chocando contra el metal; además de aquellos crujidos que no cesaban. Al parecer, las alianzas no estaban atacando al unísono, sino que nos habíamos enzarzados en peleas individuales. Bueno, no tenía importancia ahora que me encontraba frente a frente con una Sunset desarmada y herida, para más inri. De esta noche no pasaba, estaba segura, e iba a disfrutar mucho viéndola en el cielo, reflejada en la proyección de los muertos, sabiendo que yo la habría matado…
-Claro que quiero jugar-la ronca voz de Sunset sonó con claridad, mientras ella se tapaba la herida de la cabeza con una mano, como tratando de contener la sangre-¡Jugar a destriparte, sucia minera!
Odiaba a Sunset con toda mi alma, pero algo había que decir en su favor, y era que tenía arrojo. De haber estado yo en su lugar, desarmada y con una verdadera depredadora frente a mí, más que dispuesta a dispararme a muerte, habría salido corriendo con la esperanza de dejarla atrás y poder conseguir un arma o similar, para luego tratar de tenderle una emboscada. Pero la chica del 11, aún con las manos desnudas, corrió hacia mi, pescando del suelo el cuchillo que le había lanzado y alzándolo en mi dirección. Sin habérmelo planteado le había proporcionado un arma, aunque tampoco tenía que preocuparme por mucho, pues ¿qué iba a hacerme un cuchillo que no pudiera yo hacerle con los once que me quedaban, más mis flechas? Atenta, por si lo lanzaba contra mí, para en ese caso tratar de esquivarlo, volví a tomar una flecha del carcaj, justo para, dos segundos después, ver como la chica saltaba con agilidad y caía sobre mí como una fiera, clavando el cuchillo donde segundos antes había estado mi cabeza.
Morder, arañar, patear, todo era válido en los Juegos del Hambre, y ambas usamos hasta los dientes para tratar de reducir a la otra. El cuchillo de Sunset encontró asilo en mi brazo izquierdo, mientras que yo logré ensartar la flecha que sostenía en una de mis manos en la zona derecha de su abdomen, sacándola de la herida y volviéndola a clavar una y otra vez, gozando como una verdadera sádica de sus gritos de dolor.
-¡Chilla, perra!-me encontré gritando a mí misma, para luego, dejar de clavar aquella flecha. En la vorágine de nuestra pelea, había logrado ponerme sobre ella, inmovilizándola contra el suelo. Ya estaba todo listo, el final de aquella maldita se acercaba por segundos. Coloqué una mano en su cuello, apretando sin muchos miramientos, mientras que la forzaba a soltar el cuchillo, el cual recuperé casi con alivio, antes de alzar los ojos un momento, para evaluar la situación: Leaf, el niño del 7, estaba siendo hostigado por Daph, que le lanzaba cuchillada tras cuchillada con una de sus dagas. Al parecer el mocoso había conseguido una de las hachas de Silk, vete tú a saber como, y la manejaba con soltura para alejar a la profesional. Jack, por su parte, se las estaba viendo y deseando para esquivar a Brass; mi compañero de distrito sangraba abundantemente por una herida que tenía en la mejilla izquierda, cuyo tajo casi le llegaba hasta la oreja. Por otro lado, Silk y Marphil habían conseguido reducir a Wheel, que en esos momentos estaba tumbado en el suelo, sangrando por múltiples heridas, mientras que la profesional del 1 lo miraba con algo que parecía satisfacción.
La chica se reía, mientras que parecía decidir donde le iba a dar el golpe final al tributo del 6. Eso me hizo recordar que tenía mi propia enemiga que liquidar, la cual estaba retorciéndose todo lo posible debajo de mí, con la esperanza de poder liberarse de mi agarre, aunque sin conseguirlo. Gritaba algo, pero todos tenían sus propios problemas como para prestarle atención.
Cogí un cuchillo y lo alcé, dispuesta a ensartarle la garganta con él, cuando un crujido más fuerte que los previos resonó por toda la zona. Alcé la vista justo a tiempo para ver como el suelo se quebraba bajo los pies de Silk y la chica se caía al agua que había bajo la capa de este, soltando un grito sorprendido y aterrado.

3 comentarios:

  1. Dios *-----------------* ¡Estoy enamorada de tu historia! Pobre Silk, no me esperaba que la pasase eso D: ¡Y espero que Chrysta mate a la capulla de Sunset!

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    1. A mí también me dio pena escribir eso sobre Silk, pero es parte del atractivo de una historia el dar giros inesperados. Seguro que nadie se esperaba que fuera a caerse, debido a que era una de los personajes principales... y ahí es donde entra mi capacidad retorcida para torturar a mis personajes XD

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    2. Jajajaja :) No yo no me los esperaba ñ.ñ

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