sábado, 1 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 33


Cuando todo volvió al silencio habitual, supuse que sería el momento adecuado para volver al árbol donde había dejado a Jack, descansar un poco y luego intentar atraer a Sunset de algún modo. Después de guardar las flechas recuperadas en el carcaj, coloqué nuevamente una de ellas en el arco, para luego disponerme a regresar sobre mis pasos. Había cumplido la promesa que le hice a Jack de acabar con Wheel sin hacer nada estúpido, me moría de ganas de decirle que estábamos muy cerca de casa, al menos uno de los dos. Seguro que nunca sospechó, cuando fue elegido como tributo, que iba a durar tanto en los Juegos.
¿Estarían en pie los ciudadanos del Capitolio, viendo en directo como ahora solo quedábamos tres tributos en pie, o lo verían cuando llegase la mañana? No lo sabía, pero no tenía dudas de que, de haber alguien despierto, estaría pegado a la pantalla del televisor, seguramente deseando ver como seguían los acontecimientos. Tal vez los Juegos ya estaban llegando a su término, tal vez en un día o dos saldría del estadio, de un modo o de otro.
Comenzaba a internarme entre los árboles, cuando escuché un leve sonido de pisadas que se acercaban en mi dirección. Automáticamente, me lancé contra un tronco, usándolo de parapeto, mientras forzaba los ojos para ver por donde podía venir la fuente de aquel ruido. ¿Y si Sunset rondaba por la zona y al escuchar el cañonazo había decidido venir a husmear? De ser así, podría ensartarla con alguna flecha antes de que le diera tiempo a decir una mísera palabra.
Tensa nuevamente, me preparé para disparar, esperando a que la figura hiciera su aparición. Oía como se acercaba, un simple flechazo lanzado ahora podría terminar con ella, pero quería ver su cara de dolor, quería que supiera que yo la había matado, que había terminado con ella de una vez, acabando lo que empecé en el hielo.
-Vamos, Sunset-mascullé entre dientes-Te estoy esperando.
La figura, finalmente, entró en mi campo de visión, pero no era la chica del 11, era demasiado alta como para ser ella. Era una figura que solo podía ser…
-¡Jack!-exclamé exasperada, dejando mi escondite y lanzándome contra él. Este pareció sorprendido de verme, pero luego me echó los brazos al cuello, apretándome contra sí mismo con fuerza-¡Jack, que me ahogas!-protesté.
-Escuché el cañonazo-me dijo sin soltarme, mientras yo pataleaba, intentando que me liberara-y me temí que Wheel o Sunset te hubieran matado…
-Wheel está muerto-respondí con voz nasal, pues me estaba quedando sin aire-Solo quedamos nosotros y Sunset. Ya falta menos para que todo esto termine.
Me soltó, con una expresión extraña en el rostro. Parecía contento y asustado a partes iguales, pero parecía poco dispuesto a demostrar esto último, viendo como luchaba por mantener las facciones plácidas.
-Pronto saldremos de aquí-concluyó.
Asentí levemente, intentando tragarme la sensación de malestar que sentía en mi interior ante la idea de que posiblemente tuviera que matarle si quería abandonar viva la arena. Traté de enviar esa idea a un rincón de mi mente, ya la abordaría si el momento llegaba; ahora lo principal era terminar con Sunset.
-Mañana, a más tardar-musité. Tal vez mañana alguno de los dos, sino ambos, estaría muerto.

Decidimos que era una tontería volver a refugiarnos en el bosque, ahora que nuestra rival solo era una, de modo que regresamos al lago, donde reconstruimos el ventisquero que habíamos alzado, al abrigo del cual Jack me permitió echarme a dormir, asegurándome que él vigilaría y me despertaría si Sunset hacía acto de presencia. Me dormí aferrada al arco, dispuesta a despertarme disparando flechas si era preciso, pero cuando abrí los ojos, ya con el sol alto sobre nuestras cabezas, constaté que la chica no había hecho acto de presencia en toda la noche y en lo que llevábamos de mañana.
-Creo que deberíamos hacer algo para atraerla-dije pensativa-Algún fuego o así… lástima que no tengamos con que encenderlo-gemí.
Acabábamos de comernos unos cuantos peces crudos que había pescado nuevamente en el lago, y ahora terminábamos de limpiar los desperdicios. En toda la jornada, no habíamos tenido ni una sola señal de la cercanía de Sunset.
-Si tenemos-respondió Jack con cierta sorna-Tenemos madera a malsavas; ¿qué más podemos pedir?
-¿Y con qué la vas a encender?-repuse de malas maneras-¿Milagrosamente, quizás? ¿O es que ahora eres capaz de hacer aparecer llamas de la nada?
-Mira y aprende-me respondió.
Tomó uno de mis cuchillos y se acercó a los árboles más cercanos, de los cuales arrancó las ramas más bajas. No eligió los pinos, sino unos extraños árboles que no había visto antes, cuyas ramas comenzaban a crecer a baja altura. Cortó varias de ellas, y luego, bajo mi atenta mirada, formó una especie de pila con los troncos, sobre la cual puso uno de gran tamaño, al cual no tardó en hacerle un corte con el cuchillo, como hacían los tallistas del Distrito cuando iban a hacer alguna figura de madera. No sabía a qué se debía ese extraño corte, pero todo comenzó a tener sentido cuando tomó un fino palito que había recogido y lo comenzó a frotar en la hendidura. Estuvo frotando un tiempo, hasta que comenzó a salir humo, momento en el cual comenzó a soplar con cuidado, como si temiera espantar aquellos retazos de humo con aquel gesto. Controlé un gritito cuando vi como después de algunos soplidos más, unas tímidas llamitas se elevaban de aquel tronco y se iban extendiendo por los demás que formaban la pira.
-Me lo enseñaron en el Centro de Entrenamiento-dijo con orgullo.
-Sin dudas, aprendiste bien-corroboré a regañadientes-Ahora lo que tenemos que hacer es que produzca una buena cantidad de humo.
-No creo que sea necesario-respondió el aludido-Conozco bien a Sunset, y seguro que tiene que estar buscando cualquier indicio que señale la posición de los que quedamos en pie. El poco humo que conseguimos con esta hoguera será suficiente.
-Espero que así sea-señalé, mientras me estiraba un poco. Se estaba bien en aquel sitio, y ahora con el fuego podríamos cocinar los pescados que capturásemos, y calentarnos las manos… tal vez pudiéramos incluso descansar algo antes de que Sunset llegase.
Un extraño zumbido, de buenas a primeras, cortó el aire, y noté como algo se clavaba en mi espalda, haciéndome soltar un grito tanto de sorpresa como de dolor, que atrajo la atención de Jack. Con una rapidez maquinal, me llevé la mano a la zona que me molestaba, y pude rozar con mis dedos la empuñadura de un cuchillo.
-¡Está aquí!-bramé, tratando de sacar el arma de mi espalda. El mero hecho de mover los músculos de la misma para tratar de alcanzar el mango, enviaba punzadas de dolor a todo mi cuerpo. Conseguí agarrar la empuñadura y tirar de ella, sintiendo como la hoja del arma se deslizaba centímetro a centímetro fuera de mi piel, mientras que Sunset entraba en el claro, sucia, escuálida, con los ojos abiertos con una mirada rabiosa mientras alzaba un nuevo cuchillo.
Desesperada, traté de  arrancar el que me había lanzado de un tirón, sintiendo la zona herida cálida gracias a la sangre que manaba de ella, pero el arma estaba fuertemente insertada en mi anatomía, y me era complicado extraerla. Me resigné a dejarlo clavado, mientras buscaba en el interior de mi destrozado abrigo algún cuchillo que pudiera lanzarle, que pudiera acabar con su maldita vida de una vez, cuando vi como el arma que ella sostenía volaba nuevamente en mi dirección… y el mundo se torcía repentinamente, mientras caía al suelo, impulsada por Jack, que se abalanzó sobre mi cuerpo, usándose a sí mismo como escudo y recibiendo aquel cuchillo destinado a mí en el centro de su pecho.

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